BREVES APUNTES SOBRE CONTEXTO Y COYUNTURA (1ª PARTE)

1.-INTRODUCCION
En Euskal Herria como en otras Formaciones Económico Sociales del capitalismo central, la clase trabajadora y los sectores populares, se encuentran sometidos a una fuerte ofensiva por parte del capital. La crisis económica del 2008, contextualiza la dinámica política en Euskal Herria, explicitando el carácter central, determinante y principal de la contradicción capital-trabajo.
El ciclo económico expansivo al que asistimos en Hegoalde en la década previa al 2008, generó las condiciones políticas, ideológicas y sociales, para que el modelo de acumulación capitalista, alcanzara un alto grado de legitimación entre amplias capas del Pueblo Trabajador Vasco. El reducido nivel de desempleo, la capacidad por parte del movimiento obrero de negociar al alza los salarios, el acceso a formas de consumismo, subvencionado por crédito producto de un exceso de liquidez en la esfera financiera, generaron una progresiva tendencia a la cooptación política e ideológica. La aristocracia asalariada, se expandió por efecto del acceso a rentas procedentes de la burbuja financiera y la pequeña burguesía, con su tradicional sobredimensionamiento político en Euskal Herria sur y en el movimiento abertzale, abandonaron las posiciones radicales izquierdistas, y comenzaron a delizarse hacia posiciones culturalistas, esencialistas y nacionalistas.
La ideología neoliberal, ganó presencia como evidencia cotidiana del capitalismo triunfante, generándose entre amplias capas del Pueblo Trabajador Vasco, un desclasamiento político e ideológico. En definitiva, una relación falseada con sus condiciones reales de existencia. El producto del ciclo expansivo, lógicamente, no era equitativo y las rentas del capital, seguían ganando peso frente a las rentas del trabajo. La explotación seguía en el núcleo del sistema y la producción de plusvalía, su fundamento. La depauperización relativa de la clase trabajadora, era un hecho, pero la lucha de clases, se atenuó, se difuminó bajo la apariencia de que los antagonismos entre trabajo y capital, podían ser conciliados y regulados, poniendo en el horizonte modelos socialdemócratas de la Europa septentrional, como modelos a seguir para Euskal Herria…
En el caso del espacio sociopolítico de la Izquierda Abertzale en particular, el doble polo ideológico-político constituido por el binomio “independencia-socialismo”, definitivamente terminó derivando hacia el predominio del independentismo como sujeto ideológico central. El socialismo, como elemento estratégico de la Izquierda Abertzale, fue diluyéndose, primero hacia la mera fraseología, como forma retórica de un futuro demasiado lejano como para considerarlo relevante en un contexto en el que el retroceso de la lucha de clases era una “evidencia” ideológicamente construida por el propio neoliberalismo.
El independentismo abertzale, se convertía en el sujeto ideológico y político que, durante un tiempo, seguía dando forma a un movimiento de resistencia, a un movimiento de liberación nacional, en el que, aún en retroceso, sectores socialistas, comunistas e incluso libertarios, encontraban espacio propio. Aún sin componentes socialistas explícitos, constituía una estrategia popular, antisistema y contra-hegemónica, resultando inasumible por la oligarquía dominante, en un marco de lucha armada revolucionaria y de represión indiscriminada por parte de los estados.
En una lucha entre tendencias, los sectores pequeñoburgueses y de la aristocracia obrera, más ligados a planteamientos reformistas y a un abertzalismo culturalista, interclasista y negador de la lucha de clases, fueron ganando posiciones. El contexto económico, político e ideológico existente entre finales de los años 90 y el inicio del nuevo siglo, generó condiciones para dicho predominio. El capitalismo no se cuestionaba, la lucha de clases no era relevante para un proyecto en el que la independencia como, tenía características cada vez más formalistas, más nacionalistas, con una praxis radical cada vez más unidimensionalmente determinada por la negación de Euskal Herria como nación por parte de los estados, con unos aparatos represivos, cada vez más eficientes.
2.- DE ZUTIK EUSKAL HERRIA A AMAIUR
La existencia de lucha armada, desde hacía ya demasiado tiempo, generaba más contradicciones en el seno del campo popular que en el de la clase dominante y los estados. Por otra parte la represión, centrada en una campaña de ilegalizaciones contra organizaciones políticas y del movimiento popular, alejó de las instituciones a la Izquierda Abertzale, con la doctrina jurídica del “todo es ETA”. Los aparatos represivos e ideológicos de los estados desarrollaron una estrategia para tender un cerco político, ideológico e incluso social en torno al espacio de la Izquierda Abertzale, reducido cada vez más a espacio de resistencia, y cada vez con menos capacidad de poder generar una alternativa de ruptura democrática para Euskal Herria.
El documento ZUTIK EUSKAL HERRIA, debatido en el año 2009 y publicitado en 2010, constituyó un análisis sobre el agotamiento de un ciclo de confrontación política e ideológica. De otra parte, se plantea la necesidad de una reorientación estratégica y una transformación de la Izquierda Abertzale, en aquel momento, sometida a condiciones de ilegalización y clandestinidad. La base de la nueva estrategia, pasaba por la articulación de un bloque de izquierdas y abertzale, en el que el independentismo y un programa nacional-democrático, adquirían una centralidad absoluta. El escenario de lucha armada, debía ser definitivamente superado, sustituido por formas colectivas, populares de confrontación con los estados, “plenamente democráticas” y afrontar un proceso de superación del conflicto, si bien definido en términos unívocamente nacionales.
La nueva estrategia requería de manera imperativa, la necesidad de que en las instituciones de Hegoalde, el abertzalismo de izquierdas volviera a estar presente, como un bloque en el que junto a la base socio-electoral tradicional de la izquierda abertzale ilegalizada, pudieran confluir otros sectores abertzales progresistas y soberanistas. Para ello era una cuestión imprescindible, el cese de la actividad armada de ETA, lo que ocurriría en primer término, el 5 de septiembre del 2010, con un cese definitivo de “acciones ofensivas”, y posteriormente, en enero de 2011, con un alto el fuego “permanente, general y verificable”. Cobraba forma un supuesto proceso de paz, en el que se implicaron importantes “especialistas” internacionales en conflictos, con el claro intento de poner en la agenda de la comunidad internacional el contencioso vasco, e implicar a la misma en su resolución.
La gestación de bloque soberanista de izquierdas, se concreta cuando independientes de izquierdas y abertzales, forman junto a Eusko Alkartasuna y Alternativa, la candidatura electoral BILDU. La presencia de BILDU en las elecciones de mayo de 2011, fue negada en primera instancia por el Tribunal Supremo. Posteriormente, tendría que ser el Constitucional el que, a última hora, y bajo una enorme presión popular y democrática, permitiera que, tras largos años de ausencia en las instituciones, una fuerza abertzale y progresista retornara, además con fuerza, hablándose en aquel momento, del “efecto BILDU”, por lo que en términos de movilización, recuperación de la ilusión y expectativas. La represión del Estado español, había generado el efecto contrario al previsto.
Un análisis más profundo de aquella coyuntura electoral, nos permiten realizar algunas reflexiones relevantes.
1ºEn primer lugar, y a pesar del alto grado de movilización, el hecho es que los resultados electorales de BILDU, reproducen de manera muy aproximada, los resultados electorales que, por separado, obtuvieron en 1999 la candidatura de la Izquierda Abertzale EUSKAL HERRITARROK y EUSKO ALKARTASUNA. Ya en ese momento y a pesar de muestras de un triunfalismo justificado, por la obtención de unos resultados que convertían a BILDU, en la fuerza política con más alcaldías y como la primera fuerza en Gipuzkoa, muchos análisis certificaban que los resultados se aproximaban a lo que podríamos denominar el “límite estructural socio-electoral”. Dicho de otro modo, BILDU había aglutinado, desde su condición de coalición de soberanistas-abertzales-progresistas-de izquierdas, a la práctica totalidad de la base electoral prevista, una base electoral de entorno a un 24-25%. Sólo ARALAR, por aquel entonces, aún en solitario y con una escasa fuerza, faltaba por sumar a dicho bloque.
2ºPor otra parte, la izquierda abertzale, a pesar de los acuerdos y planes estratégicos, carecía de organización legalizada, integrándose en BILDU como independientes. El “ciclo de ilegalizaciones”, por más que insistiera el GARA y ciertos personajes con escasa memoria, no había sido superado. Batasuna, PCTV, ANV, Gestoras… seguían ilegalizados, la represión continuaba.
3ºLa presencia institucional, es decir, el “continente”, dominó frente al “contenido”, es decir, definir para qué se aspiraba a estar en unas instituciones del “Estado opresor”, con qué objetivos y, sobretodo, que implicaría el tener que gestionar instituciones burguesas, en un contexto de crisis del modelo.
El 11 de septiembre de 2011, la organización ETA declararía un “cese definitivo de su actividad armada”, y reclamaba un diálogo necesario para abordar las consecuencias del conflicto.
Este hecho, posibilita que en las elecciones al Parlamento español, Aralar se integre junto con BILDU, en la candidatura Amaiur, cuyos resultados confirman que el bloque soberanista y de izquierdas, se mueve en torno a sus propios límites históricos.
3.-UN ALTO EN EL CAMINO: BREVE RECAPITULACION
Consideramos de especial relevancia que incluso AMAIUR, resultado de la suma de BILDU y la organización ARALAR, no rompiera el límite electoral del espacio soberanista de izquierdas. En un contexto de una ofensiva por parte del bloque en el poder, recortando derechos sociales y laborales, desmantelando el ya precario Estado de bienestar, con crecientes niveles de desempleo y depauperización de la clase trabajadora y de los sectores populares, el bloque que pasaría a denominarse EH BILDU, no aumenta -ni parecía aspirar a ello- su espacio sociológico tradicional, mostrando de nuevo la incapacidad por parte de los sectores abertzales, de ir más allá de una base electoral del 22-23%.
Los sectores culturalistas, hostiles a cualquier planteamiento socialista, ajenos a cualquier análisis de clase, tratan de vincular la situación de crisis y de recortes sociales, a la situación de opresión nacional a una España “que nos hunde”. Indudablemente, no se aspiraba a que ARALAR o EUSKO ALKARTASUNA, se convirtieran en organizaciones anticapitalistas, pero si podría haberse esperado de una Izquierda Abertzale, aún en condiciones de ilegalidad. El problema fue la transformación en las correlaciones de fuerzas internas, y el predominio de una línea pequeñoburguesa, con intereses y planteamientos análogos a los de ARALAR y EA.
La presencia en EH BILDU, de sectores abiertamente socialdemócratas, progresistas, demócrata-liberales… ofrecía una transversalidad culturalista y nacionalista. Sin una organización propia por parte de la Izquierda Abertzale en el seno de EH BILDU, los sectores más izquierdistas, socialistas, comunistas, libertarios…estaban sometidos de facto a dicha línea política, a la lealtad al supuesto “proceso de paz” unilateral y a seguir acumulando fuerzas…
Sin duda alguna, entre la dirigencia y la burocracia de EH BILDU, se percibe el problema de superar el límite electoral en realidad autoimpuesto. Las elecciones al Parlamento Vasco del 2012, se afrontan haciendo una abstracción de la situación del Pueblo Trabajador Vasco y la agresión capitalista de la que es objeto. El eje de confrontación “izquierda-derecha” se atenúa, y se afrontan las elecciones, promoviendo una confrontación “soberanismo-españolismo”, con el objetivo claro de interpelar a la base electoral del PNV y de este modo, presionar al propio PNV, para que definitivamente afrontara posiciones más abiertamente soberanistas.
Claro está, para conseguir movimientos en el PNV, era necesario no asustar a sus patrocinadores capitalistas, ni a su base electoral conservadora. Las apuestas son elevadas, la hipótesis de los dirigentes de EH BILDU, es que el éxito en una estrategia electoral moderada, socialdemócrata, “democrática”, puede significar sumar votos del electorado del PNV y llegar a conseguir la mayoría en el Parlamento vascongado. En una plácida campaña electoral, ajena por completo a los dramas de miseria y de explotación de la clase trabajadora, pues todo se subordina al soberanismo y al derecho de autodeterminación. La condición fundamental era seguir preservando el potencial electoral de la izquierda abertzale tradicional apelando a la disciplina y a la lealtad emocional y, de otra parte, abrirse al despolitizado y folclórico votante conservador del PNV, con el objetivo de traspasar la frontera electoral establecida por BILDU en el 2011.
El resultado fue decepcionante, a pesar de los 21 diputados y del aparente triunfalismo de la dirigencia de EH BILDU. El PNV obtendría 27 escaños, y a pesar de la caída del PSE y del PP, no fue tan importante como se esperaba. El desarrollo de la campaña electoral en el eje “soberanismo-españolismo”, en lugar del eje “izquierda-derecha”, significó que la crisis y las condiciones del Pueblo Trabajador Vasco como objeto de recortes de derechos sociales y laborales y de una creciente depauperización, asumieron una presencia secundaria. El PSE-PP, fue interpelado más como “españolista” y negador del derecho de autodeterminación, que como culpable de la burbuja financiera, de los recortes, de la reforma laboral… y el PNV, como opción moderada entre el independentismo “radical” y el españolismo desaforado, se benefició electoralmente, sin ser culpabilizado tampoco por su responsabilidad en la crisis y sus consecuencias.
La gestión en la Diputación de Gipuzkoa, también pasó factura y los resultados de EH BILDU en dicho Herrialde, no fueron los esperados, confirmándose una significativa reducción del apoyo electoral. La obsesión por parte de EH BILDU, de contabilizarse junto al PNV como mayoría “abertzale” tras las elecciones, resultaba confusa para los sectores populares con mayor conciencia de clase, en tanto que el PNV era el apéndice en Euskal Herria de la ofensiva del capital, de la explotación, y cómplice de la negación de la autodeterminación del Pueblo Trabajador Vasco.
Asistimos, por tanto, a un final del año 2012, en el que EH BILDU, está presente en todo el entramado institucional. Gestionando instituciones burguesas sustanciales como la Diputación de Gipuzkoa, importantes ayuntamientos, con resultados contradictorios, que valoraremos en otra sección.

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