ATRUENE LA RAZÓN EN MARCHA…-“EL PORQUERO DE AGAMENON”, MILITANTE DE HERRI GORRI

Quiero suponer que el presente encabezamiento suscitará en no pocos y pocas una cierta sonrisa benevolente, tributaria de la simpatía hacia quienes a estas alturas de la vida continúan soñando con el socialismo, con el comunismo, con ese ideal de justicia, de solidaridad, de libertad inserto en el ADN del ser humano como ser social, que es lo que le separa cualitativamente de otras especies evolucionadas y altamente especializadas. Sonrisa benevolente porque consideran que las viejas banderas, certidumbres e ilusiones en la consecución de un mundo mejor han sido, cuando menos, atemperadas por la realidad objetiva, por la terca insistencia de “la vida” en apartarnos de “utopías irrealizables”.
Empiezan a ser reiterativos los posicionamientos políticos que expresan la desconfianza en la clase obrera, en las clases trabajadoras, sobre su capacidad para encabezar, dirigir, ser los protagonistas indiscutibles de la transformación (revolución) política y social, objetivamente tan necesaria y acuciante.
“Aplicando la dialéctica” de una forma (en mi opinión) tan metafísica ven la realidad como una foto fija, no como una película, aunque sus fotogramas pasen lentos. Partiendo de esa impresión, han llegado al convencimiento de que hay que dejar a aquellos partidos políticos, de carácter prágmatico, movimientos, o nuevos-viejos inventos sociopolíticos, que se encarguen en mejorar las cosas en el terreno de lo “posible”. Las elecciones dentro del sistema “realmente existente “se constituyen en el terreno preferente para disputarse la delegación del adelgazado objetivo histórico de la clase obrera.
Algun@s, con una sinceridad digna de elogio, reconocen que con tal actitud colocan a las clases trabajadoras al servicio, a las órdenes, de distintas fracciones (según los casos) de la burguesía, pero añaden enseguida que “es lo que hay”. Que hay que esperar.
Otr@s, siquiera están en condiciones de poder llegar a reflexionar en que las clases sociales, la lucha de clases, tengan algo que ver. Engolfad@s en la abstracción de la sociedad como un todo único inventan estructuras sociales arbitrarias, en sustitución de la división de clases que (como se han complejizado) no resultan adecuadas. La “casta”, “las clases medias “, “los de abajo”, “los patriotas”, (abertzales), “los ciudadanos”, son algunas de las expresiones que se enseñorean en el lenguaje socio político.
Todo ello no es ni más ni menos que una demostración de cómo la lucha de clases se manifiesta una y otra vez en los escenarios más dispares. Eso sí, independientemente de la consciencia o no con que se utilicen tales conceptos, todos objetivamente, esconden un propósito, evitar que la clase obrera, la conciencia organizada de la clase obrera tome la dirección del proceso político en aras a la transformación radical de la sociedad en todas sus vertientes
En nuestro país, Euskalherria, se viene repitiendo por activa, por pasiva, de manera sutil o prepotente, desde hace unos 30 ó 35 años el argumento de que no es el momento de trabajar por la creación y desarrollo de un partido de la clase obrera vasca. Algunos declaran que tal partido ya existe, argumentan sobre la antigüedad de las siglas y su pasado ejemplar ( sin examinar su presente desastroso, su renuncia a las señas de identidad para las que nacieron, el abandono de sus objetivos, sus formas organizativas; su razón de ser en definitiva). Otros consideran suficientemente probado que son los herederos naturales y reconocibles del referente histórico del que parten. En cualquier caso, al menos reconocen el papel histórico de la clase obrera, se manifiestan solidarios de todos los intentos llevados a cabo o en curso para acabar con el sistema capitalista y desarrollar sociedades en proceso de revolución hacia el comunismo.
Para otros, por el contrario, tal partido no sería necesario puesto que las organizaciones interclasistas, los movimientos populares, el espontaneismo, asumirían la representación y la resistencia frente a la opresión nacional, de género, cultural (en sus sentido más amplio) obviando o postergando el carácter anticapitalista. A pesar de sus esfuerzos y sus luchas admirables y heroicas a pie de calle, terminan siendo al final subsumidos, cooptados en el propio sistema –capitalista- origen y responsable de todas las manifestaciones de opresión.
Ya va siendo hora de abandonar:
-El temor a calificativos como españolistas, o su equivalente de nacionalistas vascos, vanguardistas, dogmáticos, y demás retahíla. En definitiva, todo lo que suponga negar la ineludible tarea de empezar a tejer los hilos de la configuración del partido de la clase obrera vasca, de la actual, de la que tiene o no “conciencia nacional”, de la que en ausencia de una conciencia de clase, es reformista, nacionalista, españolista. De la clase obrera real, esa que suscita en algunos una desconfianza, cuando no un desprecio “aristocrático”.
-El espíritu de secta, de despreciar las opiniones que no concuerdan con las nuestras, aunque solo lo sean en aspectos teóricos muy alejados de la realidad de la que partimos. De hablar de continuo sobre la necesidad del Partido y poner pegas constantemente a la unidad práctica, incluso en todo aquello en lo que estamos de acuerdo.
-Interpretaciones librescas de la realidad que nos rodea o en la que estamos inmersos, de hacer entrar con calzador la realidad en nuestros “análisis”, previos a una práctica política contrastada.
-Concepciones del marxismo, el leninismo y todas las aportaciones teóricas del movimiento comunista y de otros movimientos revolucionarios como un catecismo intangible.
-Un sentido conspirativo de la política revolucionaria. La verdad siempre es revolucionaria, pero no en un sentido meramente propagandístico, sino ético y político. En consecuencia, es fundamental abandonar prácticas como la mentira, la maledicencia o la calumnia como armas políticas contra nuestros adversarios e incluso, a veces, contra nuestros propios camaradas o compañer@s.
Tal y como en nuestro documento de organización manifiesta:
“El partido no se improvisa- no se autoproclama como vanguardia. Se va construyendo en la medida que colabora en la creación de tejido social organizado- participando en las luchas parciales- aprendiendo en ellas y estableciendo lazos firmes de colaboración con otras sensibilidades producto de experiencias políticas diferentes. Ello no quiere decir que haya que esperar a que el movimiento en su conjunto alcance un alto grado de desarrollo y que espontáneamente se coloque en condiciones de elaborar y desarrollar una estrategia revolucionaria de toma del poder. La Historia nos ha enseñado que tal cosa no ocurre. Los colectivos comunistas e incluso las individualidades- deben tender al reagrupamiento- no de manera artificial mediante la simple suma de siglas- sino mediante la colaboración y la unidad en la acción- que tiende también a unificar la definición de un programa político.
Estos colectivos – no teniendo aún la entidad ni cuantitativa ni cualitativa como para definirse como EL PARTIDO deben no obstante –de manera flexible-irse configurando en lo organizativo como si lo fueran.
La forma de trabajar y militar revolucionaria exige talante constructivo y mano abierta entre todas las mujeres y hombres que aspiran a una Euskal herría socialista, libre de toda opresióni y antipatriarcal.El talante revolucionario requiere humildad realista y el destierro del enfrentamiento cainita con nuestros camaradas y los de otras organizaciones con quienes tenemos que construir alternativa.”
La necesidad de comenzar el trabajo, en las actuales circunstancias, de iniciar un proceso de unificación comunista en el plano teórico, programático y organizativo es algo que llama a la puerta sin posibilidad de negarla, posponerla o integrarla en otros proyectos, legítimos y complementarios, pero cualitativamente distintos.
SI, YA ES LA HORA.

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