ELEMENTOS ECONOMICOS- JON IBAIA-MILITANTE DE HERRI GORRI (1ªparte)

0.-INTRODUCCION
No somos intelectuales, somos autodidactas que tratan de dar explicaciones desde la teoría marxista-leninista a fenómenos que vivimos como clase obrera y miembros del Pueblo Trabajador Vasco. Este escrito, tiene la vocación de recibir aportaciones, críticas constructivas, en tanto que partimos de la base de que los comunistas, debemos crear una alternativa económica que será colectiva, más allá de las diferentes siglas.
Una de las críticas más recurrentes a los comunistas, es que no tenemos una alternativa. Craso error, la tenemos, por lo menos la infraestructura de dicha alternativa. Pero es muy difícil en la presente coyuntura, competir con las diferentes ofertas reformistas y oportunistas, que ofrecen soluciones “factibles”. Frente a la opción reformista que presenta al Pueblo Trabajador Vasco, limosnas bajo la forma de RGI, o trabajos de 3 euros la hora como alternativa al desempleo y la exclusión social, los comunistas podremos parecer utópicos pero jamás traidores a la clase a la que servimos. Es difícil contraponer un proyecto socialista para Euskal Herria, frente a la alianza de la pequeña burguesía y sectores de la aristocracia obrera, que ha aprendido a gestionar el nacionalismo como factor interclasista y liquidador de la lucha de clases, en nombre de un “abertzalismo” que sirve a los intereses de ciertas fracciones del capital hoy sometidas a procesos de concentración y centralización de capitales y que tratan de fundirse con el “pueblo”, para usarlos como escudo frente a sus intereses de clase particulares.
Los comunistas de Euskal Herria, no debemos desviarnos ni un milímetro de nuestro objetivo. Pero debemos comenzar a construir un programa mínimo, una táctica dentro de la estrategia general hacia el socialismo, en la fase actual. Los reformismos abertzales y estatalistas caerán, y será cuando los comunistas debamos estar a la altura de las circunstancias, frente a la contraofensiva que el capital acometerá bajo la forma del fascismo.
1.-ELEMENTOS GENERALES
En Euskal Herria sur (Hegoalde) hemos alcanzado a lo largo del pasado año 2014, lo que se percibe como final de una fase de reestructuración capitalista. Tanto la CAV como Navarra, muestran a través de los indicadores económicos, una estabilización macroeconómica, producto de la aplicación de un programa de ajuste neoliberal que ha generado un marco para reiniciar una fase de crecimiento.
Esta estabilización del marco de valorización, ha sido posibilitado, por la consecución de dos objetivos estructurales:
-El primero de ellos, desvalorizando la fuerza de trabajo, para lo que ha sido fundamental, la existencia de un elevado desempleo, que ha propiciado una tendencia a un aumento de la explotación, incrementándose la producción relativa y/o absoluta de plusvalor, al existir sobreoferta de fuerza de trabajo no empleada.
La desvalorización de la fuerza de trabajo, también ha consistido en reducir el valor de la reproducción del mismo, por la vía de reducir necesidades y normas de consumo que en la fase pre-crisis habían llegado a ser considerados básicos y fundamentales. Por otra parte, la reducción del valor de la reproducción de la fuerza de trabajo, también ha sido posibilitada, por el acceso a bienes de consumo abaratados, procedentes de marcos de explotación laboral más intensivos (dumping social) y una tendencia observada a la reducción de precios, por efecto de la propia caída de la demanda.
-El segundo de ellos, ha sido el generado en el ámbito del capital, donde la crisis ha generado un proceso de destrucción de tejido empresarial, esencialmente de pequeña y mediana dimensión, posibilitando que, en un contexto de crisis, caída de demanda y estancamiento de la misma (contexto de sobreproducción), las fracciones dominantes del capital, hayan podido resistir los efectos de la crisis, mediante procesos de concentración y centralización de capitales.
Observamos también una agudización en la tendencia a la jerarquización de las tasas de ganancia, en la que las fracciones dominantes del capital, han impuesto a los sectores pequeños y medianos, un reajuste de sus tasas de ganancia a la baja, presionando a la baja los precios de producción y de comercialización de estos sectores, como forma de compensar y sostener -e incluso aumentar- las tasas de ganancia de las fracciones dominantes de la clase capitalista.
Las pequeñas y medianas empresas, sin cauces de financiación y con mercados de escaso dinamismo, han sufrido los efectos de la crisis de manera intensa, sobreviviendo únicamente mediante un aumento de la explotación, del alargamiento de las jornadas laborales, reducciones salariales de los empleados, en unos sectores en los que la presencia sindical es débil o inexistente. La reducción de las tasas de ganancia en la pequeña y mediana empresa, ha sido muy variable y heterogéneo, pero la tendencia general ha sido la de ajustarse a la situación recesiva, recuperando competitividad esencialmente por la vía de reducciones salariales relativas y/o absolutas, y empeoramiento generalizado de las condiciones laborales.
El desempleo, oscilando dependiendo de los indicadores manejados entre el 12% y el 15%, cumple en este contexto, una función esencial en la recuperación económica a la que asistimos, así como las nuevas formas de sub-empleo -que prácticamente constituyen desempleo encubierto- con situaciones materiales de explotación sólo soportables, ante el riesgo del empobrecimiento absoluto y la exclusión social. Dentro de este desempleo, adquiere singular importancia para las fracciones dominantes del capital, el de jóvenes desempleados. Con un alto nivel formativo y con capacidad de integrarse en los sectores de actividad de alta y media-alta intensidad tecnológica, la tendencia a la baja del valor de su fuerza de trabajo posibilitará que dichos sectores, puedan competir en los ámbitos de capitalismo central, en condiciones favorables.
2.-DEPAUPERIZACION RELATIVA Y ABSOLUTA
El desempleo, el subempleo e incluso un empleo que no garantiza la reproducción de la fuerza de trabajo, algo que se evidencia con los estudios en los que se apunta a un creciente número de asalariados que “no llegan a fin de mes”, es la premisa de un modelo de acumulación de nuevo tipo. Un modelo en el que la exteriorización económica, como estrategia de las fracciones dominantes del capital y su culto a la internacionalización, requieren un sector exportador de sectores de alta y media-alta intensidad tecnológica, adquieran competitividad por la vía del ajuste de los salarios, directos e indirectos y se transformen en sectores tractores del conjunto de la economía, al justificar sus altas tasas de ganancia, nuevas inversiones.
La depauperización relativa y absoluta de amplios sectores del Pueblo Trabajador Vasco, si bien resta dinamismo a la demanda interna, es el precio a pagar por la competitividad externa, requisito fundamental del nuevo modelo. Por otra parte, este escaso dinamismo de la demanda de bienes salariales, ha sido compensada por el desarrollo de grandes cadenas distribuidoras, con capacidad de comercialización a precios sin posibilidad de competencia interna y con salarios por debajo del valor de reproducción de la fuerza de trabajo.
De otra parte no podemos tampoco desdeñar el efecto que la pobreza y la amenaza de la misma, produce en el seno del Pueblo Trabajador Vasco, al no poseer organizaciones de clase que defiendan sus intereses. El capital y sus apéndices políticos, gestionan y trafican con la desesperación de los sectores del PTV más vulnerables, buscando la legitimación pasiva de su gestión opresiva y explotadora, mediante presupuestos “en gasto social”, en RGI y vías parecidas, desactivando de base cualquier movimiento que, en lugar de ayudas sociales, busque empleo digno, vivienda y otros elementos que constituyen la base de un mínimo bienestar social y hasta hace pocos años, una de los pilares del sistema de legitimidad del capitalismo, a través del denominado Estado de Bienestar .
La pobreza, de un 25% en Hegoalde, va a coexistir incluso con una reactivación económica, pues es el efecto necesario para que el capitalismo, pueda garantizar que un porcentaje significativo de los asalariados, pueda seguir ejerciendo de consumidores. La pobreza será gestionada, controlada y encauzada dentro del sistema, mediante un sistema de ayudas sociales, incluso a costa de un porcentaje de los beneficios del capital, a modo de un “impuesto especial por paz social”. De otra parte, el capital reconstruirá nuevas legitimidades políticas e ideológicas, con determinadas fracciones del Pueblo Trabajador Vasco, a cambio de preservar los “privilegios” de un salario obtenido en condiciones de explotación no opresivas.
Sabemos que las demandas y aspiraciones legítimas del Pueblo Trabajador Vasco nunca podrán alcanzarse dentro de los márgenes impuestos por el capitalismo. Sin embargo, los comunistas organizados debemos orientar al Pueblo Trabajador Vasco a la comprensión de este hecho y para ello es indispensable que lo acompañe en la lucha por alcanzarlas, partiendo siempre de la idea de que cada lucha implica avanzar en la siguiente, acumulando fuerzas y poder, para luchas cada vez de carácter más decisivo, organizando, fogueando a las masas y a sus dirigentes en la lucha y en lo que éstas posibilitan, contribuyendo al eslabonamiento de las luchas, a su ampliación y a su interrelación.
Los comunistas apoyarán siempre cualquier conquista del Pueblo Trabajador Vasco, que sea arrebatada a las clases dominantes, pero lo que debe diferenciarnos, es que las múltiples luchas sociales y sectoriales, sólo tienen para nosotros un sentido y una dirección, que es transformarlas en una lucha cualitativamente distinta que conduce al socialismo. El Pueblo Trabajador Vasco debe tomar conciencia de que el oportunismo y el reformismo, re-conducen a la opresión del capital, pues el capitalismo no puede adquirir otro rostro que no sea el de la brutalidad y la criminalidad.
3.-SOBRE CONCENTRACION Y CENTRALIZACION DE CAPITAL
Los procesos de concentración y centralización de capital, han desencadenado contradicciones en el ámbito del capital, entre diferentes fracciones, de una parte y entre el pequeño y mediano tejido empresarial, directamente amenazado por las grandes corporaciones.
En Hegoalde estamos acostumbrados a discursos surgidos desde el progresismo y de la “izquierda”, en los que se ensalza al pequeño y mediano empresariado, cercano, creador de empleo y de riqueza, frente a los grandes capitales, “apátridas” y opresores. Curiosamente, esta progresía, no analiza que en esta fase post-crisis, la supervivencia de este pequeño y mediano tejido empresarial, ha sido posible precisamente, por agudizar las condiciones de explotación relativa y absoluta de la fuerza de trabajo. De hecho, el ámbito de la pequeña empresa, se caracteriza por la escasa implantación sindical y la explotación se ha desarrollado con mayor impunidad si cabe.
Se han llegado a defender desde sindicatos y organizaciones de “izquierda”, a esta pequeña y mediana empresa, reclamando que se resuelvan sus problemas de financiación, durante esta fase recesiva, e incluso realizando peticiones de ayudas y exenciones fiscales, para el sostenimiento de su actividad.
Y no, no estamos realizando valoraciones éticas o morales de las prácticas de este pequeño y mediano empresariado, cuya supervivencia responde a procesos estructurales, en los que desde la lógica del sistema, no tienen más opciones que las que las reformas laborales les ofrecen. Paradógicamente, se llegan a situaciones en las que es, precisamente en las grandes empresas, donde gracias a la existencia de potentes comités de empresa, siguen preservándose ciertos derechos laborales y salariales que no se cumplen en pequeñas empresas, donde la opción entre el cierre patronal, el concurso de acreedores o trabajar sin cobrar horas extras, o con sueldos –como es el caso de la construcción en Bizkaia- de 3 euros la hora.
Por mucho que algunos se empeñen, estos sectores ni han sido, ni son, ni serán, Pueblo Trabajador Vasco, porque es en sus empresas donde el capital ha llevado sus trincheras de combate contra el trabajo.
Empresas tan señaladas por la progresía, como el Grupo Mondragón, son la expresión más acabada de en lo que puede desembocar una aristocracia obrera dispuesta a coexistir como “cooperativistas”, con compañeros y compañeras trabajando en condiciones precarias y de explotación intensiva. Incluso el Pueblo Trabajador Vasco, como contribuyentes fiscales, debemos sostener a estos emprendedores, apelando a una extraña solidaridad inexistente en épocas de bonanza.
(CONTINUARÁ)

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