DEL FORDISMO HACIA EL POST-INDUSTRIALISMO TOYOTISTA. RECONSTRUYENDO EL MODELO DE EXPLOTACION DEL CAPITAL (2ª PARTE)-Jon Ibaia-militante de Herri Gorri

8horas

3.- COOPERATIVISMO TOYOTISTA, PLUSVALIA RELATIVA Y “NUEVA IZQUIERDA”

Pero fue en el ámbito del cooperativismo vascongado, donde el toyotismo alcanzó un grado de desarrollo más acabado. Tras un discurso de horizontalidad organizativa, de “democracia”, creatividad, innovación e implicación de los trabajadores, este cooperativismo fue un verdadero caballo de Troya del reformismo pequeñoburgués ante el Pueblo Trabajador Vasco, escondiendo tras fraseología autogestionaria y emprendedorista, nuevas formas de explotación y sumisión laboral. Esta reorganización técnica del trabajo, aportó al reformismo pequeñoburgués nacionalista, una nueva forma de encarar la “humanización del capitalismo” con una filosofía de empresa “marca Euskadi”, ideal para realizar interclasismo y praxis antiobrera. Con ello, consolidaron una división entre una élite de trabajadores, técnicos y cuadros sometidos a la sumisión de su productividad constante como imperativo, a cambio de salarios, reparticiones de beneficios y condiciones laborales superiores a la media y categorías inferiores de trabajadores subempleados, flexibles, sometidos a condiciones de explotación más tradicionales. Pero cuidado, no caigamos en la trampa del capital. No olvidemos que tanto unos como otros, son explotados y miembros del Pueblo Trabajador Vasco.

La pequeña y mediana burguesía, encuentra en voceros como Koldo Aratxaga, la justificación de un modelo de explotación, en la que la producción de plusvalor relativo, permite un mayor reparto de migajas a ciertos sectores asalariados, a quienes venden reformismo nacionalista con el que construir un bloque electoral, en el que la posibilidad de una Euskal Herria independiente o dependiente respecto a los Estados español y francés, resulta irrelevante si se mantiene en el marco de la Unión Europea y el euro.

La fragmentación de la clase trabajadora, el proceso de sustitución de tecnologías de producción y de nuevas formas de organizar la explotación, no pueden hacer que nos olvidemos de un hecho fundamental. De lo que seguimos hablando es de capitalismo, de vigencia de la ley del valor-trabajo, de explotación y de producción de plusvalor, relativo y absoluto.
Desde ciertos ámbitos de la izquierda, e incluso de autodenominados “marxistas”, se olvidan de este hecho, nos hablan de transformaciones en la clase obrera que ya no nos permiten definirla en los mismos parámetros que hace veinte o treinta años. Nos remiten a la reducción del peso de la clase obrera industrial y de los sectores manufactureros como la evidencia de estas transformaciones y de la “terciarización” de la economía como argumento que, de manera definitiva, debiera llevarnos a los comunistas a una reconsideración de un supuesto dogmatismo teórico.

Por otro lado, refuerzan su posición con otra “evidencia”, la de la transformación de importantes sectores del Pueblo Trabajador Vasco en “clase media”, como una categoría mediante la cual se culpabiliza a amplias capas de asalariados, por “no tener conciencia de clase”, ser unos desclasados y apelan a una triste espera, en la que según se vayan deteriorando sus posibilidades de consumo y de emulación de formas de vida pequeñoburguesas, quizás desarrollen cierta conciencia de clase…
Dichos análisis, de un economicismo determinista casi absoluto, no entran en el análisis de por qué los sectores subempleados del PTV, no desarrollan conciencia de clase bajo estas premisas.

Lo preocupante de estas posiciones, de estos análisis defectuosos, es la consecuencia que derivan de los mismos, bajo la forma de oportunismo y el reformismo. Si el Pueblo Trabajador Vasco, debido a la “alienación” existente, no responde a las expectativas revolucionarias; si no toma conciencia de clase, incluso en una situación social tan dramática, si se ha transformado en clase media que no lucha contra el capital, ya que se ha acomodado y se ha transformado, la consecuencia lógica es la renuncia expresa a la transformación socialista. ¿Organización comunista? ¿Para qué, si el Pueblo Trabajador Vasco no tiene conciencia de clase y está alienado?.
Es entonces cuando esta izquierda, tiene que recurrir a Gramsci o, mejor dicho, a una versión de Gramsci indolora para el capital, perfectamente asumible por el progresismo pequeñoburgués y que ampara una praxis ajena a la lucha de clases y a la lucha por el socialismo. Un Gramsci, en el que lógicamente, le es amputada su condición marxista-leninista, su concepto de “hegemonía” se convierte en interclasismo y su conceptualización de “bloque histórico” como base de la dictadura del proletariado, se transforma en bloque histórico nacionalista, al llevar a la contradicción nacional entre Euskal Herria y los estados, el fundamento de una praxis política e ideológica.

4.-ALIENACION, ESTRUCTURAS DE DOMINACION Y LA NECESIDAD DEL REFERENTE COMUNISTA.

No todo es alienación. El recurso a la alienación para explicar todo, su utilización casi a modo de comodín, resulta ya un tanto cansino, sobretodo cuando se recurre a la misma, para evitar hablar de explotación y de estructuras objetivas de dominación y de opresión que operan más allá de la conciencia de clase o ausencia de la misma. La fragmentación de los procesos de producción mediante cadenas de subcontrataciones y la individualización del trabajador, presionado incluso por sus propios compañeros, la presión a la baja de los salarios y condiciones laborales, ante el riesgo del despido fulminante o la no renovación de los contratos… constituyen un marco de opresión y dominación, en el que hasta un trabajador con conciencia de clase, es subsumido por la necesidad de un salario, pues la ruptura de los mínimos mecanismos de solidaridad de clase, ha llevado a una individualización de los sujetos frente al capital. Los centros de trabajo articulan desde el núcleo mismo de las relaciones de producción, una imposibilidad objetiva de confrontación de clase, sólo superada desde el voluntarismo y no como estrategia de carácter político.
De hecho, los fracasos de las últimas huelgas generales en Euskal Herria, la escasa participación en piquetes, movilizaciones y/o ausencias en los puestos de trabajo, son más producto de las nuevas condiciones de explotación, opresión y dominación y la crisis del movimiento sindical clásico, que de una supuesta “alienación”. Trabajadores subempleados, con contratos temporales, con salarios por debajo del valor de su fuerza de trabajo, ¿pueden ser llamados esquiroles, cuando al día siguiente de la huelga todo seguirá igual, salvo la nómina a la que se le descontará el día no trabajado? ¿no son en realidad más esquiroles las dirigencias sindicales incapaces de desarrollar una nueva estrategia de confrontación?
El sindicalismo está en crisis, eso es indudable. De una parte, UGT y CCOO, verdaderos apéndices de las patronales y colaboradores necesarios en la venta y gestión de la garantía, de la clase obrera a la jungla de la que estamos hablando. Incluso los sindicatos que mantienen cierto ánimo de confrontación en Euskal Herria, sólo son capaces de ganar posiciones de fuerza en la administración, ámbito en el que aún es posible desarrollar una actividad sindical “tradicional”. Pero no entraremos a analizar la crisis del sindicalismo, sólo quedémonos en la profundidad de los mecanismos de dominación del capital y la imperativa necesidad de reconstruir una unidad del Pueblo Trabajador Vasco, como condición fundamental de cualquier transformación de esta lógica brutal de dominación.

Paradógicamente, quizás hoy sea más necesaria que nunca, la necesidad de un referente comunista. Un referente que confiera unidad estratégica al conjunto del Pueblo Trabajador Vasco, combatiendo la estructura de segmentación y atomización promovida a instancias del capital. Un referente comunista que, desde una teoría de vanguardia, plantee una línea política e ideológica en el frente político, en el movimiento obrero y el movimiento popular, para crear una masa crítica necesaria y suficiente para que asuma forma de alternativa y de ruptura.
No se puede desarrollar una praxis comunista, esperando que mediante el voluntarismo o de un “ver la luz del marxismo-leninismo”, las masas adquieran conciencia de clase. Las denominadas “clases medias”, entendiendo por tales, aquellas fracciones del Pueblo Trabajador Vasco integradas en los procesos de explotación capitalista -insistimos en no olvidar este detalle- en condiciones laborales, salariales y sociales superiores a la media, que les posibilitan reproducir formas de consumo y de vida sostenedoras del sistema, adquieren en Euskal Herria una importancia singular a la hora de desarrollar un programa de transición socialista. Sin duda alguna, dentro de estas fracciones, existen elementos perniciosos, verdaderos lacayos y latigueros del capital. Sin ir más lejos, ciertas dirigencias sindicales corruptas y mercenarias del capital, que consolidan el modelo de dominación y opresión. Pero también tenemos sectores “medios”, cuyas condiciones laborales y salariales, están ligadas al desempeño de trabajo asalariado de características altamente cualificadas y con una formación y experiencia muy valiosas. Estos sectores del Pueblo Trabajador Vasco, aportan al proceso revolucionario socialista, precisamente la posibilidad de la gestión popular de los sectores productivos de alta intensidad tecnológica, de una dirección de la planificación económica y, en definitiva, consolidar la propia transición económica.
En un régimen de transición socialista, en el que opere la ley del valor y el trabajo siga siendo asalariado, existirán regulaciones para establecer escalas salariales en función de la complejidad, cualificación y coste de la formación de la fuerza de trabajo, como por otra parte es lógico. De cada uno según su capacidad, a cada cual según su trabajo.
Si en el programa mínimo de los comunistas, no se buscan vías de integración de estos sectores, seguirán respondiendo ante el reformismo y las fuerzas políticas del sistema, manteniéndose como bloque legitimador del sistema.

Pero es en los sectores del Pueblo Trabajador Vasco en condiciones de subempleo, desempleo y condiciones materiales de explotación, opresión y dominación más agudizadas, donde debemos desarrollar en primer término nuestra línea política de transformación de las correlaciones de fuerzas. Si no somos capaces los comunistas, de crear entre estas fracciones una “masa crítica” para impulsar nuestro proyecto, el fracaso estará garantizado. Sin duda alguna, la praxis ideológica será necesaria para combatir la influencia de la ideología dominante, pero sin una alternativa de empleo, reducción de la jornada laboral, vivienda garantizada, aumento del bienestar material, cultural y un ocio del que la participación socio-política garantice el poder popular, todo quedará en idealismo pequeño burgués y en reformismo. Si los contenidos del programa mínimo, no establecen fórmulas mediante las cuales, el capital vea amenazado sus intereses en el ámbito de las relaciones de producción, la propiedad y la gestión de los medios de producción, no acertaremos.

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