OTRA LECTURA DE LAS ELECCIONES- El Porquero de Agamenón- militante de Herri Gorri

arraizComo era previsible, el aluvión de interpretaciones y valoraciones de las recientes elecciones se están realizando en clave de aritmética electoral: lo que suben algunos partidos, lo que bajan otros, las alianzas que harán cambiar el panorama institucional, etc. También, el papel de tal o cual candidato en razón de su personalidad o de los errores y aciertos que habrían determinado los resultados en sí. Ejemplos no faltan que están en la mente de todos.

Se está realizando, también, la ocultación de algunos hechos significativos en estas elecciones como son el impulso, e incluso el triunfo político, de candidaturas de unidad popular nacidas de las movilizaciones en forma de marchas, concentraciones o de obstrucción a la “justicia” (que da carácter legal al expolio en forma de desahucios, despidos o de la oposición a detenciones de manifestantes).

Estos “triunfos” de candidaturas unitarias como las de Madrid, Barcelona, Valencia, o las obtenidas en Galicia y en otros lugares, deben entenderse como la consecuencia de un profundo deseo de unidad popular y que pueden constituir un proceso de concienciación surgido  de la necesidad de la movilización como elemento fundamental que está en el origen de los mismos resultados electorales.

Por eso, no es de extrañar el intento de ocultación de estos movimientos de unidad popular, escondiéndolos detrás de la charlatanería de algunas formaciones aupadas desde el poder para así canalizar el descontento por la vía exclusivamente electoral, sustituyendo las movilizaciones, elemento realmente preocupante para los que desean cambiar lo accesorio para impedir el cambio de lo esencial.

Deberíamos huir de la tentación de interpretar las elecciones en una clave ideologizada en extremo que no contemple el proceso como tal, como algo en movimiento en transformación hacia escenarios de acumulación real de poder popular.

Es cierto que existirán intentos y maniobras (ya los hay) para impedir que la movilización popular, y su organización consecuente, se constituya en la protagonista del desarrollo político en el camino del cambio de la correlación de fuerzas entre las fuerzas populares y los defensores explícitos o vergonzantes del sistema.

Tampoco puede descartarse la posibilidad de que, en un indeseado pero posible escenario de desaliento, sectores del movimiento, llevados por la percepción de que las “soluciones” reformistas de vuelta al pasado reciente (del llamado estado del bienestar) no son sino un callejón sin salida a las ansias transformadoras, pudieran adoptar posiciones de derrotismo y resignación, o aún peor,  se sintieran atraídos  por la demagogia de plataformas fascistas como lugar de acogida de la frustración y el desencanto. Pero aun tomando en consideración esa posibilidad, que hay que intentar interceptar desde ahora mismo, no podemos perder la perspectiva de que el  potencial transformador insertado en la movilización y el entusiasmo que le acompaña pueden suponer un elemento esencial para la transformación radical del escenario político.

Es verdad que cuando miramos hacia experiencias exitosas de revoluciones del pasado, y aún del presente, en la actual situación echamos en falta algunos elementos esenciales que todavía no están presentes  como impulsores y coprotagonistas de la unidad popular. La ausencia de un potente movimiento obrero con vocación de transformación radical (revolucionaria) de las estructuras económicas y políticas es uno de ellos. También de la debilidad de la referencia política de la conciencia organizada de la clase (el partido de la clase obrera). Pero esas dificultades deberán, en todo caso, resolverse en el desarrollo de las luchas parciales,  aunque durante un tiempo tengan objetivos confusos o abiertamente reformistas que podrán ser corregidos y reorientados por la propia práctica.

Tampoco deberíamos olvidar que a las instituciones se va para utilizarlas, no para ser subsumidos en ellas. Pero sobre este asunto, creo que hay mucha experiencia acumulada durante los últimos treinta y ocho años.

Centrándonos en Hego Euskalherria, aunque comparte algunas similitudes con el resto del Estado, habría que subrayar diferencias de importancia.

En la CAV se desploma la presencia institucional tanto del PP como del PSOE. El descrédito de  ambos partidos en el ámbito estatal ha sido también un factor que ha operado en la CAV. Lo mismo ocurre en Navarra, aunque con distintas consecuencias previsibles.

Como un reflejo, también, de los cambios que se están produciendo en la percepción popular sobre la esencia del estado y las características del Régimen impuesto en la llamada transición, en EH empiezan a desarrollarse expectativas de cambio político que han tenido una traducción en los resultados electorales de las nuevas plataformas con una fuerza ascendente.

El PNV ha salido reforzado, de manera sorprendente en la actual coyuntura política, en razón de que no ha sido identificado de manera mayoritaria como un partido inmerso en la corrupción, al igual que los otros tres partidos del sistema (PSOE, PP, CIU). Tampoco se ha denunciado de manera sistemática su alineamiento con el PSOE o el PP en materia económica, con las repercusiones sociales derivadas. Su colaboración, en el ámbito político, con PP y PSOE en relación al relato del origen y consecuencias del conflicto nacional ha sido imprescindible para hacer efectiva una interpretación interesada sobre reparto de responsabilidades   y en el acoso y derribo hacia el  MLNV, al que ha erosionado en gran manera, al no haber tenido éste mecanismos de reacción suficientemente potentes.

En relación a EH Bildu nos hemos estado preguntando en las horas posteriores a la conclusión de los comicios qué clase de reflexión, qué experiencias extraería esta formación política del resultado electoral obtenido y de la interpretación sobre la recomposición de la orientación electoral del pueblo trabajador vasco. Nuestras esperanzas en que hubiera una reflexión autocrítica razonable parece que no van a ser satisfechas.

La obstinación en su renuncia a organizar sistemáticamente la contestación y movilización social contra las agresivas medidas económicas tomadas por el Gobierno del Estado y secundadas por el PNV y la débil denuncia de los desafueros y corruptelas de éste, están en la base de la explicación  de la desafección de una buena parte  de su base electoral. El empeño por caminar de la mano con el PNV hacia un frente de carácter nacionalista, con concesiones y dejaciones fundamentales de su orientación y objetivos políticos tradicionales, ha hecho  el resto. Por no hablar de la actitud  timorata, cuando menos, en relación a la resolución de las consecuencias dramáticas del conflicto político y la interpretación del mismo. La sustitución de la reivindicación en clave política de la Amnistía por la humanista burguesa del respeto a los derechos humanos, la sustitución de conceptos como la Autodeterminación, con profundo calado y trayectoria política, por el desvaído e interesado “Derecho a decidir” acuñado por la burguesía colaboracionista  y el abandono, en consecuencia, del objetivo de convertirse en una fuerza política esencial en el proceso de la liberación social y nacional de todo el pueblo trabajador.

Al hilo de lo expuesto, hacemos nuestra la reflexión del movimiento por la amnistía en lo referente a la resolución del conflicto y al relato que es necesario hacer sobre el mismo.

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