DEBATE CON KIMETZ: RESPUESTA A SU ULTIMA CRITICA

HGDIMINUTOA lo largo de nuestros escritos, hemos definido y delimitado el concepto de Pueblo Trabajador Vasco, despojándolo de los elementos originarios asignados por el socialismo abertzale que lo abrían a una alianza interclasista dentro de una estrategia de independentismo nacionalista. Abundar en esta cuestión, camaradas de KIMETZ, implica o no haber leído con suficiente atención nuestros textos o cierta incomprensión de la diferencia entre el “proletariado”, como concepto abstracto y la forma histórica, concreta y compleja en la que la contradicción capital-trabajo cobra forma en formaciones económico sociales como Euskal Herria. El concepto de Pueblo Trabajador Vasco, refleja la complejidad del elemento “trabajo” en contradicción con el capital, partiendo de una heterogeneidad en la que diferentes fracciones, capas y grupos, configuran la realidad desde la que el sujeto revolucionario socialista debe ser construido, en un marco como Euskal Herria, con un alto grado de desarrollo de las fuerzas productivas, predominantemente urbano, con una diversidad de conciencias nacionales y, en definitiva, de características heterogéneas respecto a otras sociedades capitalistas.

De mayor relevancia que la cuestión anterior, es la crítica que los camaradas de KIMETZ nos realizan, acusándonos de no haber realizado un análisis adecuado del imperialismo. Desde un confusionismo que trataremos de desentrañar, pareciera que lo que nos critican es no entender la configuración de la clase obrera en las sociedades capitalistas centrales y la existencia de fracciones sin conciencia de clase, integradas en el marco ideológico burgués y pequeño burgués. Y nos ofrecen su explicación de escaso rigor científico. Para los camaradas de KIMETZ, el imperialismo y la configuración de un centro y una periferia en el sistema capitalista mundial, es producto de la necesidad de generar plusvalor extra en la periferia…con el objetivo de poder construir en las sociedades capitalistas centrales, el Estado de Bienestar.

Camaradas de KIMETZ, el Estado de Bienestar erigido en el Centro capitalista, fue producto del predominio keynesiano-fordista, en una fase iniciada tras la Segunda Guerra Mundial, en la que el incremento de la productividad y la producción de plusvalor relativo en un contexto de pleno empleo, posibilitó un aumento relativo y absoluto de los salarios directos e indirectos. El objetivo político e ideológico de combatir la influencia del marxismo-leninismo en las clases obreras del capitalismo central, explica el carácter progresivo del período fordista. Hay que entender bien ésto, ya que vuestras posiciones están a un paso de ciertas escuelas pseudo-marxistas que llegan a negar que los trabajadores del centro produzcan plusvalor, aprovechándose ellos mismos de la superexplotación de la Periferia, lo que es una verdadera aberración anti-marxista.

El 70% del comercio internacional en la fase “dorada” del capitalismo fordista, era realizado entre los estados del capitalismo central, y era esencialmente de carácter intra-industrial. La socialdemocracia y el eurocomunismo, lo que ampararon, no fue realmente el expolio de la Periferia, que también, sino amparar un modelo keynesiano en el centro capitalista, permitiendo que los exponenciales aumentos de la productividad, fueran a parar bajo la forma de plusvalor relativo a las arcas de las clases capitalistas centrales, a cambio de los comparativamente irrisorios incrementos salariales de las clases obreras centrales.

La explicación acerca del papel de la “oligarquía financiera”, dispersando los centros de producción por el mundo, para imposibilitar la revolución y cómo la influencia de la ideología pequeñoburguesa fue aumentando gracias al carácter reducido de los centros de trabajo, diremos que se acerca a la categoría de ocurrencia y de un empirismo que se aleja del análisis marxista y materialista.

Pero no entraremos en estas disquisiciones colaterales, vayamos al grueso del planteamiento de los camaradas de KIMETZ que, en definitiva, terminan centrándose en los “errores de Herri Gorri” en relación a la creación y caracterización del partido.

Mal empezamos cuando KIMETZ afirma que nuestra posición es la de crear el Partido de hoy para mañana, porque no es cierto. Lo que expresamos fue afrontar una fase de aproximación de “duración estrictamente necesaria” que, efectivamente terminara generando las condiciones de posibilidad para crear el referente comunista en Euskal Herria. No somos tan inconscientes como para llegar a pensar que será de un día para otro. Lo que si señalamos es que debe existir la voluntad de aproximación y de superar sectarismos, no otra cosa.

A modo de autocrítica, debemos señalar que el Comunicado nº3, y tras mantener conversaciones con diferentes colectivos así lo confirman, quizás no explicitamos de manera conveniente los ritmos en la construcción partidaria. El proceso constituyente que deberá generar las condiciones de gestación del partido, parece ser que fue entendido como el momento en el que el Partido debe surgir. Sin embargo, lo que tratábamos de señalar era que el período constituyente es una fase de acercamiento entre los diferentes núcleos que tengan la voluntad de crear la organización comunista de Euskal Herria, sobre la base de una actitud constructiva y de superar reticencias y cuestiones que quizás no son tan divergentes como en principio pudiera parecer.

Superado este período de aproximación, llegaríamos a una nueva fase en la que podría plantearse la creación de una plataforma, en principio de diferentes núcleos marxistas-leninistas, cuya coexistencia organizacional y el desarrollo de una línea de intervención conjunta, pudiera ir dando forma a un referente comunista, llegándose a establecer colectivos de trabajo mixtos y, finalmente, el Partido terminaría surgiendo de la propia praxis colectiva.

Ahora bien, más allá de la posibilidad de malinterpretaciones en nuestro comunicado, los camaradas de KIMETZ entran en otras cuestiones que consideramos deben ser analizadas y clarificadas.

Como la premisa acerca de la supuesta voluntad de HERRI GORRI de crear el partido “de un día para otro” es falsa, parte de la crítica de KIMETZ se cae por su propio peso. Su planteamiento, podemos encuadrarlo dentro del re-constitucionalismo filo-maoista, en el que se contrapone la necesidad del “partido leninista de nuevo tipo” frente a los viejos esquemas heredados de la Tercera Internacional, aún bajo la influencia de la socialdemocracia. Con un aparato conceptual producto de años y años de reconstitucionalismo infructuoso, debiera haber llegado el momento de su propio balance y de la autocrítica, pues existe ya suficiente literatura y experiencias de diferentes partidos europeos y del Estado español, como para certificar sus límitaciones.

No sabemos a que “viejo paradigma” se referirán los camaradas de KIMETZ cuando critican nuestra concepción del partido, puesto que de momento no hemos explicitado a lo largo de nuestros documentos demasiado al respecto, salvo generalidades. La organización y la función del partido, era uno de los puntos que los diferentes núcleos debían tratar en la fase de acercamiento y convergencia y, por ello, HERRI GORRI no quiso trabajar este tema en profundidad.

Los camaradas critican ese viejo paradigma que “tiene su base en la táctica-proceso basada en el sindicalismo y el electoralismo” lo que desemboca en la formación de un partido burgués al uso. La experiencia del eurocomunismo efectivamente certifica la obviedad de la crítica, que cualquier organización marxista-leninista compartiría. Pero aportan un elemento que no terminamos de ver claro en su crítica: “Así, el trabajo del Partido Comunista se limita a la acumulación de fuerzas, cayendo en el sindicalismo y siendo parte de las organizaciones burguesas legisladoras y ejecutivas, hasta que algún día las masas se despierten y comience la rebelión. En ese momento las masas no sabrán qué hacer y se supone que acudirán al Partido, invitándole espontáneamente a que sea la vanguardia del movimiento”. Generalmente el reconstitucionalismo al que parece adscribirse KIMETZ, suele utilizar el concepto de “economicismo”, como crítica a las organizaciones comunistas que, centradas en la reivindicación de derechos sociales y laborales, trazan su estrategia en el marco del sistema burgués establecido y caen el el “practicismo” que incluso puede llegar al electoralismo. Así la vanguardia, no cumpliría con su misión de transmitir la ideología marxista a las masas, sino que se “rebaja” al nivel de las reivindicaciones concretas de las mismas, bajo la esperanza de que las condiciones objetivas desemboquen en un punto crítico de insurrección popular, punto en el que el partido adquiriría su función dirigente.

Pero sorprendentemente, KIMETZ no dirige su crítica hacia el electoralismo para plantear una mayor presencia de cuadros y militantes comunistas en el movimiento popular y sindical, en catalizar la organización y el nivel de las reivindicaciones del mismo, en una necesaria “guerra de posiciones”. Ni mucho menos.

Frente a la “táctica-proceso”, KIMETZ propone la necesidad de crear una vanguardia siguiendo un plan de reconstitución articulado en el análisis del “balance”, del que se extraerían las valiosas lecciones de la derrota del comunismo y la gestión de dicho balance, mediante organizaciones que den forma política al mismo. En este plan, la reconfiguración ideológica del marxismo es central y de su capacidad de interpelar a los sectores más avanzados del proletariado y transformarlos en los agentes ideológicos necesarios para, a su vez atraer al resto, dependerá la estructuración del partido. Una estructuración en una fase posterior al balance y como condición de la continua lucha ideológica entre líneas. El partido comunista se formaría cuando las masas hayan alcanzado “autoconciencia”, hayan asumido la ideología marxista como referente y, por supuesto, creen el “Nuevo Poder” al margen de los cauces de la legalidad burguesa.

A grandes rasgos, este es el esquema de KIMETZ. La perfecta armonía ideológico-política de su propuesta, sólo tiene un fallo y es que, frente al “practicismo” que denosta, termina derivando en su contrario, en un teoricismo que condena a la vanguardia al eterno debate en torno al balance. Un debate disgregador y de características idealistas, pues si bien el materialismo histórico es una ciencia, es ciencia social, no una ciencia matemática en la que el balance de la derrota del ciclo de octubre como objeto de estudio, pueda ser fijado como referente unívoco capaz de articular ideológicamente una vanguardia.

La “ideología marxista” como referente de clase, en función de su carácter de “verdad universal”, será reconocida como propia por parte del proletariado y se realizará en una praxis revolucionaria de nuevo tipo, al margen de la legalidad burguesa, construyendo Nuevo Poder. ¿Huelgas generales, participación en el movimiento popular o sindical? ¿Reivindicaciones concretas que consoliden la dinámica ascendente de la organización de las masas y la propia deslegitimación del sistema? Desde esta perspectiva, la respuesta es un no rotundo, eso es revisionismo, ya que no conduce al Nuevo Poder… La vanguardia debe exportar “ideología marxista”, hacer entender que sólo la destrucción de los aparatos del Estado burgués conducen al comunismo, y en dicha fusión entre ideología marxista y masas, avanzará la construcción del partido.

Sobre el papel, dicha fusión basada en la experiencia revolucionaria de las masas, supera el practicismo al sobrepasar el marco burgués y el teoricismo, puesto que la ideología marxista impregna la praxis revolucionaria. Pero la realidad es más terca y más compleja. La superación del eurocomunismo y del revisionismo, se plantea con una apuesta por el subjetivismo más radical, en el cual no hay “guerra de posiciones”, no hay línea de intervención en el movimiento popular y en el sindicalismo, el parlamentarismo burgués es criticado casi desde premisas pseudo-anarquistas, cercenando de base la posibilidad de instrumentalizar los cauces que la propia legalidad burguesa aún mantiene y cerrando posibilidades de intervención efectiva. No, ésto ni es el Perú de los 80, ni Filipinas, pensar siquiera que pueden crearse “vacíos de poder burgués” donde construir el Nuevo Poder en un ámbito europeo y conducir desde los mismos una ofensiva es simple y llanamente un planteamiento ajeno al leninismo, ocupado en algo tan sencillo y poco extravagante como realizar análisis concretos sobre realidades concretas e incidir en los mismos, en función de las correlaciones de fuerzas existentes. No confundamos el “cretinismo parlamentario” e institucional del eurocomunismo y el revisionismo, con la necesidad de acumular fuerzas en un contexto en el que incluso hay que recuperar la conciencia “en sí”, como paso definitivo a la conciencia “para sí” y sin un referente marxista leninista, esta tarea es absolutamente irrealizable.

Desde luego y aún no habiendo explicitado HERRI GORRI el modelo de partido, si estamos en condiciones de afirmar que la estrategia planteada por KIMETZ a tal efecto, no podemos compartirla.

En otro orden de cosas, saludamos el intento de KIMETZ en erigirse como federación Vasco-Navarra en la vanguardia, dentro del Estado español, en la (re) construcción del partido leninista de nuevo tipo. Del mismo modo que con respecto a Reconstrucción Comunista o Red Roja, mantendremos relaciones internacionalistas con ellos, bajo la misma premisa del respeto a los marcos autónomos y nacionales de lucha de clases y la estricta aplicación del leninismo sobre la secesión y la autodeterminación como principios rectores de la cuestión nacional.

No, camaradas de KIMETZ, no es ni mucho menos curioso querer preservar la independencia política y organizativa de los comunistas en cada marco de lucha de clases, en los que la dinámica política, ideológica, económica y las correlaciones de fuerzas, las políticas de alianzas, etc…requieren una línea de intervención propia y no es de recibo negar esta evidencia con la triquiñuela de la acusación de romper el centralismo democrático. El centralismo democrático fundamenta la actividad organizacional leninista, pero no ampara debates sobre marcos de actuación diferenciados, de no ser que existiera una verdadera Internacional con poder político para establecer una línea internacional de lucha anticapitalista.

Parece ser que, de manera definitiva, KIMETZ abandona la caracterización de Euskal Herria como Marco Autónomo de lucha de clases, lo que nos parece erróneo y producto de no diferenciar la objetividad del concepto del Marco autónomo, frente a instrumentalizaciones que del mismo realiza cierto tipo de nacionalismo. A veces, hay que mirar el agua sucia cuando se tira, ya que el niño puede ir dentro…

Los camaradas de KIMETZ, apuestan por un modelo de organización comunista que tratando de articular dialécticamente vanguardia y masas mediante la exportación “a pelo” de ideología comunista, precisamente las empuja hacia el reformismo ya que no se reconocen en una vanguardia que renuncia a estar presente en las luchas concretas, porque desde su perspectiva, no es labor de la vanguardia estar en esas luchas, al no implicar salirse del marco burgués. La vanguardia por lo visto, debe ocuparse de tareas más elevadas, convirtiendo a la misma, en lugar de cuadros militantes, en diletantes ocupados de producir ideología marxista en las organizaciones gestoras del balance y esperando a que la auto-conciencia de las masas llegue.

Las posiciones que mantenemos no son antagónicas, las divergencias las afrontamos precisamente como el proceso constituyente de interacción entre los diferentes núcleos comunistas que operan en Euskal Herria; el debate sigue abierto, pero no eternamente. El Estado español y Euskal Herria, se enfrentan a una situación límite, en la que si no somos capaces los comunistas de erigirnos en un referente efectivo, con una táctica y una estrategia que nos presenten como una alternativa constructiva y sólida, seguiremos abundando en nuestra derrota y en la de la clase obrera a la que aspiramos a representar.

HERRI GORRI 25-6-2015

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