RESPUESTA A LOS Y LAS CAMARADAS DEL FRENTE REVOLUCIONARIO MARXISTA LENINISTA

hg1 copiaSaludamos la intervención de los y las camaradas del Frente Revolucionario Marxista Leninista (FRML) en el debate. Conocemos su decidida apuesta por la organización comunista y su perspectiva constructiva y abierta a la hora de abordar el debate nos emplaza a HERRI GORRI a responder a sus críticas, dudas y aportaciones.

Un primer punto con el que, a falta de matizaciones por parte de los camaradas, no podemos estar de acuerdo, es su caracterización del Partido comunista como sujeto del proceso revolucionario. De hecho, niegan de manera expresa al proletariado -o al Pueblo Trabajador Vasco- su caracterización como sujeto, tanto en la consolidación de la Dictadura proletaria, como en su desarrollo. Esta caracterización del Partido, señalando al proletariado como “mero dato empírico” con capacidad política, y la clase obrera, como capital variable, otorga al Partido una centralidad que se aproxima bastante a una desviación de tipo “blanquista”, en la que el carácter de vanguardia del Partido, es confundido con el sujeto, que no es otro que las masas explotadas, oprimidas y dominadas. Otra cuestión es que el sujeto objetivamente determinado, no haya alcanzado la conciencia necesaria de su condición de sujeto revolucionario, proceso en el que la vanguardia adquiere su significado estableciendo una estrategia ajustada al marco de lucha de clases y a las correlaciones de fuerzas. Esta cuestión es importante de desentrañar, puesto que la definición de vanguardia, implica situarla un paso por delante de las masas, porque dos pasos más allá, implica precisamente dejar de ser vanguardia, al no tomar en consideración las correlaciones de fuerzas, el nivel político y organizativo del proletariado y el tipo de reivindicaciones que está en condiciones de defender en una coyuntura concreta.
Tal y como expusimos en el Comunicado Nº5, consideramos que en Euskal Herria existen dos orientaciones referidas a la construcción del Partido. La primera de ellas, y de la que Herri Gorri hace bandera, considera que el Marco Autónomo de Lucha de Clases que es Euskal Herria, como Formación Económico Social históricamente constituida y como realidad política en la que a la opresión capitalista y patriarcal, identificamos una opresión nacional ejercida sobre importantes sectores del Pueblo Trabajador Vasco. Desde estas bases, el proceso de formación del Partido, se concreta en nuestro marco como construcción del Partido Comunista de Euskal Herria, como organización marxista leninista, internacionalista y política y orgánicamente soberana, para conducir la estrategia necesaria hacia la democracia socialista, como fase previa al comunismo.
La otra orientación, responde a un proceso de construcción partidaria, que en términos generales difiere de la primera en la caracterización del marco de intervención del Partido y la subordinación del mismo a una organización de carácter estatal, estando la misma constituida o en proceso.

La relación que mantenemos con los núcleos comunistas que se posicionan en una u otra orientación, forma parte de una misma línea de convergencia, unidad de acción y establecimiento de cauces de colaboración de los comunistas en Euskal Herria que en principio no debiera resultar antagónica, si los principios leninistas sobre la autodeterminación, el internacionalismo como unión libre de las clases trabajadoras nacionales y la secesión como recurso al servicio de los intereses del proletariado son aplicados correctamente.
La soberanía política y orgánica de los comunistas de Euskal Herria, responde a la necesaria afirmación del Marco Nacional y Autónomo de lucha de clases, en el que la opresión del capital, el patriarcado y la opresión nacional, se articulan de manera específica y concreta sobre el Pueblo Trabajador Vasco. La conciencia de clase, la conciencia nacional y la conciencia anti-patriarcal, sólo pueden ser activadas mediante una estrategia marxista-leninista en la que el objetivo del socialismo en Euskal Herria sea producto de la autodeterminación del Pueblo Trabajador Vasco, como sujeto de la Democracia Socialista, superador de todo tipo de opresiones y con soberanía para fijar libremente sus relaciones con otros procesos revolucionarios.
El necesario proceso de convergencia entre los diferentes núcleos comunistas, requiere precisamente de la unidad de acción visualizada no tanto en la superación de divergencias en el ámbito teórico, sino en campañas, movilizaciones y/o posicionamientos en torno a cuestiones centrales como la amnistía, la denuncia de la Unión Europea como ente dictatorial al servicio del capital, la autodeterminación, el impago de la duda, los desahucios y la cuestión de la vivienda, la denuncia de la OTAN como brazo armado del imperialismo… Si los comunistas, más allá de las siglas, no somos capaces de presentar un frente común en estas cuestiones, estamos apañados. Esta coexistencia, esta unidad de acción, genera identidad compartida entre los diferentes colectivos y de cara al exterior, en el que por fin se nos visualizaría. Esto es la verdadera base de la convergencia política. El reformismo además de práctica efectiva radicalmente anticomunista, tiene además el potencial de impedir la praxis ante el temor de incurrir en el reformismo, resultando en un elemento paralizante y antidialéctico. El reformismo no se combate renunciando a la lucha por la consecución de reformas, sino preparando el siguiente escalón de movilización y lucha transformando las correlaciones de fuerzas, aumentando cualitativa y cuantitativamente el potencial de la vanguardia y su influencia en las organizaciones de masas, hasta llegar a una situación crítica en la que la Dictadura del Proletariado o la democracia socialista, sea una verdadera alternativa organizada.
Tras esta fase de convergencia, quizás pueda llegar el momento en el que la coordinación de la actividad política, requiera que taldes de los diferentes núcleos, deban reunirse para planificar, organizar y debatir fórmulas de intervención en un barrio, un pueblo o una universidad y eso se normalice y se estabilice… y efectivamente se formen “taldes mixtos”, algo que camaradas de distintos núcleos han percibido con cierta desconfianza o incomprensión, pero que consideramos algo natural, en lo que sería ya la “antesala” efectiva del Partido.
En Herri Gorri, no negamos la necesidad de realizar un balance histórico de las experiencias de socialismo, sus triunfos, fracasos, las experiencias organizativas, la deriva revisionista y todo lo que sea relevante para, en definitiva, aprender de los errores y aciertos del marxismo leninismo. Es dialéctico, es científico, pero lo que no puede ser es paralizador del movimiento. El balance no garantiza nada, y menos aún preserva a la organización comunista de las influencias revisionistas, reformistas y oportunistas, pensar lo contrario es puro y simple idealismo.
Por ello, creemos necesario avanzar en la constitución de Herri Gorri, como organización política marxista leninista, con una línea de intervención efectiva en la lucha de masas, en la que es objetivo fundamental dotar a los comunistas de referencialidad teórica, política y militante. No podemos despreciar el potencial movilizador y concienciador de los diferentes movimientos populares surgidos de la ofensiva neoliberal y su estrategia de agresión a los derechos sociales y laborales. Si son reformistas en esencia, también es cierto que es la “materia prima” sobre la que los comunistas debemos incidir, ¿o es que la alternativa es crear nuestro propio “movimiento antidesahucios” marxista-leninista? La referencialidad es necesaria para asumir condición de vanguardia, pero ésta se gana en la dura “guerra de posiciones”, en la que sin militantes comunistas en los movimientos populares, poco podremos avanzar. La politización de estos movimientos, la coordinación de sus luchas sectoriales en un único movimiento, es responsabilidad de los comunistas.
De nuevo debemos señalar como especialmente nocivo el “miedo a la contaminación” reformista y oportunista y optar por la inacción o el permanente debate teoricista. No hay proceso de construcción partidaria, sin línea de intervención en la lucha de masas. Efectivamente no hay hoy un Partido que conduzca esa línea, el objetivo es que los diferentes núcleos que estén por el Partido, sean conscientes de la necesidad de la coordinación, la convergencia y la identidad de objetivos. Por ejemplo, si se decide desarrollar la referencialidad comunista en el frente sindical, el objetivo sería lograr una caracterización del movimiento sindical actual, una apuesta por determinado sindicato -si procede- y llevar una posición común en el mismo por parte de los diferentes núcleos, en la medida de lo posible. No somos partido, pero actuaríamos de manera coordinada para denunciar el reformismo, apostar por un sindicalismo de clase y consolidar una posición comunista dentro del mismo. Desde nuestra perspectiva, es así como se van generando las condiciones para el Partido e insistimos que no es incompatible -de hecho es necesario- con el debate teórico entre núcleos, pero consideramos que dicho debate debiera comenzar a centrarse en elementos concretos que terminen proyectando un programa que nos defina como alternativa.
Sobre la cuestión de la “conciencia en sí”, efectivamente lo planteamos en términos “nebulosos”. Para explicitar un poco más la problemática, diremos que en el contexto actual, existen amplios sectores de la clase trabajadora que carecen de un sentido de identidad de clase, de pertenencia a un colectivo objetivamente determinado por poseer no otra cosa que su fuerza de trabajo para vender a cambio de un salario y que de manera automática deriva en reformismo. Lenin planteaba la conciencia en sí como estadio vinculado a una praxis no superadora del tradeunionismo, en contraposición a una conciencia para sí, en la que el proletariado se convierte en sujeto político de la revolución y afronta el socialismo como su liberación.
Señalamos que la dinámica de los aparatos ideológicos del Estado, han llegado a diluir incluso la “conciencia en sí”, siendo sustituida por conceptos amorfos como “ciudadanía”, “consumidores” o “hipsters”… que conducen a que ni tan siquiera se generen las condiciones para una praxis reformista sobre la que poder impulsar una conciencia de clase en términos de transformación social. La conciencia “en sí” podemos identificarla en la movilizaciones sectoriales en torno a los desahucios, al voluntariado gestado en torno a los comedores populares o en una denuncia del artículo 135 de la Constitución española que acaba con la soberanía del Estado español en la gestión de la deuda externa. Sin embargo, tengamos presente la debilidad incluso de ese tipo de movilizaciones. La reconstrucción incluso de esa identidad colectiva, de las solidaridades básicas que han sido aplastadas por el individualismo burgués y pequeñoburgués, son también un elemento que debemos tomar en consideración los comunistas. El problema es tan grave que esa ruptura la detectamos incluso en la agonía de las asociaciones de vecinos o la escasa participación en las comisiones de fiestas de pueblos y barrios. De ahí los graves problemas que el movimiento comunista tiene a la hora de incidir, de participar y generar ámbitos de militancia efectivos.

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