PERRETXIKO TXIKIA-MARCO POLITICO

1378312_173385026198963_1644510946_n2.-MARCO POLITICO, CONTEXTO Y COYUNTURA EN EUSKAL HERRIA

La línea de demarcación que identifica una alternativa marxista-leninista frente a las diferentes formas de reformismo y oportunismo, es la ruptura con el euro, la Unión Europea y la OTAN. Otra Europa es posible, efectivamente, pero bajo un proyecto de Unión Socialista, regida por el principio de la democracia socialista, la unidad indestructible de las clases trabajadoras europeas y la definitiva superación de la dictadura del capital.

Es esta línea de demarcación con la que HERRI GORRI plantea su marco programático de referencia en EuskalHerria y la base sobre la que el conjunto de núcleos comunistas pueden comenzar a trazar una línea de confluencia y colaboración  avanzando hacia la constitución del Partido Comunista de EuskalHerria.

1.-Afirmar que nuestro objetivo es la construcción socialista, es decir todo y, simultáneamente, nada. Entre el contexto y coyuntura actuales y la fase de construcción socialista, media una fase de necesaria recomposición de las correlaciones de fuerzas, de organización y rearme político e ideológico del Pueblo Trabajador Vasco, algo para lo que la formación de una organización marxista leninista es esencial y determinante.

2.-Esta fase, que definimos como de RECOMPOSICION DE LA ALTERNATIVA COMUNISTA, articula de manera dialéctica la formación del Partido Comunista de EuskalHerria y el rearme político y organizativo del Pueblo Trabajador Vasco para transformarse en sujeto de su autodeterminación socialista. La fase de recomposición se asienta sobre dos ejes principales:

-El primero de ellos, es el de generar un vector de confluencia y convergencia entre los comunistas de EuskalHerria, que culmina en la formación del Partido Comunista. Hasta ese momento, los diferentes núcleos debieran actuar con la responsabilidad histórica necesaria para dotar de referencialidad social al comunismo y empezar a ser vanguardia política e ideológica.

-El segundo eje es el de desarrollar una línea de intervención en el seno del Pueblo Trabajador Vasco, consolidando nuestra presencia y nuestra fuerza como alternativa real. Nuestra participación en el movimiento popular y el movimiento sindical, nuestro programa político y la capacidad para socializarlo, es la condición para la consolidación de los comunistas como vanguardia dirigente. En este sentido, HERRI GORRI está dispuesto a acometer esta tarea, e invita al resto de comunistas a participar en lo que nos une, a pesar de las diferencias que pudieran existir.

Los niveles de desempleo en Hegoalde, así como el porcentaje del Pueblo Trabajador que ha sido arrojado a la pobreza, sin duda no ha alcanzado los niveles críticos del Estado español. Los nacionalistas vascos, en sus variantes reaccionaria y progresista, han hecho de esta diferenciación, un eje de su discurso y su praxis ideológica y política. Al nacionalismo jelkide le ha servido para legitimar su “buena gestión de la crisis”,  incluso impulsando también en el ámbito que le correspondía, recortes y medidas favorables a la valorización del capital. Lo cierto es que entre ciertos sectores del Pueblo Trabajador Vasco, ha calado esta representación entre una mejor situación económico/social y la gestión del PNV. De otra parte, el PNV ha desarrollado una estrategia de contención de la pobreza, impulsando un sistema de ayudas sociales, de rentas de garantía y subvenciones, que han logrado legitimar ante amplios sectores populares su gestión y, de paso, promover una estructura clientelar de sectores desmovilizados del pueblo trabajador.

El nacionalismo progresista o soberanismo de izquierdas, con campañas del tipo “España nos hunde”, con la contraposición entre una clase capitalista vasca progresista, dinámica y emprendedora a la que “la marca España” perjudica y una clase capitalista “española”, corrupta y reaccionaria, han tratado de consolidar un proyecto reformista-identitario, en el que su aspiración a un capitalismo socialdemócrata euskaldun, se topa con diversos problemas irresolubles. En primer lugar, la imposibilidad de reconstruir una socialdemocracia al uso, de no ser que se conformen con disputar un punto arriba o abajo las asignaciones presupuestarias a combatir la pobreza. En segundo lugar, el límite estructural del independentismo, estabilizado en torno al 25% y sin recorrido. En tercer lugar, la realidad pluri-identitaria del Pueblo Trabajador Vasco, y el hecho de que el euskera ha dejado de ser un eje de reivindicación revolucionario, en tanto que hay más posibilidades de asistir a una conversación en euskera entre altos directivos de la Corporación Mondragón,  en una reunión de Confebask o de Kutxabank, que en un barrio obrero de Irun, Gazteiz o Baracaldo.

El núcleo reaccionario del “patriotismo constitucional”, constituido por el binomio PP-PSOE, sigue presente en EuskalHerria, entre otras cosas “gracias” al nacionalismo vasco con el que se retroalimenta. Su orientación nacionalista española, su criminal vinculación con las más abyectas políticas neoliberales y su condición de apéndices de las fracciones oligárquicas más reaccionarias, siguen siendo objeto de apoyo socio-electoral por parte de sectores populares de Hegoalde, en tanto que el denominado “problema nacional” sigue adquiriendo una centralidad alimentada por los nacionalismos, como eje activo negador de la contradicción principal y dominante entre capital y trabajo.

Por último, tenemos un polo de referencia que, sin poder ser calificado como “españolista”, lo cierto es que persiste en su negación de la autodeterminación como superación del problema nacional en EuskalHerria, si bien su elemento definitorio, es el reformismo y el oportunismo, que actúa como válvula de escape incluso para sectores desencantados de la izquierda abertzale. Sin más recorrido que emular a pequeña escala las desilusiones que generó SYRIZA, debería llevarnos a la reflexión su imposibilidad de haber alcanzado los niveles de apoyo electoral alcanzados en otras realidades del Estado.

Somos conscientes de que construir una línea de acumulación de fuerzas al margen de los cuatro principales polos de referencia socio-electoral en Hegoalde, es una tarea titánica, en la que sólo la férrea defensa de los sólidos principios marxistas-leninistas y una flexibilidad táctica unida a una sólida determinación estratégica, conducen a la victoria.

El actual marco legal-institucional de Hegoalde, se encuentra subordinado al Estado español, eso es indudable, pero en HERRI GORRI no identificamos como elemento central y prioritario de una estrategia de recomposición comunista el denominado “derecho a decidir”. Lógicamente, la legalidad estatal española imposibilita adoptar medidas políticas y económicas de carácter transformador, tales como la reducción de la jornada laboral, la nacionalización de la banca y de los sectores estratégicos de la economía, como la energía. Incluso tampoco podrían ser impulsadas medidas democratizadoras del poder, en ayuntamientos y diputaciones, donde podrían impulsarse mecanismos de participación popular y de toma de decisiones colectivas. Ni siquiera se podría crear un nuevo código penal realmente democrático y social, frente a la denominada “Ley Mordaza”. Podríamos dar todos los ejemplos necesarios, pero siempre llegaríamos a la misma conclusión: ¿hemos alcanzado el nivel de desarrollo de la lucha de clases, hemos transformado las correlaciones de fuerzas, hemos “agotado y saturado” los marcos legales existentes, de forma que sólo el derecho a decidir sea la vía para poder poner en marcha un programa de medidas realmente revolucionarias? La respuesta es un no rotundo. De hecho el eje desarrollado en torno al “derecho a decidir”, lo que plantea es una vía nacionalista, ciudadanista y capitalista, fundamentada en la escisión identitaria del Pueblo Trabajador Vasco y una alianza interclasista entre capital y trabajo.

El planteamiento de HERRI GORRI tiene como referencia central la AUTODETERMINACION del Pueblo Trabajador Vasco como sujeto, en un proceso que comienza aquí y ahora, en una primera fase de recomposición política, organizativa e ideológica, en la que el desarrollo ascendente de las reivindicaciones y movilizaciones, generen un punto crítico en la transformación de las correlaciones de fuerzas y la construcción del socialismo adquiera fuerza de necesidad. Será en ese momento histórico, en el que el Pueblo Trabajador Vasco, en su proceso de autodeterminación hacia el socialismo, analice la evolución del proceso revolucionario en el Estado español y en otros ámbitos internacionales y la construcción nacional del socialismo pueda ser valorada en clave independentista, como necesidad soberana para impulsar el socialismo, o de alianzas confederales, federales o incluso unitarias.

Es la definición de la realidad del Pueblo Trabajador Vasco que hemos realizado en HERRI GORRI, alejada de las conceptualizaciones del nacionalismo revolucionario, que asigna a la Independencia una centralidad mitificadora que relega al socialismo como algo secundario en el mejor de los casos. El Pueblo Trabajador Vasco, como sujeto antagónico respecto al capital sólo se autodetermina con el socialismo en un proceso de lucha de clases, en el que la forma de construcción nacional y de relación con otros procesos revolucionarios, está subordinado a las necesidades del propio proceso revolucionario socialista en EuskalHerria.

De esta forma, se rompe con el elemento nacionalista que asigna a la “conciencia nacional vasca” un rango equiparable al de la conciencia de clase, abriendo la posibilidad, muy querida por el nacionalismo pequeñoburgués, de sujetos políticos nacionales superadores del antagonismo entre capital y trabajo, con el interclasismo por bandera.

El movimiento generado por la crisis del 2008 y la posterior ofensiva del capital, los movimientos surgidos en torno a la lucha contra los desahucios, los recortes y la defensa de la sanidad y la educación públicas, cobraron una importante relevancia. Los “escraches”, los muros humanos para frenar los lanzamientos, las mareas… fueron producto de la agudización de la lucha de clases y la autoorganización más o menos espontánea de las masas. Estos movimientos sociales, se pueden definir como estrictamente defensivos, pues en términos generales, su horizonte era el de la recuperación del Estado de Bienestar, como fundamento legitimador de la democracia formal burguesa.

La imposibilidad de rebasar los márgenes del Estado de Bienestar y la concepción de un “capitalismo de rostro humano”, fue producto de la inexistencia de un movimiento comunista organizado con capacidad de catalizar las movilizaciones y las reivindicaciones en una espiral creciente de agudización de lucha de clases, de desarrollo de una conciencia de clase organizada de carácter socialista y de transformar el sistema. Por el contrario, fue el reformismo el que encauzó el malestar social hacia fórmulas electorales contenidas en los estrechos márgenes de la legalidad burguesa. Paradógicamente, fue en EuskalHerria donde se dio este primer paso de institucionalización, bajo la fórmula reformista del soberanismo de izquierdas y posteriormente, surgiría el fenómeno PODEMOS, con el que de manera definitiva, cualquier posibilidad de agudización de las contradicciones y de la lucha de clases, fue contenida y electoralizada, gracias a la labor desarrollada por los sectores pequeñoburgueses y de la aristocracia obrera.

En el movimiento comunista, fue común el error de considerar que la ofensiva del capital, iba a significar de una manera casi determinista, un desarrollo de la conciencia de clase en los sectores más oprimidos y explotados. Incluso comenzaron a aflorar tesis de tipo economicista, que consideraba que el capitalismo había alcanzado sus límites históricos y la crisis implicaba su derrumbamiento. Pero no fue así, puesto que los procesos de crisis capitalista, sin una organización comunista de vanguardia con capacidad de organizar a las masas y armarlas política e ideológicamente hacia el socialismo, posee sus propios mecanismos de regulación y de recomposición de los mecanismos de valorización del capital, desvalorizando la fuerza de trabajo.

La dialéctica entre reforma y revolución, fue afrontada desde posiciones extremas de objetivismo y subjetivismo por parte de ciertos núcleos comunistas. Dichos errores, imposibilitaron afrontar en condiciones de garantías, la confrontación política e ideológica con el reformismo y los sectores reaccionarios del régimen.

Las limitaciones del reformismo están comenzando a ser evidentes entre las masas. El ejemplo de SYRIZA es exportable a cualquier realidad del ámbito europeo. Si no se rompe con la Unión Europea y el euro, si no se procede a denunciar la deuda contraída con los sectores financieros, como ilegítima y su impago no se articula como eje de una política efectiva a favor de los sectores populares, las organizaciones reaccionarias están en condiciones de desarrollar una estrategia que puede paralizar electoralmente al reformismo. Un ejemplo lo tenemos en Hegoalde y los últimos resultados electorales, en los que el nacionalismo jelkide sale reforzado.

Frente a concepciones estatalistas que no asignan a la autodeterminación su naturaleza revolucionaria, o que la convierten en una consigna vacía, al no ser capaces de identificar el propio campo nacionalista español en el que se hallan insertos, en HERRI GORRI afirmamos el Marco Nacional de lucha de clases. El carácter de Formación Económico Social de EuskalHerria y nuestra línea de equiparación entre construcción nacional y construcción socialista, es la línea de batalla contra cualquier premisa nacionalista y para ello, estamos en condiciones incluso de mantener una sólida política de alianzas con organizaciones marxistas leninistas del Estado español que de manera dialéctica apoyen los procesos revolucionarios en el conjunto del Estado y sus realidades nacionales.

En HERRI GORRI consideramos que el nacionalismo vasco y el nacionalismo españolista, desarrollan un proceso de retroalimentación que, de manera objetiva, configura un modelo funcional para el sistema político-ideológico, en tanto que cumple con la negación efectiva del carácter principal, determinante y antagónico de la contradicción capital-trabajo.

El proceso de recomposición neoliberal al que estamos asistiendo, entiende y asimila la existencia de un “problema nacional” en EuskalHerria, gestionándolo de manera que no sea un impedimento para la estabilidad política en el proceso de recuperación del crecimiento macroeconómico y la valorización del capital.

El campo nacionalista reaccionario jelkide, es perfectamente consciente del carácter minoritario del independentismo, pero lo instrumentaliza para escindir al Pueblo Trabajador Vasco, integrando al soberanismo de izquierdas a la lógica institucional y a la gestión de un independentismo sin más proyección que ser “otra” opción electoral, reforzando la estabilidad sistémica y la correlación de fuerzas favorable al capital.

Y es que en el bloque del soberanismo de izquierdas, si bien identificamos verdaderos sectores abertzales abnegados y socialistas, su vector dirigente y hegemónico pequeñoburgués  con influencia en sectores de la aristocracia obrera y funcionarial, es profundamente anticomunista. Son los sectores del soberanismo de izquierdas más avanzados en términos de conciencia de clase, los que deben cuestionarse la estrategia a la que se auto-subordinan.

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