PERRETXIKO TXIKIA: FASE DE RECOMPOSICION COMUNISTA

1378312_173385026198963_1644510946_n3.- FASE DE RECOMPOSICION COMUNISTA: CONSTRUIR NUESTRO PROGRAMA

No debemos perder de vista que la coyuntura actual permite ofrecer al Bloque en el poder, la indudable realidad de una recuperación del crecimiento macroeconómico que, en el conjunto del Estado español puede llegar a alcanzar más de un 3% en la tasa del Producto Interior Bruto, igual que en Hegoalde, donde incluso el nacionalismo jelkide ve legitimada su gestión con un apreciable aumento de sus apoyos electorales en las últimas elecciones.

De poco sirve denunciar el carácter “engañoso” de esta recuperación económica, vendida por parte del Bloque en el poder como final de crisis y el inicio de un nuevo ciclo expansivo, describiendo las condiciones de empobrecimiento y explotación creciente de los y las trabajadoras, si no implica desarrollar instrumentos para la activación y agudización de la lucha de clases, mediante la organización y el rearme político e ideológico de las masas.

El modelo neoliberal tiene un programa de “salida de crisis” probado y aplicado con éxito en múltiples situaciones a lo largo de su historia. El desempleo, el subempleo y el empobrecimiento del Pueblo Trabajador Vasco, ha sido a lo largo de estos años, la estrategia del capital para recomponer las tasas de ganancia y reconducir el proceso de valorización de capital, en condiciones ventajosas. Es la receta clásica, sólo que desarrollada en un contexto de grave debilidad del movimiento revolucionario y, por ello, de una muy favorable correlación de fuerzas.

Lógicamente la estrategia de agresión sobre el Pueblo Trabajador Vasco, no ha sido generalizada, sino focalizada sobre determinados sectores ya de por sí depauperados y en condiciones sociales y laborales precarias y con una gran vulnerabilidad. Y es que el modelo neoliberal de “salida de la crisis”, ha contado con una alianza de facto con la pequeña burguesía y la aristocracia obrero-funcionarial, para estabilizar la situación política e ideológica del sistema, consolidando y amparando la fragmentación del Pueblo Trabajador Vasco, “normalizando” la pobreza como un mal sólo gestionable mediante políticas sociales que recuerdan la función de la limosna en otras condiciones históricas.

El bloque en el poder, de esta forma, consolida las bases de su legitimidad política e institucional, mediante su alianza con dichos sectores, incluso autodefinidos como “de izquierdas”, mediante un pacto basado en garantías salariales, y derechos laborales y sociales que los convierten en verdaderos “privilegiados” en relación al resto de su clase. Sumemos a esta estrategia de fragmentación del Pueblo Trabajador Vasco, la promovida por el nacionalismo, e incluso considerémoslas como parte de una misma estrategia y quizás podamos entender el subdesarrollo de la lucha de clases en EuskalHerria ante la ofensiva neoliberal y las correlaciones de fuerzas tan desfavorables para los sectores revolucionarios.

Esta estabilización política de los consensos fundamentales dentro de los estrechos márgenes del sistema, tiene como uno de sus pilares fundamentales, el sometimiento al reformismo y/o al nacionalismo, en realidad caras de una misma moneda, de la contradicción antagónica entre capital y trabajo, en la que sea en clave soberanista o al margen de la misma, la “izquierda” persigue la misma finalidad de permanencia en el marco de opresión, explotación y dominación de la Unión Europea, sea como Estado vasco o como ente subordinado dentro del Estado español.

Tál y como hemos afirmado, la ruptura con el marco opresor e imperialista de la Unión Europea y la OTAN, adquiere una centralidad determinante en el proceso de recomposición del movimiento comunista. Aún en la presente coyuntura y a pesar del creciente grado de deslegitimación del entramado europeísta entre los pueblos trabajadores europeos, nuestro planteamiento seguirá siendo visto con recelo, ya que organizaciones que se dicen “de izquierdas”, e incluso que se definen como socialistas, siguen defendiendo dichos marcos, como esencialmente válidos, mintiendo de manera descarada sobre las posibilidades de poder transformarlo de forma progresista y democrática. Comparten con la derecha neoliberal el discurso apocalíptico acerca de las consecuencias de una ruptura con el euro y la troika puesto que, en definitiva, comparten la subordinación  las oligarquías europeas y cumplen un papel fundamental en la reproducción política e ideológica de las condiciones de valorización del capital.

Los comunistas, debemos mantenernos firmes en nuestra línea revolucionaria, combatiendo el posibilismo y el reformismo que lo ampara y desarrollando una intensa labor pedagógica y de agitación y propaganda, articulando la denuncia y la negación del marco imperialista europeo con la afirmación de una alternativa que debe adquirir la forma de un Frente de Pueblos Trabajadores Europeos hacia una Europa de los trabajadores y trabajadoras, con una democracia popular como radical negación a la dictadura del capital como proceso unificador de las luchas nacionales y en el que la reconstrucción de una Internacional Comunista resulta inaplazable. El poder de las oligarquías europeas para coordinar la defensa del sistema capitalista, sólo puede ser vencido por la etensión del internacionalismo proletario, combatiendo a sus opresores nacionales en sus marcos de lucha de clases de manera coordinada con el objetivo del socialismo.

Sólo la lucha de clases determinará cual será el eslabón más débil por el que la cadena opresora y criminal del capitalismo será rota, generándose las condiciones para un avance comunista. La lucha contra el oportunismo, el reformismo y el revisionismo se vuelve fundamental a la hora de ser desenmascarados frente a las masas. La “izquierda” que asume con normalidad la creciente pobreza, explotación y opresión, y que se limita a gestionar limosnas para atenuar la dramática situación en la que amplias fracciones del Pueblo Trabajador Vasco se encuentra, mantiene posiciones radicalmente antagónicas respecto a HERRI GORRI, y a cualquier planteamiento político con un mínimo de ética y de racionalidad.

El Programa político de los comunistas, no adquiere el formato de un “programa electoral”. Dicho esto, debemos clarificar un punto importante. HERRI GORRI considera el marco institucional y los procesos electorales, como un recurso táctico en el proceso de acumulación de fuerzas y su carácter de campo de lucha de clases que puede ser válido en determinadas situaciones coyunturales. Frente a concepciones comunistas “izquierdistas” o anarquistas, el marxismo-leninismo nos ayuda a entender que la lucha de clases se desarrolla en los diferentes campos en los que la confrontación contra el capital y sus apéndices políticos, sociales o institucionales, implica un avance del movimiento comunista, incluso en el cada vez más estrecho margen legal que ofrece el sistema.

Ahora bien, tenemos muy claro que en la presente coyuntura, el marco institucional y los procesos electorales, no son recursos válidos para afrontar estos primeros pasos en la fase de recomposición de una alternativa comunista. El motivo es tan simple como el que de manera previa, debe ser construida la vanguardia-referente comunista y las posiciones comunistas en el Pueblo Trabajador Vasco, deben adquirir una fuerza que hoy no tienen ni de lejos. De otra parte, tampoco encontramos ningún referente electoral que pudiéramos considerar útil su reforzamiento en el seno de las instituciones para garantizar mejoras significativas para las condiciones sociales, económicas y culturales del Pueblo Trabajador Vasco.

La definición gramsciana de “la guerra de posiciones” y “la guerra de movimientos”, como diferentes condiciones en las que la lucha de clases cobra forma, deben ser asimiladas por los comunistas en el desarrollo de una estrategia de vanguardia. Ni un paso más que uno por delante del desarrollo del movimiento popular y el movimiento obrero-sindical, pero jamás un paso por detrás.

-El proceso político-ideológico de recomposición comunista, mantiene para HERRI GORRI como una de sus premisas básicas la autodeterminación como instrumento-garantía de la independencia del Pueblo Trabajador Vasco para la construcción socialista de la nación y antagónico a las concepciones nacionalistas de tipo interclasista y subordinadas a la lógica del imperialismo.

Este proceso de construcción nacional, ligado a la realidad histórica del marco nacional de lucha de clases, se articula dentro de la estrategia marxista-leninista en torno a dos ejes fundamentales:

El primero de ellos, lo referimos a la unificación del Pueblo Trabajador Vasco, partiendo de la realidad de identidades culturales/idiomáticas múltiples que los nacionalismos y el capital instrumentalizan al servicio de sus intereses hostiles al socialismo. El marxismo leninismo combate cualquier tipo de opresión nacional, identitaria e idiomática. El proceso de euskaldunización, desarrollado sobre bases populares y como eje de reivindicación revolucionaria, fue desnaturalizado y apagado, al ser sometido a criterios mercantilistas y transformado en un acto voluntarista, subordinado a las posibilidades y recursos individuales, estructuralmente determinados por la propia realidad socio-lingüística.

La posición de HERRI GORRI es la de una Euskal Herria plurilingüe, en la que el euskera se convierta en el idioma prioritario, coexistente con el español y el francés, en la que la situación ideal sea la de un perfecto conocimiento y uso de estos idiomas que forman parte de la historia de Euskal Herria. Ahora bien, también afirmamos que el impulso del euskera, debe recuperar su carácter popular, esa filosofía en torno al mismo presente en los años 70 y 80, en la que partiendo de la realidad existente, se institucionalicen los medios necesarios para que el Pueblo Trabajador Vasco, pueda acceder al mismo, asignando los recursos necesarios para ello. El euskera ha terminado convirtiéndose en un medio, más que en un fin, en torno al cual se ha creado un sector económico ligado a criterios de rentabilidad y de acceso al empleo público.

La gratuidad del aprendizaje del euskera, en condiciones laboralmente compatibles, la asignación de recursos para que la euskaldunización como elemento colectivo, popular y cotidiano, sean realidad efectiva, implican una transformación política, económica e incluso ideológica. El voluntarismo, la afirmación nacionalista en su uso -o en su negación- e incluso su instrumentalización, deben ser sustituidos por un programa estratégico de desarrollo que los comunistas debemos integrar en nuestros objetivos, teniendo en cuenta las situaciones presentes en Euskal Herria y bajo la premisa de que sólo bajo una democracia socialista se afianzará su progreso histórico, hasta lograr el objetivo de su normalización como idioma cotidiano y propio del Pueblo Trabajador Vasco.

Una EuskalHerria en la que las identidades puedan ser vividas libremente y que el plurilingüismo sea confirmado como realidad efectiva y natural, en tanto que negamos de raíz las mitificaciones nacionalistas vascas y españolas acerca de las identidades culturales, cuyo fin ideológico no es otro que la propia negación del carácter de clase del sujeto revolucionario socialista en cuyo programa se encuentra el propio aplastamiento del nacionalismo como ideología opresora al servicio de las oligarquías de turno.

El segundo eje, es el de transformar al Pueblo Trabajador unificado en poder constituyente superador del capitalismo, el patriarcado y el imperialismo, bajo una democracia de nuevo tipo con los recursos políticos, institucionales, ideológicos y represivos, para aplastar a las fuerzas reaccionarias, negadoras del futuro socialista y defensoras de la barbarie criminal del capitalismo.

De igual forma que la caracterización liberal-democrática de la nación como “Tercer Estado” en contraposición al clero y la aristocracia como poder político opresor del Antiguo Régimen, reflejó un avance democrático fundamental en la historia, el marxismo-leninismo impulsa una nueva concepción de la Nación como “Pueblo Trabajador” en contraposición al capital y a sus apéndices políticos opresores en el capitalismo que conduce a la plena liberación en el comunismo. Es desde esta perspectiva donde la consigna “ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases” adquiere su verdadera dimensión liberadora en una Europa cuyo futuro o será socialista o no será.

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