EL NUEVO MOVIMIENTO OBRERO EN EUSKAL HERRIA (3º PARTE)

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Para los medios de información permitidos en la España franquista durante años no se dieron huelgas, ni manifestaciones ni reclamaciones laborales. Parecería que durante esos años había reinado la paz social. El reloj de la lucha de clases se habría parado en 1939 pero, a pesar de la represión sin límites y del terror desatado, no había nada más lejos de la realidad.
Hubo minorías militantes que continuaron la actividad sindical y política, incluyendo durante más de diez años la existencia de un importante movimiento guerrillero extendido en el conjunto del Estado español.
Entre 1939 y 1959 mientras las masas trabajadoras vivían desorganizadas y atenazadas por el temor y la necesidad de la subsistencia cotidiana, las minorías revolucionarias esperando acontecimientos internacionales que habrían de manifestarse en España (la intervención de las democracias occidentales en la reposición de la República española) luchaban en las guerrillas.
A pesar del desengaño que supuso, terminada la II guerra mundial, la evidencia de la no intervención de los países vencedores de la contienda y que terminaría por considerar a las guerrillas como un callejón sin salida, pronto empezaría a notarse una reactivación de la lucha en el campo laboral.
Los precios de los alimentos de primera necesidad subían ininterrumpidamente como consecuencia del mercado negro, mientras que los salarios se encontraban estancados desde hacía tiempo.
Ya a principios de 1947 hay movimientos reivindicativos entre los metalúrgicos de Madrid, los obreros textiles de Cataluña y en algunas factorías de Gipuzkoa. En ese mismo año, el 1 de Mayo, estalla la huelga general en Bilbao que se inicia con el paro en “Euskalduna”. Sería la primera acción de masas desde 1939 en la que participaron 50.000 trabajadores.
En 1951, con motivo de la subida de las tarifas en el transporte público, se extiende el paro en el sector textil y otras empresas de otras ramas de producción en Barcelona.
En 1953 vuelve a parar Euskalduna y se suman importantes empresas de Bizkaia y Gipuzkoa. Esa fue la tónica general de toda la década.
En definitiva, la acumulación de esfuerzos y sacrificios intensificados por la represión de los años 50 crearon los cimientos en los que se apoyó el nuevo movimiento obrero en los años 60.
Centrándonos en el caso concreto de Euskalherria, fueron Bizkaia y Gipuzkoa las que dieron el tono del crecimiento imparable de las luchas obreras y del desarrollo de un movimiento obrero diferenciado en su composición y forma de actuar en relación al que había existido antes del levantamiento fascista.
Una referencia importante en la caracterización en las formas de hacer y de organizarse las constituyeron las “Comisiones obreras”, constituidas en un principio con un carácter puntual, para resolver problemas concretos, se creaban y se disolvían en el ámbito de la resolución de los conflictos.
Pero en los comienzos del 60 el trabajo escaseaba, las fábricas funcionaban a ritmo lento, para muchos trabajadores no quedaba más alternativa que la emigración o el paro, por lo que aprovechando la favorable coyuntura económica de la Europa del Mercado común desde 1959 a 1962 emigrarían más de 700.000 trabajadores de todo el Estado (el 7% de la población activa en datos de 1958). Paralelamente los periódicos y revistas especializadas anunciaban sin tapujos que los bancos habían obtenido los resultados más brillantes de su historia.
Las dificultades para un despliegue masivo del movimiento huelguístico venían condicionadas por la desorganización de la clase obrera y por el perfeccionamiento de las medidas represivas tomadas por el Régimen para asegurar su orden. El artículo 222 del Código Penal caracterizaba la huelga como un delito de sedición, en Septiembre del 60 se promulgó el Decreto- Ley de bandidaje y terrorismo que facultaba a la jurisdicción militar a intervenir en este tipo de “delitos”.
Los convenios colectivos empiezan a ser discutidos y las experiencias de las luchas de 1956-1959 no han caído en saco roto. En el otoño del mismo año, el malestar por los bajos salarios aumenta y se producirán un gran número de movimientos reivindicativos: En Barcelona, Granada, Madrid, Valencia, a finales de año en la CAF de Beasain se origina una semana de plantes y manifestaciones por la ineficacia del sindicato vertical en la negociación del convenio. Los trabajadores designan una comisión para tratar directamente con la patronal; ésta, por su parte, se resiste a descongelar los salarios y pretende que los convenios sirvan para aumentar la productividad del obrero.
Estamos en el inicio de la experiencia de los convenios, la clase obrera no está suficientemente organizada y su resistencia es, en la mayoría de las veces, totalmente espontánea. Pero lo cierto es que al terminar el año no hay una sola empresa importante donde no esté planteado un conflicto. La lucha por las mejoras salariales llegará a una fase aguda. En Febrero del siguiente año entraría en huelga “La Basconia”, con 3000 obreros, las acciones de Beasaín se extiende a Villafranca de Oria, también hay huelgas en Barcelona y en el marco de Jerez serán los jornaleros los que se pondrán en movimiento mediante una huelga que afectará a más de 10000 trabajadores.
El salario mínimo sigue siendo de 36 pesetas diarias, cuando según Acción Social Patronal el presupuesto mínimo diario para una familia con dos hijos debería ser de 110 a 120 pesetas diarias.
El día 7 de Abril de 1962 empezará una gran batalla con el paro de dos mil mineros del pozo “Nicolasa” de Mieres. Seguirán días después el ”Baltasara”, “Polio”, “Barredo”, etc. Alcanzará la cuenca del Nalón y se sumarán las fábricas metalúrgicas de Mieres y La Felguera. A finales de mes el número de huelguistas sobrepasa los sesenta mil y en Mayo, con los paros de Gijón, se llegara prácticamente a la huelga general en Asturias.
La huelga se extenderá a Bizkaia con más de treinta mil metalúrgicos y a Gipuzkoa con más de diez mil. También 5.500 mineros en León, miles de parados en Jaén , Córdoba, Puertollano, “La Bazán” de Cadiz, la refinería de Escombreras en Cartagena, fábricas de conservas en Murcia, en Rio Tinto, Valencia, Vigo, El Ferrol, Valencia, Zaragoza,…
El 6 de Mayo se inician los paros en Barcelona, miles de octavillas por todas partes. Primero es “Macosa” y la secundarán “Hispano Suiza”, “ENASA”, “Maquinista”, “Hispano Olivetti”. En el cinturón industrial se suceden los conflictos: Badalona, Sabadell, Tarrasa, Berga, Manresa, etc. El 22 de Mayo para “La Euskalduna” de Villaverde (Madrid).
Mientras tanto, la policía armada patrullaba los pueblos de las cuencas mineras y sobre todo a partir de la declaración del “Estado de excepción” en Asturias, Bizkaia y Gipuzkoa (7 de Mayo) se produjeron numerosas detenciones. Trabajadores de Asturias, Bizkaia, Madrid, Cataluña, Valencia, Zaragoza, Getafe, etc., pasarían por la prisión de Carabanchel y terminarían la mayoría de ellos en el penal de Burgos.
Estas huelgas de Abril y Mayo tendrían una importancia trascendental abriendo un nuevo periodo en las luchas obreras en todo el Estado. Se había acabado con la congelación de los salarios y los trabajadores conseguirían sustanciales mejoras. Se produjo un desbordamiento de las estructuras sindicales vigentes (sindicato “vertical”) y paralelamente los trabajadores crearían sus propios órganos de representación – comisiones de obreros- que pasarían a discutir directamente con las empresas y las jerarquías del “sindicato”. Se empezaron a perfilar claramente las reivindicaciones que a partir de entonces serían una constante en el movimiento obrero: aumento de los salarios, reducción de la jornada de trabajo, AMNISTIA, derecho de huelga, sindicato representativo, libertades democráticas. La participación masiva de las jóvenes generaciones de trabajadores perfilaría un nuevo movimiento obrero, original en sus nuevas formas de actuación con asambleas abiertas, pacíficamente (aunque algunas no terminaran de tal manera) pero con firmeza y con reivindicaciones claras y concretas.
Los paros y las huelgas se sucederían con mayor o menor intensidad en los años sucesivos de manera ininterrumpida. Así, según datos oficiales de la época:
1963……………………595 huelgas
1964……………………126 “
1965…………………….150 “
1966…………………….108 “
1967……………………..513 “
1968……………………..222 “
Por otro lado, las motivaciones de los conflictos sufrieron una evolución importante. A partir de 1967 ocupan un primer lugar las motivaciones político-sociales. La solidaridad con los despedidos y represaliados sería otro motivo importante de conflicto.
En el informe de la OIT, entre otras cosas, se destaca que: “Las estadísticas revelan que las huelgas, a pesar de ser ilegales, señalan una marcada curva ascendente”.
Pero la resistencia del “Régimen” es fuerte y se manifiesta con la sentencia del Tribunal Supremo sobre el asunto de la huelga de “Laminación de Bandas” de Echévarri, con la que intentará acabar con cualquier ilusión de legalización de la huelga. Vendrá a decir que toda huelga es ilegal y motivo suficiente para la rescisión del contrato laboral.
En 1967, a la par que se ponía en marcha el nuevo “Plan de Estabilización” para hacer frente a la crisis por la que atravesaba el capitalismo español, se sumaban nuevas medidas de “orden público” a las ya existentes: ley de bandidaje y terrorismo; sentencia del Tribunal Supremo declarando ilegales a las Comisiones Obreras, despidos de las empresas, etc. A pesar de ello los trabajadores demostrarían una gran capacidad de respuesta. Los juicios por asociación ilícita, reunión y manifestación se sucederían ininterrumpidamente ante el TOP (Tribunal de Orden Público). En 1968 hubo un millar de sumarios y otro tanto en 1969. A finales de Enero de 1969 se declararía el estado de excepción en “todo el territorio nacional”. Pero esta medida extrema no impedirá que se produzcan amplios movimientos huelguísticos en Bizkaia y Cataluña, en Asturias y Sevilla.
En el comienzo de los setenta surgirán acciones espectaculares que situarán al conjunto del movimiento a un nivel superior: Ferrol, Vigo, SEAT de Barcelona, construcción de Madrid y Sevilla, Gipuzkoa durante el Consejo de Guerra de Burgos, Asturias, Bizkaia serían sus expresiones más significativas.
A modo de conclusión: Hemos puesto de manifiesto (de manera resumida) la importancia del movimiento obrero en el devenir de los acontecimientos históricos desde la derrota de las fuerzas populares en la guerra revolucionaria contra el fascismo hasta la muerte del “Dictador” y la denominada “Transición”. El eje central de la resistencia en Euskalherría y el elemento determinante en el contradictorio proceso de construcción nacional. Y lo hemos relacionado con el movimiento obrero del conjunto del Estado porque no haberlo hecho hubiera supuesto el fraude más grande a la historia reciente de Hego Euskalherría y una de las mistificaciones más grandes y agresiones a la verdad.
Ciertamente la práctica desaparición del nacionalismo vasco (salvo minoritarias y honrosas excepciones de sindicalistas de SOV y de los restos del nacionalismo de izquierdas de ANV ) representado por el PNV en el terreno de la oposición política práctica, trajeron consigo la aparición de nuevas fuerzas políticas que desde su origen nacionalista evolucionarían hacia un nacionalismo de izquierdas, ambiguo en su formulación pero realmente eficiente en su capacidad de movilización política que pondría encima de la mesa la vieja reivindicación comunista de hacer de la lucha por el socialismo y las libertades nacionales un mismo combate. Tal posicionamiento respondía, directa o indirectamente, a la influencia del protagonismo del movimiento obrero vasco, en particular, y al impacto causado en las nuevas generaciones abertzales por los movimientos antiimperialistas y la ofensiva generalizada a escala internacional por el socialismo.
Para finalizar, el recuerdo de los acontecimientos más destructivos para el conjunto del movimiento obrero y de las consecuencias más devastadoras para el conjunto de las naciones y pueblos oprimidos por el Estado español con la consolidación durante cuarenta años de la “Transición”, la imposición de la manipulada Constitución y la consecuente postración de la histórica oposición al fascismo.
La transición de la Dictadura hacia “una democracia avanzada” fue abortada en su inicio desde la cooperación de la oligarquía española (que seguía detentando los resortes esenciales del PODER) con la socialdemocracia europea como presentación respetable de un “cambio” sin sobresaltos.
El PCE, que había venido evolucionando en los últimos años hacia posiciones reformistas, abandonando los principios revolucionarios que determinaban su razón de ser y que fueron sustituidos de manera progresiva por una revisión del marxismo (eurocomunismo), terminaría provocando la voladura controlada del Partido Comunista de Euskadi. Sus siglas (poco más hay) representan la negación de lo que fueron sus señas de identidad durante más de sesenta años de duras luchas de sus militantes, de su sacrificio y combatividad en los duros años de la Dictadura de Primo de Rivera, de la guerra contra el fascismo y durante la lucha clandestina durante los cuarenta años de dictadura.
Este vacío político pronto tuvo una repercusión muy negativa en el sector más organizado como eran las CCOO. El sindicalismo de nuevo tipo, de carácter asambleario y participativo, pronto se trasformó en lo contrario, convirtiéndose de hecho en una pieza más del mecanismo del Estado al servicio de la Oligarquía y sumiso con el imperialismo.
Por eso, hoy el objetivo no puede ser otro que la recomposición del movimiento obrero sobre la base de la más amplia unidad de todos los trabajadores vascos, independientemente de sus sensibilidades nacionales, en el camino de volver a situarlo en el eje de la lucha por la consecución de la República Socialista de Euskalherria como síntesis de las reivindicaciones nacionales en el marco del socialismo de raíz y carácter internacionalista.

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