APORTACION SOBRE COYUNTURA: REFORMISMO Y MOVIMIENTO COMUNISTA

EL REFORMPIBISMO: SUS LIMITACIONES Y RENUNCIAS, ESPACIO PARA LA PRAXIS COMUNISTA

Desde el surgimiento de PODEMOS, y más aún en su progresiva deriva hacia “el centro”, los diferentes núcleos comunistas de Euskal Herria y el Estado español, hemos compartido la denuncia de su reformismo, su oportunismo y hemos tratado de desenmascarar sus contradicciones y los límites políticos, perfectamente establecidos en los márgenes del sistema. Ciertamente, estas críticas, no han tenido efecto relevante entre amplias capas del proletariado más golpeado por la crisis del capitalismo y la posterior ofensiva del capital. De hecho, han mantenido respecto a PODEMOS una percepción de “cambio”, de ruptura, respecto a las políticas antisociales y antidemocráticas desarrolladas estos años de reestructuración capitalista.

En los años 2011 y 2012, se llegó a considerar que el Régimen del 78 estaba resquebrajándose, debido a las movilizaciones, a un despertar brusco de la realidad del capitalismo, en forma de desempleo, explotación, opresión y dominación. Pero nada más lejos de la realidad; el surgimiento de PODEMOS esencialmente, significó dotar al conjunto de movilizaciones, dispersas, heterogéneas y espontáneas, precisamente de lo que el movimiento comunista no estaba en condiciones de ofrecer: unidad y estrategia política. Pensar que de esa amalgama de entusiasmo popular, hubiera podido surgir un fuerza motriz revolucionaria, fue un error en el que muchos y muchas marxistas incurrimos en algún que otro momento.

Además, aún siendo conscientes de lo que PODEMOS era, su discurso en sus albores, en torno al impago de la “deuda ilegítima”, la hipotética salida del euro y su programa de reformas sociales, lo posicionaban como una verdadera alternativa de “izquierdas” que podría catalizar ese movimiento incluso más allá de los márgenes del sistema.

El contexto post-crisis del 2008, agudizó las contradicciones de clase, determinó una toma de conciencia entre los pueblos trabajadores-proletariados del Estado español, pero dicho avance se concretaba fundamentalmente en un eje reformista, simple y llanamente, porque no existían condiciones para otra cosa. Tengamos presente, que aún en las elecciones municipales, autonómicas y generales del 2015, el bloque PP-PSOE, siguió recibiendo apoyo explícito de importantes fracciones del proletariado que ni tan siquiera se movían en parámetros reformistas… Es decir, a 7 años de la crisis, con la sucesión de recortes en derechos sociales, laborales, con un desempleo del 22%, precarización y depauperización relativa y absoluta, con datos de malnutrición infantil, con una legislación cada vez más opresiva y represiva… el Partido Popular obtiene 123 escaños, el PSOE 90, PODEMOS 69 y CIUDADANOS 40.

Nunca hemos llegado a creer que PODEMOS sea producto de un “malévolo” plan desarrollado desde algún oscuro despacho cercano a alguna cloaca del Estado. Respondió, a nuestro entender, a una realidad social que se transformó en una organización política de izquierdas que, sumido en el electoralismo, asumió un viaje al centro, en el que las renuncias programáticas, fueron inversamente proporcionales al aumento de su base electoral. Objetivamente, dicho “tránsito al centro del espectro político”, implicó el propio reforzamiento del Régimen del 78, contrapesando una “renovada” izquierda sistémica, con una “renovada” derecha sistémica en CIUDADANOS, operándose un proceso en el que los ejes izquierda-derecha, podían recomponerse en los parámetros previstos del Régimen.

Culpabilizar a PODEMOS de los males del Movimiento Comunista, no es serio. Pensar que las movilizaciones generadas a partir del fenómeno del “15 M”, no fueron a más, porque PODEMOS se encargó de “encauzarlas” hacia el ámbito estrictamente electoralista, es afirmar y confirmar los errores del Movimiento Comunista y su incapacidad para desarrollarse en dicha coyuntura. Sin dirección política, sin estrategia, dicho movimiento se hubiera disipado. PODEMOS ofreció estrategia, dirección y una metodología de acumulación de fuerzas muy adecuada, algo que el Movimiento Comunista ni pudo, ni supo plantear.

En el caso de Euskal Herria, en Hegoalde, PODEMOS también ha incrementado sus apoyos electorales, llegándose al punto de que en las últimas elecciones generales, sobrepasaron a la Izquierda Abertzale y, en el caso de Euskadi, sobrepasaron en porcentaje de voto al propio PNV. Así, en Euskal Herria sur, constatamos dos ejes reformistas de izquierdas, uno abertzale y otro no abertzale y a su izquierda, un Movimiento Comunista fragmentado y desestructurado.

Ya hemos expuesto en más de una ocasión, la imposibilidad de reconstruir un “Estado de bienestar”, aún con las limitaciones evidentes que existió en el Estado español. No insistiremos en ello, pues resulta evidente que en. el contexto de acumulación que trata de reorganizar el capital, resulta inviable. Ni siquiera un bienintencionado gobierno estatal de “izquierdas”, podría afrontar sin una ruptura efectiva con el marco de la Unión Europea, un programa de reconstrucción de un Estado de bienestar, con empleo garantizado en condiciones dignas, o con derechos sociales y laborales recogidos incluso en la propia Constitución.

El Estado de Bienestar, fue el resultado de un contexto en el que, para empezar, el acelerado ritmo de acumulación, posibilitó evidentes mejoras salariales, en un contexto de lucha de clases en el que la práctica ausencia de desempleo, establecía unas correlaciones de fuerzas favorables al movimiento obrero. En el caso del Estado español, la legitimidad del Régimen del 78, impuso la necesidad de un “Estado de Bienestar”, en realidad continuador de las políticas populistas del régimen fascista, con una democracia burguesa formal autoritaria.

Pero lo preocupante es que, el reformismo, electoralmente movilizador, que indudablemente ha sabido transmitir la ilusión de un posible “cambio” entre amplias capas populares, se agotará por sus propios límites y contradicciones. Lo hará, de manera paralela a las renuncias programáticas, a su ineludible sometimiento a los estrechos márgenes de lo posible y la solución electoral será el retorno de una derecha, reiniciando un ciclo de nueva alternancia partidista, quizás más rica, con presencia de nuevos partidos pero, en definitiva, reproduciendo el esquema previsto por el “añejo” Régimen del 78.

La coyuntura actual no posibilita socializar entre el proletariado, un programa socialista de manera efectiva. No existen condiciones objetivas para promover una línea de masas con un programa socialista en la mano; incluso resultaría dudoso que medidas que “apunten” hacia el socialismo, con reformas profundas en el sistema de propiedad, reparto del empleo a igual salario, una fiscalidad que controle los superbeneficios del entramado empresarial de la oligarquía… resultaran poco más que una “utopía”.

Ciertos núcleos comunistas , ante esta situación, han resuelto funcionar desde dos posiciones extremas, con múltiples formas intermedias entre las mismas. De una parte, tenemos la posición que reafirma la necesidad de presentar a las masas, el programa máximo del socialismo, bajo la premisa de que la propia evolución de las luchas espontáneas, generará la formación de una “vanguardia práctica” en el movimiento obrero y movimiento popular, que asimilará la “ideología comunista”, como condición necesaria para superar la explotación, dominación y opresión. Ya hemos criticado en otros textos, en polémica con la organización KIMETZ, esta orientación, por lo que no nos extenderemos más.

La otra posición, considera que el movimiento comunista debe participar de manera explícita o implícita, en el reformismo existente, integrándose en él con la premisa de que este acercamiento a las masas, posibilitaría al movimiento comunista ganar presencia y posibilidad de incidir ideológicamente.

Tanto una posición como otra, consideramos que no son respuestas adecuadas a la coyuntura actual. La primera de ellas, conduce al inmovilismo, al sectarismo y al izquierdismo; la segunda, invariablemente desemboca en el oportunismo, en engrosar las filas del reformismo y en ajustarse al actual nivel de conciencia de las masas, considerando de manera mecanicista, que la propia evolución de las luchas espontáneas, generaran avances cuantitativos.

LA NECESARIA REFERENCIALIDAD

En HERRI GORRI, consideramos que al reformismo sólo se le puede combatir en el terrenos de las reformas, ya que el actual estadio de conciencia del proletariado, no posibilita otro medio de constituir al movimiento comunista en vanguardia. Combatir al reformismo en el terreno de las reformas, no es un juego de palabras, sino asumir desde el análisis materialista de la coyuntura, la situación realmente existente, en la que -no nos olvidemos- una parte del proletariado muy significativa, se encuentra aún sumida en el campo ideológico-político reaccionario del bloque en el poder. En el caso del Estado español, del bloque PP-PSOE y en el caso de Hegoalde, del PNV.

Tras años de neoliberalismo, los Pueblos Trabajadores han incrementado su conciencia sobre los límites del “neoliberalismo”, como variante extrema de la ideología dominante, pero no del capitalismo, como medio de producción. Lógicamente, dicha conciencia posibilita identificar las injusticias del sistema, los retrocesos democráticos en derechos políticos, sociales y civiles, pero los analiza en parámetros de “injusticias”, no como un efecto estructural del propio sistema capitalista en su necesidad de reproducirse socialmente.

Pongamos un ejemplo que nos parece muy gráfico. En el caso de Madrid, la “alcaldía progresista” regida por la señora Carmena, fue posible gracias a los compromisos adquiridos con parte del movimiento popular, esencialmente con los movimientos anti-desahucios y los derivados de las movilizaciones contra los recortes sociales, derivados de la ofensiva del capital. A lo largo de su gestión -como no podía ser de otra forma- la práctica reformista se topa con la legalidad, con los márgenes del sistema, con que la vivienda es un derecho básico, pero sometida a los sagrados derechos de propiedad del capital. Dentro del movimiento que apoyó la “alcaldía progresista”, comienzan a surgir contradicciones, ante las promesas incumplidas, renuncias programáticas o su “ajuste” a la legalidad vigente. De hecho, en el movimiento articulado en torno a los desahucios, han surgido ya críticas abiertas hacia la “alcaldía progresista”. ¿Cuál debe ser la posición de los comunistas ante estas contradicciones? ¿Presentarles a estos sectores la alternativa de “la Dictadura del proletariado”, en la que ciertamente se resolvería el problema de la vivienda, pero que no alcanzaría ninguna incidencia real, o tomar los y las comunistas la bandera de las reivindicaciones más avanzadas en política de vivienda y estructurarnos en dicho movimiento como referente?

Referente sin duda alguna, no electoral, porque en esta coyuntura, el movimiento comunista no está en condiciones de transformar las instituciones burguesas en un frente de lucha de clases. Ser referente del proletariado, es desarrollar de manera organizada y estratégica nuestra incidencia en el Movimiento Obrero y el Movimiento Popular, articulando de forma dialéctica nuestro programa estratégico y el programa táctico adecuado para la coyuntura existente. Los y las comunistas, no nos escondemos; nuestro objetivo estratégico es el socialismo y la superación histórica de la ley del valor trabajo, primero adaptándola a las necesidades de la transformación socialista y posteriormente construir las condiciones para su extinción. No nos escondemos, pero ante todo nos guía la ciencia del materialismo histórico y nuestro programa táctico, subordinado al estratégico, debe fundamentarse en la realidad de la lucha de clases, en las correlaciones de fuerzas, en un análisis profundo de las condiciones políticas, económicas, sociales e ideológicas presentes.

Establecer bases para el encuentro entre diferentes núcleos comunistas, es algo esencial. Lo es desde una doble perspectiva, una de ellas, clarificar posiciones, determinar la estrategia general del Movimiento Comunista, concretar los objetivos del Programa máximo, definir la vía de una verdadera democracia socialista, otra, -y seamos claros en ello- es la propia viabilidad de una praxis militante articulada, coordinada y organizada. La praxis del Movimiento Comunista, no puede seguir funcionando con un núcleo de diez militantes allí, cinco allá o treinta en el otro lado, duplicando esfuerzos militantes, “compitiendo” entre núcleos y en plena vorágine endogámica y al margen de la realidad. Ante este panorama, los sectores políticamente más avanzados del movimiento polular y del movimiento obrero, no identifican ningún tipo de referencialidad, no consideran que aportemos algo valioso o efectivo a sus luchas cotidianas. Demasiadas veces, militantes del movimiento popular con una “conciencia filo-comunista” que les acerca a alguna organización comunista del amplio espectro existente, terminan por desvincularse de las mismas por la desconexión política, por la dejación en los problemas concretos.

Pero además de este proceso de unificación entre núcleos, debemos ir más allá, desarrollando formas de intervención que materialicen de manera concreta y efectiva la lucha por reformas, con una direccionalidad ascendente de organización, movilización y de la conciencia del Pueblo Trabajador-Proletariado. Consideramos que el avance electoral del reformismo frente a las posiciones reaccionarias, son una buena base para desarrollarnos como movimiento, pero insistimos, como no nos desarrollemos orgánica y políticamente en referente comunista, las renuncias del reformismo y sus limitaciones, revertirán de nuevo en beneficio del bloque “duro” en el poder.

AMBITOS Y MARCOS DE LUCHA POLITICA E IDEOLOGICA

En HERRI GORRI siempre hemos sostenido nuestra vinculación organizativa, política e ideológica a Euskal Herria como Marco Nacional de lucha de clases. De una parte, la definición nacional del marco de lucha de clases, implica afirmar las características propias e históricamente determinadas de Euskal Herria, de su lucha de clases y de las condiciones en las que planteamos el objetivo estratégico de la República Socialista Vasca.

Por otro lado, la Autodeterminación siempre la hemos considerado como un proceso que rebasa con mucho la cuestión de la independencia. La Autodeterminación, la vinculamos a un sujeto -El Pueblo Trabajador-Proletariado Vasco- y a un proyecto de transformación social, en el que la soberanía política y económica es la condición para consolidar un poder popular que inicie la transición socialista.

Sin la formación de ese sujeto, sin ese vector socialista que impulse una correlación de fuerzas favorable frente al bloque en el poder, no hay autodeterminación. La autodeterminación como derecho democrático fundamental, es una forma vacía, en la que las correlaciones de fuerzas, determinan la orientación de clase que asume el proceso.

Es por eso que desvinculamos la autodeterminación, de cualquier premisa nacionalista, al considerar que el proceso de autodeterminación, se debe desarrollar partiendo de la unidad del Pueblo Trabajador-Proletariado Vasco y la soberanía política y económica como su instrumento de superación de cualquier tipo de opresión, dominación y explotación. De ahí que no coincidamos con el nacionalismo, cuando establece como sujeto político “la ciudadanía en general” o “Euskal Herria”, pues en Euskal Herria no existe más clase oprimida y explotada que el proletariado y dentro de éste, es el proletariado femenino su sector más oprimido y explotado. No profundizaremos más en estas cuestiones, que ya hemos clarificado en distintos momentos.

Si debemos avanzar en otra cuestión que consideramos de especial relevancia. La lucha de clases en Euskal Herria y la liberación social del Pueblo Trabajador-Proletariado, es un proceso nacional, en tanto que específica e históricamente producto de las condiciones en la que el capitalismo cobra existencia. Desde esta premisa, llegamos a otra, y es la de la necesidad de definir como otro ámbito de lucha política e ideológica, de desarrollo de políticas de alianzas preferentes, el Estado español.

En HERRI GORRI, no escondemos bajo un internacionalismo abstracto el carácter preferente y prioritario del marco estatal español, como ámbito de lucha de clases relacionado dialécticamente, con la existente en Euskal Herria. Ciertamente, la lucha antiimperialista y anticapitalista -en realidad la misma lucha- precisa de una coordinación, de una unidad de objetivos a escala internacional, sea con organizaciones del ámbito europeo o de otras realidades, pero bajo esta obviedad, no podemos negar el carácter sobredeterminador del Régimen del 78, en la propia dinámica de la lucha de clases en Euskal Herria.

El Régimen del 78, como forma histórica que asume el Estado español para la reproducción social del capitalismo y de la dinámica de acumulación, integrado en la división internacional del trabajo fijada por el imperialismo, oprime, domina y explota al conjunto de Pueblos Trabajadores-proletariados del Estado. En el caso de Hegoalde, el PNV (Partido Nacionalista Vasco), ha sido un pilar fundamental en el sostenimiento, legitimación y consolidación del Régimen del 78, actuando como un aparato ideológico-político, gestionando la acumulación y actuando como representante político del capital.

La autodeterminación, como proceso de liberación social de los Pueblos Trabajadores-Proletariados del Estado, encuentra una doble estrategia. De una parte, el propio desarrollo y agudización de la lucha de clases en cada marco nacional, ligando soberanía política y económica, no a una reorganización burguesa, mejorando las condiciones de valorización del capital, sino a la plasmación de un programa, en principio, democrático-popular. De otra parte, el propio desarrollo y agudización de la lucha de clases en el marco estatal, con una coordinación estratégica en cuya base necesariamente se encontrará la defensa a ultranza de la autodeterminación y el derecho a la secesión, si en los diferentes marcos nacionales, así se determinara en un proceso constituyente.

Considerar, como hacen ciertos nacionalistas, incluso “de izquierdas”, que “España no es nuestro problema”, resultaría incluso cómico, si no fuera por las nefastas consecuencias y premisas de dicho planteamiento. Como si el PNV no hubiera sido el celoso gestor del Régimen del 78 en Hegoalde, y de la reproducción social del capitalismo, junto al PSOE y el PP, o la propia participación en la gestión de Diputaciones y/o ayuntamientos, de independentistas, no hubieran otorgado un barniz de legitimidad institucional al régimen.

El Estado español, es un flanco débil de la Unión Europea. Su peso económico, su nivel de endeudamiento (101% del PIB), precisan de un régimen autoritario para garantizar la reproducción social de su capitalismo periférico, respecto al núcleo central de la Unión Europea. El impago de la deuda ilegítimamente transformada en pública, un cuestionamiento de las directrices de la Troika, o una política de nacionalizaciones y control de las empresas del IBEX-35, de sus beneficios reales y sus transvases financieros hacia paraisos fiscales, son riesgos que no podrían ser asumidos por la Unión Europea y la oligarquía estatal.

El desarrollo de procesos de autodeterminación en los diferentes marcos nacionales en el Estado, bajo la dirección de sus proletariados y las organizaciones que los representan; la coordinación de estos procesos con movimientos y organizaciones que avancen en el camino de una República Popular Española, que reorganice las condiciones de un proyecto popular constituyente, en el que la libre adhesión o la secesión de los marcos nacionales, sean garantizados, es un horizonte que debiera ser estudiado con seriedad. En HERRI GORRI, consideramos que sería un marco favorable para la agudización de la lucha de clases, para la construcción de un Bloque revolucionario y para la configuración de un vector socialista.

LUCHA POR REFORMAS

La debilidad del Movimiento Obrero, el rol que sindicatos como CCOO y UGT cumplen como aparatos al servicio de la reproducción social del capitalismo en el Estado, la tendencia a la burocratización de otros sindicatos, la creciente dificultad de la actividad sindical, en un contexto de alto desempleo, precarización y desmoralización generalizada, apuntan a una coyuntura ciertamente difícil de gestionar.

Ya Marx era consciente de que en fases post-crisis de la acumulación capitalista, de alto desempleo e intensificación de la explotación, las reivindicaciones y el poder negociador del proletariado, caía en picado. Porque en contra de lo que ciertas orientaciones comunistas parecen apuntar, cuanto peor es la situación de proletariado, no necesariamente -ni mucho menos- implica una mayor toma de conciencia y de movilización, sino más bien de sometimiento y desmoralización. La frase “es lo que hay…” cuando se aceptan empleo indignos, precarios, en condiciones salariales que ni tan siquiera cubren el valor de reproducción de la fuerza de trabajo, es más plausible que la resistencia, lo que se agudiza en situaciones como la que vivimos, sin un Movimiento Comunista fuerte capaz de orientar la lucha y la resistencia.

El Movimiento Comunista, debe forjarse en la coyuntura actual, en una trinchera de defensa de líneas rojas que el reformismo está dispuesto a abandonar. La defensa de una sanidad y una educación públicas, gratuitas y de calidad, la vigencia de convenios colectivos frente a los convenios de empresa, la derogación de las reformas laborales, el laicismo, el ejercicio de la autodeterminación, la amnistía de los presos y presas políticos, la igualdad de derechos y deberes de hombres y mujeres y una democracia republicana, son ejemplos de lo que defendemos en esta última trinchera. Desde esta perspectiva, el impago de la deuda, como sujeto ideológico central, asume una importancia esencial, tanto aportando viabilidad económica y presupuestaria, como de acumulación de fuerzas en contra del marco opresor de la Unión Europea y la Troika, estableciendo un buen nexo de unión entre programa mínimo y programa máximo . Si el Movimiento Comunista no está en condiciones de estructurarse, de implantarse en el movimiento obrero y popular, en torno a estos principios mínimos democráticos, como primer paso para iniciar una contraofensiva, no habrá futuro. Podremos seguir divagando sobre “líneas de reconstitución partidaria”, celebrando los natalicios de Stalin o Lenin y los tiempos en los que los comunistas éramos algo, o hablando sobre “guerras populares”, pero en Euskal Herria y en el Estado español, la clase dominante seguirá dominando, que es lo suyo.

El Movimiento Comunista, no es -ni puede ser- alternativa electoral. La lucha por las reformas, sólo pueden ser realizadas desde la movilización, la organización, el logro de pequeños o grandes triunfos, que generen nuevos estadios de organización popular, toma de conciencia, acceso por parte del proletariado a la ciencia del marxismo-leninismo, configuración y reforzamiento de la vanguardia y así se abre el camino, ante todo preservando la independencia de clase.

HERRI GORRI, MAYO 2016

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