PERSPECTIVAS: Algunas reflexiones con el “¿Qué Hacer?” en las manos (II). Jon Ibaia, militante de Herri Gorri.

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La “materia prima” ideológica, dicho de otro modo, la conciencia espontánea que, entre amplios sectores del proletariado surge como producto de las contradicciones generadas dentro del propio funcionamiento del capitalismo, sin la fusión con el socialismo científico, no puede desembocar en una plena toma de conciencia, ligada a la propia superación del capitalismo.

En la dinámica sindical, ámbito en el que la explotación y las condiciones materiales en la que se desarrolla de manera más directa, la lucha por impulsar subidas salariales o la mejora de un convenio, responden a una práctica que incluso está regulada dentro de los márgenes del sistema. La capacidad de la práctica sindical para alcanzar resultados, está además determinada por las correlaciones de fuerzas existentes entre el capital y el trabajo, a nivel general, de sector o incluso dentro de la misma empresa.

Lógicamente, la lucha por la subida de salarios, puede implicar una toma de conciencia básica, en la que de forma “instintiva”, los trabajadores y trabajadoras, consideren injusto su salario, porque no llegan con él a fin de mes, mientras los beneficios de la empresa se incrementan. Ahora bien, esa conciencia espontánea, ni siquiera implica en determinados contextos desfavorables para el movimiento obrero, una movilización en torno a reivindicaciones “prácticas”, concretas. En situaciones de alto desempleo, con un sindicalismo transformado en un apéndice del capital, esa conciencia espontánea, no genera organización, movilización y reivindicación de forma automática.

La fusión del socialismo científico con la clase trabajadora, ¿cómo se realiza en la práctica? ¿cómo “desde la exterioridad” de la práctica necesariamente reformista del sindicalismo o de los movimientos de protesta, puede realizarse dicha fusión?. Podemos extender esta pregunta, a los movimientos generados en torno a los recortes sociales, los desahucios o en torno a la defensa del carácter público de la educación y la sanidad. Desde nuestro planteamiento, precisamente conectando con los sectores más avanzados del movimiento popular y que, a su vez, éstos “arrastren” a los sectores más desmovilizados y despolitizados.

El desarrollo de una línea de intervención en estos ámbitos, en los que la lucha de clases y las contradicciones del capitalismo se explicitan, implican la necesidad de una organización que, si bien externamente, es decir, no siendo “un sindicato”, “un movimiento” o “una plataforma”, establezca las condiciones en las que el movimiento comunista intervenga en los mismos.

Ha sido recurrente la crítica que desde ciertos sectores comunistas, se realizó a PODEMOS, por su papel efectivo y fáctico, de reconducir las movilizaciones post-crisis hacia la lógica institucional y electoralista. Sin duda alguna, todo el movimiento generado en torno al denominado “11.M”, no podía sobrevivir en el tiempo, estrictamente desde el movimientismo. El Movimiento Comunista, se centró más -sobreabundó de hecho- en la deslegitimación del movimiento y su previsible escaso recorrido y, posteriormente, cuando PODEMOS comenzó a instrumentalizarlo en su propio beneficio electoral, las críticas se centraron en este aspecto. Ahora bien -y lo planteamos no como mera retórica, sino esperando respuestas efectivas- ¿qué debiera haber hecho el movimiento comunista?.

Se puede y se debe exigir a los gobiernos burgueses las más diversas reformas; lo que no se puede pedir sin caer en el reformismo, es pedir a estas gentes que desgarren esa red [refiriéndose al imperialismo]”

Es decir, el planteamiento leninista diferencia la práctica reformista -recordemos la diferencia que establece entre el marxismo y el anarquismo en relación a las reformas- del reformismo que implicaría que la organización-partido, acabara formando parte del entramado institucional, esperando que desde el mismo, el sistema pudiera ser transformado. El movimiento comunista, más preocupado en la crítica y sin plantearse algún tipo de referencialidad, renunció a plantear batalla ideológica alguna, ni denunciando el escaso recorrido de los movimientos de protesta sin su “politización”, ni desenmascarando al reformismo que terminaría subsumiendo al movimiento.

Sin entrar en demasiados detalles, desde la crisis, hemos tenido organizaciones comunistas que han tratado de presentarse en los diferentes comicios electorales, como medio de “conectar” con las masas, otras han optado por desarrollar líneas de intervención y participación en el movimiento popular, con el objetivo de implantarse en los mismos, sin entrar en la lógica electoral. También tenemos organizaciones que han funcionado desde modelos de clandestinidad o semi-clandestinidad y los diferentes intentos de la denominada “línea reconstitucionalista” de aglutinar a la “vanguardia teórica”. Incluso hay organizaciones, que se han integrado como “corrientes internas” dentro de movimientos más amplios. ¿Cuáles son los resultados? Que cada cual ponga siglas a cada una de las opciones enunciadas y que llegue a sus propias conclusiones.

En Herri Gorri, nuestro planteamiento siempre ha estado más en la línea de mantener contactos con diferentes colectivos, dentro de lo que sería “la vanguardia teórica”, con el objetivo de desarrollar líneas de intervención en el movimiento popular. Lógicamente, nuestra debilidad cuantitativa, ha impedido desarrollar ninguna línea de intervención, pero es a lo que aspiramos.

Si partimos de la debilidad, no ya del movimiento comunista, sino incluso de los movimientos de masas ¿qué diagnóstico debemos hacer?. En Eukal Herria sur, ni las opciones reformistas de PODEMOS o EH BILDU, han logrado aglutinar electoralmente a unas masas que han persistido en un apoyo mayoritario al PNV, una organización reaccionaria, nacionalista y neoliberal. Y aún en caída, un sector significativo, ha seguido apoyando al PP-PSOE. ¿De qué fusión estamos hablando? Porque el PNV,, ha logrado la mayoría en el Parlamento Vascongado. ¿Hubo algún intento de cuestionar la propia hegemonía del PNV, afirmando que en la CAV no se vive tan bien? ¿Hubo siquiera un esbozo de alternativa, siquiera “de izquierdas”, con capacidad de movilizar a las masas con reivindicaciones avanzadas? ¿No había condiciones para plantear un “paz, pan y tierra”, de igual forma que los bolcheviques hicieran en su momento, más allá del formalismo de una lucha de clases abstracta?.

Algo que tiende a ser olvidado por los lectores “excesivamente atentos” del “¿QH?”, sobretodo a las cuestiones relativas a “los revolucionarios profesionales”, a la “exterioridad” del Partido respecto a las masas, es que pocos años después, en el proceso revolucionario de 1905, asigna al “¿QH?” las características de un planteamiento ligado a una determinada coyuntura. Una coyuntura de fuerte represión por parte del zarismo, sobre el conjunto del movimiento revolucionario ruso, que impuso unas condiciones en las que la clandestinidad, había sido necesaria.

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En febrero de 1905, en una resolución del III Congreso, cuando la presión represiva del zarismo había sido aflojada, escribió: “Bajo condiciones de libertad política, nuestro partido puede y tiene que ser construido enteramente sobre el principio de la elección. Bajo la autocracia esto es imposible de practicar por los miles de colectivos que forman parte de nuestro partido”. Y de manera mucho más explícita, en noviembre de ese mismo año, en su artículo “La reorganización del Partido”, afirmaba de manera mucho más explícita:

Las condiciones en que desarrolla su actividad nuestro partido, cambian radicalmente. Se ha conquistado la libertad de reunión, de asociación y de prensa…”

Nosotros, los representantes de la socialdemocracia revolucionaria, los partidarios de la “mayoría”-bolchevique-, hemos dicho repetidamente que la democratización total del partido era imposible en las condiciones del trabajo clandestino… Pero nosotros los bolcheviques, siempre hemos afirmado que en nuevas condiciones, al pasarse a la libertad política, sería necesario adoptar principios democráticos”

La clandestinidad se desmorona. Adelante, pues, con audacia tomemos las nuevas armas, distribuyámoslas entre los nuevos contingentes, ampliemos nuestras bases de apoyo, llamemos a todos los obreros socialdemócratas, incluyámoslos por centenares y por millares en las filas de la organización del Partido”

El modelo de partido y movimiento revolucionario al que Lenin aspiraba, era el existente en Alemania “el primero respecto de organización, integridad y coherencia”. Es decir, lo que tenemos ante nosotros y nosotras, no es una contradicción en Lenin, sino la adaptación de los principios organizativos, de la praxis política revolucionaria, a las condiciones concretas en las que se desarrolla. La transformación de las condiciones en las que la organización revolucionaria podía funcionar, llevaría a Lenin a realizar afirmaciones como estas:

La clase obrera es instintiva, espontáneamente socialdemócrata…y más de diez años de accionar socialdemócrata han hecho un gran trabajo para transformar esta espontaneidad en conciencia…”

(No debemos temer) un repentino flujo de un gran número de no socialdemócratas dentro del Partido”

En el tercer Congreso del Partido expresé el deseo de que en todos los comités del Partido, hubiera aproximadamente ocho obreros por cada dos intelectuales. ¡Cómo ha envejecido esta sugerencia! -diría en 1907- “Hoy sería de desear que en las organizaciones del Partido, por cada miembro procedente de la intelectualidad socialdemócrata correspondieran varios centenares de obreros socialdemócratas”.

Las condiciones en las que se desarrollara la revolución de 1905, digamos que rehabilitó la espontaneidad de las masas, frente a las condiciones en las que el movimiento revolucionario se desenvolvía pocos años antes. ¿Contradicciones? No, más bien análisis concreto de la realidad concreta y, derivado de ello, la imposibilidad de dotar a la organización “leninista” de un modelo cerrado y unívoco, sino más bien de la continua capacidad de conectar vanguardia, masas y contexto/coyuntura de la lucha de clases.

De los pocos cientos de militantes previos a 1905, se pasaría ese mismo año a más de 70.000, en un modelo de partido en el que cuadros y masas, se funden en una estructura extendida en numerosas organizaciones de base. Con posterioridad, tras el reflujo del proceso revolucionario de 1905, la actividad espontánea de las masas, retrocedería y en los años previos a 1917, la organización bolchevique, desarrollaría una “actividad de masas” con el objetivo de construir las condiciones para una ruptura revolucionaria: jornada de ocho horas, actividad en la Duma, confiscación de tierras a los terratenientes, seguridad social a cargo de los empresarios… además de una ardua lucha entre fracciones dentro de los sindicatos.

En resumen. El Movimiento Comunista en Euskal Herria tiene como tarea fundamental definir su línea de intervención y la organización necesaria para ello.

1.- El concepto de “exterioridad” de la organización comunista respecto a los movimientos de masas y sus luchas sectoriales, no es equiparable a una ruptura entre vanguardia y Pueblo Trabajador, ni ampara una división entre “intelectuales” y masas. El modelo organizativo, debe preveer la existencia en el seno de la organización revolucionaria, la presencia de diferentes grados de conciencia, militancia y responsabilidad.

2.- La presencia de militantes en el movimiento sindical y de masas en la organización comunista, establece el nexo de unión entre teoría y praxis y establece las condiciones para que la fusión del socialismo científico y las masas, sea posible.

3.- El desarrollo de una línea de intervención en los movimientos de masas, precisa de una adecuada caracterización del contexto y la coyuntura en la nos encontramos. Si definimos el actual contexto, como de reflujo de las movilizaciones espontáneas, de debilidad de lo movimientos de masas al haber sido subsumidos, el movimiento comunista debe aprender la lección y organizarse. Sin la organización del partido, con capacidad de desarrollar una línea política en los diferentes contextos, sea de reactivación o de reflujo de la lucha de clases, volveremos a cometer los mismos errores. La situación actual, insistimos, debe ser afrontada desde la perspectiva de la reorganización teórica y práctica, combatir al reformismo e ir extendiendo nuestra presencia en el debilitado movimiento.

4.- Sin una presencia de cuadros comunistas en los movimientos de masas, sin convertirlos en un campo de confrontación entre tendencias, en el que los y las comunistas debemos ser referente y defensa de los posicionamientos más avanzados dentro de los mismos, la vanguardia y las masas no establecerán la necesaria unidad dialéctica que genere un vector de avance socialista.

5.- Además del reformismo, en la presente coyuntura, el movimiento comunista se enfrenta a dos graves problemas que deben ser superados. De una parte, el sectarismo vanguardista. Esta tendencia transforma la lucha de clases en mera abstracción, y estableciendo una ruptura absoluta entre conciencia “espontánea” y conciencia revolucionaria, deja fuera del horizonte algo que el movimiento comunista nunca debe olvidar: no es el partido, la vanguardia, la que debe “liberar al proletariado, sino establecer los mecanismos para facilitar su autoemancipación, organizando, interviniendo, liderando, pero jamás usurpando el papel que el Pueblo Trabajador-Proletariado, está abocado a representar. El desprecio elitista que ciertas organizaciones mantienen con respecto a las masas, conduce a la persistente ruptura entre teoría y praxis, y a “fundamentar teóricamente”, la desconexión entre vanguardia y masas.

Por otro lado, tenemos otras tendencias que niegan de base la necesidad de una línea de clase independiente, con una organización-partido que, al margen de las coyunturas, desarrolle una línea táctica y estratégica propia. De esta forma, participan como meras comparsas de movimientos interclasistas, sea convirtiendo la militancia comunista en una opción desorganizada y atomizada, o como “corrientes internas”, sometidas a intereses ajenos al papel histórico del Pueblo Trabajador-Proletariado Vasco en su emancipación.

6.-Sin organización-partido, ni hay, ni puede haber respuestas de clase, ni referencia comunista en los diferentes ámbitos de la realidad social en los que aspiramos a participar organizadamente. Cualquier intento de incidir en los movimientos populares, sin la organización-partido, quedará en actividad espontánea, voluntarista y sin capacidad de disputar espacios al reformismo.

Muchos proyectos de organizaciones comunistas en Euskal Herria han fracasado. Quizás por ello, entendemos las reticencias y desconfianzas que mantenemos entre todos los colectivos que, de acto y de palabra, buscamos llegar a un proceso constituyente, pero es el momento de afrontar la situación con seriedad. De los errores del pasado, se aprende y estamos en condiciones de hacerlo de forma colectiva, con los ritmos que sean necesarios, pero sin pausa y teniendo muy claro lo que nos jugamos. Sólo haciendo bandera del marxismo-leninismo, no puede ser iniciada la recomposición del movimiento., lo que debemos tener muy presente ante la cercanía del centenario de la Revolución de Octubre, para no convertir en mero folclore y épica, un marco especialmente adecuado para reflexionar dónde estamos, hacia donde vamos y las perspectivas de nuestro movimiento.

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