A CIEN AÑOS DE LA TOMA DEL PODER EN RUSIA: ACLARACION PREVIA-por Borojó Pumariega, de Herri Gorri

290px-reunionpoliticaenlafabricaputilov-throughrussianre00willuoftA cien años de la Revolución rusa el escenario para la conmemoración es complejo. No podía ser de otra forma en un mundo bajo la hegemonía del capital y, especialmente, tras las controversias sobre la URSS, acrecentadas una vez triunfó la contrarrevolución y se reinstauró el capitalismo. Como ocurre al movimiento revolucionario cuando se trata de realizar un análisis, este puede caer fácilmente en el izquierdismo o en el reformismo, así como en las respectivas desviaciones de cada una de las tendencias equivocadas.
Entonces, ¿cómo analizar la Revolución rusa? ¿Y cómo analizarla un siglo después? ¿Y cómo analizarla a varios miles de kilómetros? ¿Y qué interés puede tener? Para nosotras, marxistas, “de lo que se trata en realidad y para el materialista práctico, es decir, para el comunista, es de revolucionar el mundo existente, de atacar prácticamente y de hacer cambiar las cosas con que nos encontramos”1. No queremos conocer los hechos históricos al detalle, no se trata de eso, sino de tomar el poder, y así hay quien “(…) aspira, pues, como los demás teóricos, a crear una conciencia exacta acerca de un hecho existente, mientras que lo que al verdadero comunista le importa es derrocar lo que existe” 2. Y es esta nuestra pretensión, eso es lo que nos importa: derrocar la sociedad existente. Y esperamos que la Revolución rusa nos ayude a avanzar en nuestro objetivo: la revolución socialista en Euskal Herria. Desde esa perspectiva nos acercaremos a la Revolución rusa: buscando caminos de revolución, buscando revolucionar Euskal Herria.
No nos acercaremos, pues, a la Revolución rusa, desde un punto historiográfico, aunque esto sería, sin embargo, de enorme interés porque la ciencia de la historia, bajo la dirección de la burguesía, tiende a sufrir falseamientos y tiene enormes dificultades para dar una visión científica de los hechos. Pero, como ya sabemos, de lo que se trata no es de interpretar el mundo, de lo que se trata es de transformarlo. Serán otras personas –o nosotras en otro momento- quienes nos enfrentemos a esa otra tarea.
¿De qué hablamos cuando nos referimos a la Revolución rusa? ¿Cuándo comienza la Revolución rusa? Para nosotras, la Revolución rusa arranca y es el resultado del movimiento popular ruso del siglo XIX. Como en todo proceso social no podemos establecer un día concreto en el que la Revolución fuese alumbrada: la revolución son los decembristas, Herzen, Chernishevski, el populismo y la resistencia al zarismo. La Revolución rusa es un proceso histórico, que se funde en la lucha de clases y que tiene sus fechas de inicio antes o después en esta o en aquella población, que comienza más temprano en esta militante y más tarde en aquel otro; hasta que todas esas fuerzas, contenidas, son desatadas y se concretan en la toma del poder por parte de las/os bolcheviques.
¿Y cuándo termina la Revolución rusa? Si “revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado”3, ¿puede una revolución finalizar? ¿Puede ser ahistórica? Decir que, por ejemplo, la Revolución rusa alcanza hasta la muerte de Lenin sería estúpido: las personas cuentan. Lenin cuenta. Pero Lenin no es la Revolución: la Revolución es mucho más que Lenin, es el pueblo gritando paz, pan y tierra, es el ejército volviendo sus bayonetas contra el zarismo, son los antiguos generales zaristas combatiendo al Ejército Blanco. Por lo tanto, la Revolución rusa es, bajo nuestra perspectiva, inseparable del poder soviético, inseparable de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. No obstante, no analizaremos tanto las distintas fases.
de la URSS como la toma del poder: ese es el objetivo inmediato del proletariado vasco –y del resto del proletariado mundial, a excepción del cubano- y consideramos que ese es el eje gravitacional de la reflexión que, en este momento histórico, nos corresponde llevar a cabo.
No vamos a glorificar la Revolución rusa, pero tampoco la vamos a echar por tierra. Fue la toma del poder por la clase trabajadora, pero también hay multitud de críticas que desde una perspectiva revolucionaria se pueden hacer. Y, en última instancia, está el triunfo de la contrarrevolución. No dudamos de la aportación histórica a la lucha de clases que llevó a cabo la Revolución rusa y la URSS y, para que no quede duda, lo diremos explícitamente: durante algo más de setenta años el mundo fue un lugar un poquito mejor gracias al poder soviético. Tampoco negamos las difíciles coyunturas en las que se forjó y creció la revolución, su construcción y desarrollo en un mundo hegemonizado por el capital y la presión del imperialismo; así como tampoco negamos la conversión de la revolución en poder y la política internacional tendente a la contención de otros movimientos populares y revolucionarios que pudiesen cuestionar el modelo soviético de socialismo.
Como dijimos al comienzo, el análisis es complicado, y reducir la Revolución rusa a una abstracción perfecta y maravillosa sería pueril, como contrarrevolucionario es no reconocer sus logros. Tampoco debemos recrearnos en la Revolución rusa más tiempo del necesario, aunque este año le rindamos los correspondientes honores a quienes antes que nosotras lucharon por la causa de la clase trabajadora, pues la revolución del siglo XXI no puede sacar su poesía del siglo XX, como “la revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse acerca de su propio contenido. La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido. Allí, la frase desbordaba el contenido; aquí, el contenido desborda la frase”4.
Nuestro interés, como revolucionarias, a la hora de analizar la Revolución rusa es saber cómo tomaron el poder nuestras camaradas, en vano, interés por exportar aquello que no es exportable, sino por extraer enseñas que, trasladadas a miles de kilómetros y un siglo después nos puedan dar algunas ideas sobre las cuales trabajar. Al fin y al cabo todas sabemos que el mejor homenaje que podemos hacer a la Revolución rusa es tomar el poder en Euskal Herria. Nada indica que 2017 vaya a ser el año de nuestra revolución: no importa, lo intentaremos, y nos alzaremos frente al poder burgués, con nuestra clase, a la mínima oportunidad que tengamos. Hoy, como hace un siglo, la disyuntiva, agudizada por el desarrollo del imperialismo, es la misma: socialismo o barbarie.

Notas

1-Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista. Engels, Marx.
2-Ibidem
3-Discurso pronunciado por el presidente del Consejo de estado de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la tribuna abierta de la juventud, los estudiantes y los trabajadores por el Día Internacional de los Trabajadores, en la Plaza de la revolución, el Primero de Mayo del 2000.
4-El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Marx.

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