Corea del Norte: socialismo nuclear (Andrei Lankov)

El destino de Gaddafi y Saddam Hussein muestran claramente lo que le puede pasar a un país que está en la mira de Occidente y renuncia a sus armas nucleares.

El 9 de octubre de 2006 las estaciones sismológicas registraron un fuerte sismo, que se produjo en una región montañosa en el extremo norte de la península de Corea, cerca de la frontera con China. Interpretar este evento sísmico no fue gran cosa: estaba claro que Corea del Norte había probado un arma nuclear. No se limitó a una sola explosión: tronaron otras en el mismo terreno en mayo de 2009 y en febrero de 2013.

En general, cuando se habla del programa nuclear de Corea del Norte, a menudo hay que lidiar con un enfoque extremadamente unilateral. Algunas personas tienden a explicar todo lo que sucede por el militarismo maniático de los dirigentes de Corea del Norte y su deseo de permanecer en el poder a toda costa, mientras que otros dicen que la culpa la tiene la necesidad de EEUU de mantener su posición de potencia hegemónica mundial.

Aunque madie duda del imperialismo estadounidense, en realidad la situación es mucho más complicada. Una mirada cercana a la cuestión nuclear deja en claro que cada una de las partes principales en el conflicto, como se suele decir, “tiene su propia verdad”. Los tres jugadores, Corea del Norte, EEUU y China, tienen cada uno una cierta lógica, que definen en el marco de sus intereses de Estado. El conflicto creado no viene solamente de las “tendencias agresivas de los imperialistas estadounidenses”, por no hablar de las “aspiraciones hegemónicas de Beijing.” Todos estos factores juegan en sí un papel, pero es secundario.

Mirada Pyongyang, primera etapa: las armas nucleares como objeto de prestigio (1945-1990)

Revisemos mejor el comienzo del programa en Corea del Norte, de dónde viene su iniciativa sobre la cuestión nuclear y la resolución de los dirigentes de Corea del Norte de convertirse en una potencia atómica.

Los líderes de Corea del Norte estuvieron interesados en las armas nucleares durante mucho tiempo. Algunas personas que conocieron al primer jefe de la RPDC en aquellos días de mediados del siglo XX, cuando Kim Il Sung era el gran líder, el Sol de la Nación y el Generalísimo, pero también había sido capitán del ejército soviético, afirman que el joven oficial en el fondo no creía demasiado en lo que le decían sus instructores soviéticos: que la verdadera razón de la caída del Imperio de Japón había sido la fuerza del ejército soviético en la guerra, y no el uso de armas nucleares por EEUU.

Eso sigue siendo una hipótesis. Sin embargo, no hay duda de que tanto Kim Il Sung como la mayoría de las personas de su entorno pertenecían a esa generación de coreanos que combinaba la creencia en el progreso científico con el nacionalismo, el estatismo y la confianza en el poder del estado centralizado. La juventud coreana de la década de 1920 (así como sus homólogos chinos y vietnamitas) estaban decepcionados con la ideología confuciana tradicional y querían modernizar el país, pero al mismo tiempo, el nacionalismo estaba imbuido de ideas que entonces eran nuevas para Asia. El país ideal que querían construir no sólo debía ser socialista, sino también con espíritu y cultura nacional, con una gran industria moderna y un ejército fuerte, y con una política exterior independiente. En otras palabras, los jóvenes de la primera generación de comunistas de Asia oriental eran al mismo tiempo reformadores sociales radicales y modernizadores nacionalistas estatistas.

Para las gente con ese sistema de valores progresistas, las armas nucleares podían ser una necesidad. Además, ni Kim Il Sung ni las personas de su entorno podían aceptar la idea de base del Tratado de 1968 de no proliferación de armas nucleares. En ese Acuerdo se establece el derecho a una completa capacidad nuclear como el privilegio de un estrecho círculo: las cinco naciones más ricas y poderosas. Para Corea del Norte, este concepto es neo-imperial (lo cual es cierto). Nacionalista modernizador, ¿podían Kim Il Sung y su entorno aceptar de hecho la hegemonía arbitraria mundial que negase a su país el derecho de defenderse con las armas más potentes conocidos por la humanidad? Que es, ya lo sabemos, la única razón por la que EEUU no invadió Corea despues del colapso de la URSS.

Por lo tanto, al final de la década de 1950, Corea del Norte comenzó a sentar las bases de su propio programa nuclear. En esto intervino la ayuda de Moscú

Desde el comienzo de los años ’60, las ambiciones nucleares de Kim Il Sung y sus asociados comenzaron a causar preocupación en la dirección soviética, tanto más cuando la relación entre Moscú y Pyongyang comenzó rápidamente a deteriorarse. Sin embargo, la preocupación no estaba tanto en las posibles ambiciones nucleares de Pyongyang (ya que la implementación estaba muy lejos), sino en la probabilidad de una estrecha cooperación entre la RPDC y China, que era mucho más molesta para la URSS, porque China estaba ya logrando sus propias armas nucleares. Sin embargo, la URSS decidió proporcionar asistencia técnica a Corea del Norte, basada en que dicha asistencia mantendría el programa nuclear de Corea del Norte bajo su control. Es por ello que la URSS ayudó en la construcción del primer reactor de investigación de Corea del Norte en Yongbyon, a unos 70 kilómetros al norte de Pyongyang. El reactor comenzó a trabajar en 1965, y esa ciudad estaba destinada a convertirse en la capital del proyecto nuclear de Corea del Norte.

La carrera de armas nucleares en la península tuvo su origen en Corea del Sur

La aceleración adicional del proyecto nuclear incidió en varios acontecimientos de la década de 1970. Pocas personas lo recuerdan hoy, pero la carrera de armas nucleares en la península tuvo su origen no en Corea del Norte sino en el Sur.

Durante el tiempo del presidente Nixon, bajo la influencia del síndrome de Vietnam, EEUU acentuó significativamente las tendencias aislacionistas y el esfuerzo para reducir el ejército estadounidense y la participación política en los asuntos asiáticos. En este contexto, a principios de 1970 EEUU decidió retirar gradualmente las tropas estadounidenses de Corea. Bajo Reagan la decisión se canceló, pero a principios de 1970 Washington estaba cerca de salir de la península.

Para Seúl fue una noticia muy desagradable, ya que en capacidad militar Corea del Norte era al menos igual a Corea del Sur. Además, la presencia militar de EEUU significaba que los yanquis subvencionaban en gran parte los gastos militares de Corea del Sur, lo que permitía redirigir los fondos liberados al enriquecimiento de los dirigentes y a subvencionar los programas de desarrollo económico del creciente capitalismo coreano.

En estas circunstancias, el régimen dictatorial del general Park Chung Hee en Seúl decidió desarrollar sus propias armas nucleares. El proyecto nuclear de Corea del Sur se llevó a cabo en un profundo secreto, ocultándolo en el primer lugar a los norteamericanos.

No sirvió de nada: pronto, como era de esperar, Washington se enteró del proyecto y ordenó detenerlo. Los generales sudcoreanos se negaron, pero bajo la presión de los EEUU, el avance se redujo al mínimo. Por cierto, gran parte de los nacionalistas de Corea del Sur están convencidos de que la muerte del general Pak Chung Hee en octubre de 1979 (asesinado por el jefe de su propio servicio de inteligencia) fue el resultado de una intriga de EEUU. Los norteamericanos temían que Corea del Sur desarrollase con éxito las armas nucleares, y al no necesitar la protección de EEUU se acercase a China, lo que querían evitar a toda costa. Es lo que intentó hacer su hija y actual presidenta, Park Geun-hye, y casi le cuesta la renuncia.

Si tenemos en cuenta que Corea del Sur es transparente para los servicios de inteligencia de Corea del Norte, es seguro que la información sobre el programa nuclear de Corea del Sur llegó a Pyongyang, no menos que a Washington, y causó una reacción predecible. Desde el comienzo de 1970, el trabajo en las instalaciones nucleares en Corea del Norte se acelera notablemente, provocando en la URSS un nuevo ataque de ansiedad, ante las presiones de Occidente.

Decidieron abordar el problema de la misma manera que en la década de 1960. Dado que no existían oportunidades reales de detener ese programa nuclear, la URSS decidió ponerlo bajo control. Por ello en 1985 firmó un acuerdo con la RPDC para construir la primera planta de energía nuclear. Una de las condiciones más importantes de este acuerdo fue que Corea del Norte se comprometiese a firmar el Tratado de no proliferación de armas nucleares, lo que hizo en 1987. Moscú esperaba de esta manera evitar sanciones occidentales.

Estos planes no se materializaron, en primer lugar debido al inicio del cambio URSS. A finales de la década de 1980 se hizo evidente que en las nuevas condiciones la RPDC ya no podía contar con el “paraguas nuclear” soviético. Eso ha sido desde entonces la base de la estrategia militar de Corea del Norte, y lo que le ha permitido sobrevivir.

Mirada Pyongyang, segunda etapa: las armas nucleares como garantía de supervivencia (1990-2015)

Las relaciones entre Pyongyang y Moscú desde finales de 1950 eran muy incómodas, basta recordar por ejemplo que la URSS (por iniciativa personal de Yuri Andropov, y apoyado explícitamente por Brezhnev) concedió asilo político a intelectuales y funcionarios norcoreanos que huyeron después de 1956 a Moscú. Por su parte, Corea del Norte desde la década de 1960 controlaba estrechamente las actividades de los diplomáticos soviéticos y trataba muy duramente a los ccoreanos sospechosos de simpatías pro-soviéticas.

La dirección soviética de entonces temía que acciones unilaterales y arriesgadas de la RPDC podrían llevar a la URSS a aumentar su conflicto con los EEUU. Sin embargo, en el caso de que Corea del Norte fuese víctima de un ataque de EEUU o sus aliados, la URSS, tendría que apoyarla firmemente. Y esa creencia estuvo en la política de Corea del Norte, hasta finales de los 80. Pero al final de esa década esta confianza comenzó a desaparecer rápidamente, junto con el “socialismo real”.

Curiosamente, como los dirigentes de RPDC sabían que la URSS, em período de śalvese quien pueda, no veía bien la perspectiva de un mundo con una Corea del Norte nuclear, trataron de usar un programa nuclear propio como instrumento de chantaje suave.

Se organizaron fugas de información para crear del lado soviético la impresión de que el programa nuclear estaba a punto de finalizar. La esperanza era que la URSS, por temor a la aparición de una Corea del norte con plena capacidad nuclear, no avanzase en el establecimiento de relaciones diplomáticas con Seúl, y conservar el cumplimiento de las garantías de seguridad que Moscú había dado a Pyongyang como parte del Tratado de amistad en 1961.

No funcionó. En septiembre de 1990, la URSS estableció relaciones diplomáticas con el régimen de Corea del Sur, y pronto cesó la ayuda directa e indirecta a Corea del Norte. A partir de ese momento los norcoreanos tuvieron que continuar el intercambio económico con Rusia en condiciones comerciales normales, pagando los bienes y servicios a precios del mercado mundial. Para Corea del Norte, cuya economía no está orientada a la competitividad capitalista, la cancelación de la ayuda soviética condujo a un desastre económico.

En esa situación en la que entró Corea del Norte a principios de 1990, el valor del programa nuclear cambió en parte. En épocas anteriores se lo veía como un símbolo de viabilidad militar y política del país, en respuesta a las posibles (y durante algún tiempo reales) aspiraciones nucleares de Corea del Sur. Pero en el período posterior a la Guerra Fría, el programa nuclear se ha convertido en una de las herramientas más importantes para la supervivencia del Estado de Corea del Norte en su forma actual.

En general las armas nucleares de Corea del Norte son necesarias por tres razones. En primer lugar, un factor en la disuasión militar-estratégica. En segundo lugar, una importante herramienta diplomática. En tercer lugar, su presencia contribuye dar seguridad a los ciudadanos y reforzar así la estabilidad política en el país.

Está claro que la situación internacional en torno a Corea del Norte no se mantendrá sin cambios, y esos cambios harán variar la importancia relativa de los tres factores, pero lo que no es probable que cambie en un futuro previsible es esa lista de tres.

La primera y principal razón es el papel de las armas nucleares como un elemento de disuasión. Los dirigentes de Corea del Norte tienen todas las razones para temer que el país pueda ser atacado por EEUU u otras fuerzas extranjeras. Baste recordar que en su momento el presidente de EEUU Bush lo incluyó en la extraña lista de países que forman el “eje del mal”. Recordemos que el único país en el mundo moderno donde un Gobierno progresista renunció a su programa nuclear (aunque no tan avanzado como el de Corea del Norte), fue Libia en la era Gaddafi. Los medios de comunicación de Corea del Norte señalan en repetidas ocasiones (y con razón) que el destino de Gaddafi fue sellado en el momento en que, bajo influencia de Occidente, acordó detener su programa nuclear. Hay muchas razones para creer, también, que si Saddam Hussein hubiese desarrollado un programa nuclear, Iraq seguiría siendo un país con altos índices de desarrollo humano.

Es interesante que en el período 2003-2005, poco después de que se alcanzó el acuerdo sobre el programa nuclear de Libia, los políticos estadounidenses, incluyendo, por ejemplo, el representante de EEUU ante la ONU, John Bolton, aparecieron en la prensa con una serie de artículos en los que pedían a Pyongyang “explorar cuidadosamente la lección de Libia y seguir el ejemplo de Gaddafi”. No hay duda de que Pyongyang estudió cuidadosamente la lección de Libia, por lo que el resultado final resultó mucho más favorable al pueblo coreano que al libio.

En Corea del Norte actualmente no existen medios efectivos (misiles) para transportar armas nucleares, aunque se están desarrollando a pasos avanzados. Sin embargo, para el uso de armas nucleares como elemento de disuasión Corea del Norte ni siquiera necesita tener un potencial nuclear pleno: incluso el simple hecho de tener una cierta cantidad de bombas, aunque en forma imperfecta, es un buen elemento disuasorio. Si se cuenta con tiempo, la bomba nuclear no necesariamente debe llegar a la meta en ojivas de misiles. Se las puede, por ejemplo, esconder en la bodega de uno de esos barcos de pesca comunes y corrientes, que en gran número surcan los mares de Asia oriental, y luego con calma dejarlo en algún puerto como San Francisco, Tokio o Sidney.

Contar con que Corea del Norte renuncie a las armas nucleares como un elemento de disuasión no sería serio. El destino de Gaddafi y Saddam Hussein muestran claramente lo que en el mundo moderno le puede pasar a un país que entra en este tipo de transacciones con Occidente.

La posición de la dirigencia de la RDPC en el tema quedó demostrada, por ejemplo, en marzo de 2011, cuando un representante del Ministerio de Asuntos Exteriores de la RPDC, dijo: “La crisis de Libia ha enseñado a la comunidad internacional una lección seria. Demostró a todo el mundo que el desarme nuclear libio, ampliamente publicitado, terminó en una agresión de EEUU. El artero ataque tuvo lugar después de las dulces promesas de garantías de seguridad y la mejora de las relaciones, lo que convenció a su víctima para desarmarse, y luego se la aplastó por la fuerza. Eso demostró al mundo una verdad histórica sencilla: un país puede salvarse sólo si tiene suficientes fuerzas propias de disuasión”.

El segundo factor que hace que Corea del Norte desarrolle armas nucleares, es el papel que desempeña en su diplomacia.

Para el público en general no es demasiado conocido el hecho de que durante el período 1996-2011 Corea del Norte fue un importante receptor de ayuda “humanitaria” internacional, con una parte que sorprendentemente proviene de países que formalmente están en relaciones hostiles con ese país. Según la ONU, en el bienio 1996-2011 recibió en total 11,8 millones de toneladas de ayuda alimentaria gratuita, lo que representó aproximadamente el 15% del consumo total de alimentos del país.

China, con una (relativamente) amistosa relación con Corea del Norte aportó 3 millones de toneladas de alimentos, y estaba en el segundo lugar entre los proveedores. En primer lugar estuvo Corea del Sur (3,1 millones de toneladas), en tercero y cuarto, respectivamente, los EEUU (2,4 millones) y Japón (0,9 millones).

Las ayudas de EEUU y Japón comenzaron alrededor de 1995, es decir, después de la firma del Acuerdo Marco en 1994. Según este documento, Corea del Norte accedió a suspender su programa nuclear a cambio de que EEUU, Corea del Sur, Japón y otros países lo ayudasen a construir reactores no militares de agua ligera, y enviasen 500.000 toneladas anuales de petróleo hasta la finalización del reactor (el acuerdo funcionó hasta 2002). Si bien los temas de abastecimiento de alimentos no se mencionan en el Acuerdo Marco de 1994, es difícil dudar de la existencia de una relación entre esa ayuda y el Acuerdo. No es casualidad que tanto Japón y los EEUU hayan cesado sus envíos después de que el Acuerdo Marco de 2002 se dio por terminado

El tercer factor, que no es tan importante como los dos primeros pero tampoco debe ser ignorado por completo, es el papel del programa nuclear en los sentimientos del pueblo coreano. Está claro que la mayoría de la población en gran parte de los países del mundo (especialmente en los países donde el nacionalismo es un potente factor en la política interna), tienen una actitud positiva hacia la idea de crear su propio potencial nuclear. Para los habitantes de Corea del Norte que su país tenga armas nucleares es una cuestión de seguridad, y el hecho de que el Gobierno haya logrado desarrollar este tipo de armas, aumenta mucho su credibilidad en el país.

Todo esto, por supuesto, no significa que Corea del Norte no está dispuesta a ceder en el tema nuclear. El problema es que los acuerdos que serían aceptables para Corea del Norte son inaceptables para al menos el más importante de los actores extranjeros, el imperialismo estadounidense.

Corea del Norte ha subrayado en repetidas ocasiones, que no va a renunciar a las armas nucleares en cualquier circunstancia. Sin embargo, sus dirigentes están dispuestos a congelar su programa nuclear en el nivel actual. Según los expertos, Corea del Norte cuenta actualmente con entre 15 y 20 cargas de plutonio y uranio. Los expertos militares de Corea del Norte entienden que aun un aumento significativo en el número de cargas (digamos, a 100 o 150) no daría lugar a un aumento de diez veces en el poder de disuasión. De modo que, ahora, cuando ya se han creado la fuerza básica de disuasión, la RPDC está dispuesta a negociar una renunciar a una expansión mayor. Estamos hablando de lo que es normal en el esquema de la diplomacia de Corea del Norte: la voluntad de Pyongyang (como de cualquier país) es hacer concesiones políticas que sean compensadas por sus interlocutores.

En términos generales, con este enfoque a la larga simplemente no hay alternativa. Más pronto o más tarde se logrará algún tipo de compromiso sobre la congelación nuclear; sin embargo, por el momento tal compromiso está fuera de la cuestión. Y la razón aquí es la posición del régimen de EEUU, que es también, a su manera, lógica, tanto como la posición de Corea del Norte.

Mirada Washington: Corea del Norte como amenaza al régimen de no proliferación

Mientras que el programa nuclear de Corea del Norte es para ese país básicamente una garantía de supervivencia, para EEUU es parte del problema mundial de control de la propagación de las armas nucleares, que se opone a su voluntad de invadir cualquier país cuando quiera. De conformidad con el Acuerdo de 1968, EEUU se convirtió en una de las cinco potencias nucleares oficialmente reconocidas del planeta, junto con la URSS, China, Francia y Gran Bretaña. Todos estos poderes tratan de mantener el status quo, porque entienden que con la existencia de armas nucleares se les garantiza casi por completo evitar ataques desde el exterior y, además, les da una posición dominante en el mundo. Por lo tanto, desde el punto de vista de algunos de estos poderes el intento de Corea del Norte de desarrollar armas nucleares provoca una gran preocupación, ya que es un impedimento a su expansión, sobre todo para Occidente.

A menudo podemos encontrar la afirmación de que las acciones de Corea del Norte no son fundamentalmente diferentes de las acciones de otras “nuevas” potencias nucleares: Israel, India, Pakistán y Sudáfrica. Todos estos países, como sabemos, llegaron a crear sus propias armas nucleares, a pesar de que Sudáfrica más tarde renunció voluntariamente, al finalizar el régimen del apartheid. Sin embargo, en general se olvida que entre Corea del Norte y el resto de las “nuevas” potencias nucleares hay una diferencia importante. Ninguno de estos países ha firmado el Tratado de 1968 relativo a la no proliferación de las armas nucleares. [India, Pakistán e Israel nunca lo firmaron, Corea del Norte lo firmó y renunció en 2003].

Todos ellos desde el principio, directa o indirectamente denunciaron ese acuerdo como una especie de conspiración hegemónica dirigida a reforzar la posición dominante de un pequeño grupo de grandes potencias en el orden mundial. Por lo tanto, el hecho de que la Israel, Pakistán y otros países hayan desarrollado sus propias armas nucleares, estrictamente hablando, no es una violación del Tratado de No Proliferación, ya que ninguno de estos países lo había firmado.

Está claro que desde el punto de vista de EEUU, la reanudación del programa nuclear coreano es un desafío directo al status quo. Se trata de un país al que no se puede presionar económicamente ni con sanciones, y al que tampoco se puede invadir.

Por otro lado, los líderes de EEUU, en general entienden que no hay necesidad de acelerar para llegar a un acuerdo sobre la cuestión nuclear. Pese a todo lo dicho sobre la “amenaza nuclear de Corea del Norte”, en general está claro que ya sea ahora o en el futuro previsible, Corea del Norte no va a atacar a nadie. Pero tampoco va a recibir ataques.

Corea del Norte no cree en EEUU, y no va a renunciar a las armas nucleares a cambio de dulces palabras y promesas de Washington, que, como muestra la triste experiencia de Gaddafi, tienen sus propias lógicas imperialistas.

En esta situación, en Washington se impuso un enfoque, que puede ser descrito como el olvido deliberado de la cuestión de Corea del Norte. El régimen de sanciones sigue existiendo formalmente pero su influencia sobre Corea del Norte es muy limitado, sobre todo porque ni EEUU ni los países de Occidente que mantienen estas sanciones son socios comerciales importantes de Corea del Norte; su intercambio con estos países es casi inexistente. China, que en los últimos años prácticamente ha monopolizado todo el comercio exterior de Corea del Norte, aplica sólo (y no siempre) aquellas sanciones que estén directamente conectadas con el acceso de Corea del Norte a tecnología militar.

Por lo tanto, la situación es en realidad un callejón sin salida. Solo se aceleraría en el caso de que la parte norcoreana mostrase la capacidad de crear armas que pudieran suponer una amenaza real para los EEUU, o que el régimen estadounidense, por motivos de política interna o bien por problemas graves entre las dos Coreas, necesitase invadir el Norte. Pero de momento, en la situación actual, del lado de EEUU no hay prisa.

Mirada Pekín: la estabilidad regional o la estabilidad global

La posición de China sobre el programa nuclear de Corea del Norte es bastante peculiar. Por un lado, es China quien tiene en sus manos, en gran medida, la llave del problema. Es el único país capaz de ejercer una fuerte presión económica sobre Corea del Norte. Por otro lado, el apoyo inequívoco de China puede crear las condiciones para un crecimiento económico rápido, y que la RPDC pueda cambiar radicalmente todo el equilibrio de fuerzas en la región.

Sin embargo, China se encuentra en una encrucijada y muy probablemente por eso no hizo uso de todo su potencial. La relación de China con el problema nuclear de Corea del Norte está determinada por la contradicción entre la necesidad diplomática de mantener buenas relaciones con Occidente previniendo la proliferación de armas nucleares, y la necesidad militar de mantener ese colchón en su frontera Este.

En condiciones de creciente rivalidad geopolítica con EEUU, China tiene como objetivo mantener la península coreana dividida. Es demasiado alta la probabilidad de que una unificación del país diera lugar a la absorción del Norte por el Sur (y, en consecuencia, las fronteras de China serían con un país con orientación pro-estadounidense). Además, los líderes chinos prefieren el status quo, porque temen una crisis en Corea del Norte que lleve el caos a la zona fronteriza. Corea del Norte es un país estable, y es una zona de amortiguación, lo que permite mantener a los estadounidenses a cierta distancia de las fronteras chinas.

Por lo tanto, China aparentemente insiste en el cumplimiento de la prohibición de la transferencia de tecnología nuclear a Corea del Norte, pero no le preocupa violar los aspectos restantes de las sanciones de la ONU. Y Corea del Norte incluso obtiene soporte económico de China, lo que ayuda a mantener el país estable.

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