PROCESO SOBERANISTA EN CATALUNYA: ¿PUNTO Y APARTE?- Jon Ibaia, militante de HERRI GORRI

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El proceso soberanista catalán entra en una nueva fase tras el “sorprendente” discurso de Puigdemont ante el Parlament.. La simultánea declaración de independencia, recogiendo “el mandato” del 1 de Octubre y su inmediata suspensión para abrir un período de “diálogo”, ha generado importantes contradicciones en el movimiento independentista y entre su dirección política y las masas movilizadas.
El Referéndum del 1 de Octubre, demostró la fuerza política, ideológica, organizativa y movilizadora del independentismo, lográndose un 90% de votos favorables a la República catalana y la participación de más de 2 millones de votantes dispuestos a ejercer su legítimo derecho a decidir el futuro de su país, aún en condiciones de represión pura y dura. Las imágenes de brutalidad policial sobre ciudadanos y ciudadanas que únicamente pedían votar, dieron la vuelta al mundo, lográndose de facto una internacionalización del conflicto.
Pero el 1 de Octubre, también sirvió para que el Régimen del 78, demostrara su fortaleza. Las críticas que el gobierno español recibió internacionalmente, se centraron en los excesos represivos, hubo tibias apelaciones al diálogo pero, bajo ningún concepto, se restó legitimidad al Estado español o se reconoció la validez de los resultados del referéndum. La posición de la Unión Europea es clara, pues no sólo en el Estado español hay un problema de naciones sin Estado y un reconocimiento de Catalunya, generaría la activación de nuevos conflictos nacionales en otros escenarios.

La fortaleza del Régimen del 78, no reside únicamente en sus aparatos represivos y en el amparo de una Unión Europea. Tengamos presente que casi ocho millones de electores, votaron en las últimas elecciones generales al Partido Popular, una estructura corrupta y reaccionaria y que algo más de tres millones de electores, dieron su apoyo a CIUDADANOS, una organización ultraderechista. Si a estos millones, sumamos los de un PSOE que, más allá de su supuesto “progresismo”, es pilar del Régimen del 78, nos encontramos ante una coyuntura, que debe ser valorada en su verdadera dimensión.

En HERRI GORRI, igual que en otras organizaciones comunistas, quizás se ha cometido un error de tipo idealista, al valorar -más bien desear- que en el Estado español, pudiera gestarse las bases de un movimiento democrático popular que significara un resquebrajamiento del Régimen. No ha sido así, ni lo será en el corto o medio plazo, más bien lo que se ha generado, es el reforzamiento ideológico de sectores de la ultraderecha. El proceso soberanista catalán y la legitimidad democrática de sus reivindicaciones nacionales, no ha podido ser encuadrado dentro de una estrategia democrática de base más amplia, en la que la pérdida de derechos sociales y laborales, el empobrecimiento generalizado de los pueblos trabajadores, la corrupción estructural o el sometimiento del Régimen del 78 al imperialismo, conformaran un espacio más amplio para generar un bloque político en condiciones de fuerza. Nacionalismo español y nacionalismo catalán, incluso sin entrar a valorar las diferencias cualitativas que pudieran mantener, ha retroalimentado una dinámica de conflicto sin proyección política e ideológica para impulsar una ruptura democrática.

El proceso soberanista catalán se encuentra en un callejón sin salida. Cabe preguntarse en este punto, qué era lo que esperaba la dirección política del Movimiento independentista, es decir, los sectores burgueses y pequeñoburgueses nacionalistas que lo hegemonizaban. ¿Realmente esperaban que el Referéndum del 1 de octubre, iba a a desarrollarse sin represión y que iba a lograr las garantías suficientes como para su homologación internacional? ¿Realmente no habían valorado que, por miedo al efecto contagio hacia otros marcos nacionales sin estados, la Unión Europea no iba a reconocer el proceso soberanista en Catalunya?

Salvando las distancias, los contextos y las razones, el referéndum celebrado en Grecia en julio de 2015, daba una pista muy importante sobre lo que podía esperarse en Catalunya. La legitimidad democrática ejercida soberanamente por el pueblo griego, negándose a asumir el “paquete de rescate” que convertía a Grecia en una colonia de Alemania, fuera aplastada y negada, por la Unión Europea y su brazo ejecutor “Troika”.
Y es que nos remitimos a las incertidumbres que planteábamos en HERRI GORRI, respecto al proceso soberanista catalán y las razones que nos impedían apostar por la República catalana de una manera incondicional. Y es que cuando señalábamos las limitaciones políticas de una autodeterminación sin una referencialidad de clase, sin unas correlaciones de fuerzas en las que el Pueblo Trabajador Catalán, estuviera en condiciones de seguir una línea estratégica propia de transformación social, no es una cuestión de “purismo”, “ortodoxia” o cerrazón intelectual, sino de tener muy claro que es la lucha de clases el motor de la historia y el socialismo, la única alternativa a cualquier tipo de opresión, incluida la nacional.

El proceso soberanista en Catalunya, bajo la dirección de un nacionalismo burgués y pequeño-burgués, no tenía más proyecto que homologar un nuevo Estado capitalista con un Régimen político que encontraría en el nacionalismo y “Els Segadors” la argamasa necesaria para amparar un nuevo marco de explotación y opresión del capital. Y las difíciles condiciones financieras de Catalunya, con un nivel de endeudamiento superior al del Estado español, bonos públicos calificados como “bonos basura”, fugas de capitales… significaría que su viabilidad sólo podría ser asegurada mediante medidas establecidas por la Troika, con todo lo que eso significa y unos Mossos de Escuadra, que retomarían su papel de represores, en lugar del idilio de sonrisas y flores, con el que se ha pretendido obviar la naturaleza de este cuerpo policial, con multitud de “excesos” a sus espaldas.

Las CUP, como izquierda nacionalista y siguiendo con la línea política que caracteriza a este tipo de movimientos, ha preferido abrazarse con Artur Mas, dar su apoyo a un gobierno burgués y hacer a la perfección su papel de “tontos útiles” de la clase capitalista, a cambio de legitimar desde la izquierda el proceso independentista, aún a sabiendas de su orientación burguesa. Su independentismo incondicional, su nacionalismo ciego, han servido para consolidar la fragmentación de la clase obrera y de los sectores populares, al no concebir un proceso soberanista en el que la independencia sea de clase, la soberanía poder popular y el objetivo la República Socialista Catalana, constituida por diferentes formas de sentir la catalanidad, pero unidas en torno a una estrategia de transformación social. En Euskal Herria, debiéramos sacar conclusiones y aprender algunas lecciones, respecto a nuestra propia izquierda nacionalista, si no fuera porque EH BILDU, se asemeja más a ERC que a las propias CUP.

En definitiva, el pueblo trabajador catalán con conciencia nacional catalana, ha sido usado como carne de cañón por el nacionalismo, en un proyecto político que no le era propio. La traición se gesta en el ambiente, según vaya avanzando un “diálogo”, en el que el Régimen del 78 y su oligarquía y el bloque en el poder en Catalunya, alcancen algún arreglo en el que el pueblo trabajador, a lo sumo recibirá migajas si es que cae alguna de la mesa de negociación.

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