ACLARACION DE FORMA Y FONDO A SUGARRA.

MONCLOAEn primer lugar deseamos aclarar una cuestión fundamental para fijar el fondo y la forma del debate con los compañeros y compañeras de SUGARRA, de manera previa a cualquier otra consideración. Bajo ningún concepto nuestra organización ha acusado a SUGARRA de ultraizquierdismo, trotskismo, doctrinarismo…etc. Nuestra alusión en ese párrafo final, era de carácter general, señalando posiciones ideológicas y teóricas que bajo ningún concepto implican la formación de una oposición revolucionaria al Régimen del 78 pero NI MUCHO MENOS aluden a SUGARRA, al margen de las discrepancias que puedan existir. Si SUGARRA se ajustara a dichas definiciones, no consideraríamos ni útil, ni productivo, establecer un debate.
Las diferencias políticas e ideológicas que HERRI GORRI y SUGARRA pueden llegar a mantener, las consideramos dentro del campo socialista y no antagónicas, de ahí que utilicemos la forma “compañeros y compañeras”, que lleva implícito dicho reconocimiento. Aclarado este punto, que consideramos que enmarca en sus justos términos las condiciones del debate, pasamos a responder a las críticas planteadas por SUGARRA.

Sobre la caracterización del Régimen fascista y el Régimen del 78, como regímenes con identidades diferenciadas, no incurrimos en ninguna contradicción. Una cuestión es que en el Régimen del 78, se desarrollen prácticas propias de regímenes fascistas, como terrorismo de estado de baja intensidad en momentos puntuales, legislaciones especiales sobre presos políticos -incluso la existencia de presos políticos- y otra muy diferente es que no se sepa diferenciar un Estado fascista de un Estado de democracia formal, por muy defectuoso que éste sea. En el terreno de las consignas y de los panfletos, se puede afirmar incluso que el Régimen del 78 es fascista, pero en el ámbito del análisis teórico, sabemos que no es así.
Y no se trata de un problema meramente teórico. Caracterizar adecuadamente un Régimen, tiene una importancia fundamental de cara a desarrollar una táctica, una estrategia y un modelo de organización en función de los frentes en los que puede desarrollarse la actividad revolucionaria. Como referencia histórica al respecto, Lenin establecía una clara diferenciación entre la táctica y la estrategia seguida por el movimiento revolucionario en Alemania, con una democracia formal burguesa, con respecto a las condiciones de autarquía zarista previa a 1905, e incluso entre la fase pre-1905 y post-1905 dentro de la propia Rusia. Eso se llama “análisis concreto de la realidad concreta”.
Todos los regímenes de democracia formal burguesa, tienen un “sótano” donde guardan recursos especiales; Italia por ejemplo, tenía un plan de contingencia ante una hipotética victoria del PCI, o Gran Bretaña ante una escalada de las acciones del IRA, o Alemania “suicidó” a militantes revolucionarios, pero se preservaba un sistema de libertades y derechos formales.
Afirmar que en TODOS los regímenes en los que el modo de producción capitalista es predominante o exclusivo, la contradicción principal se plantea en la objetividad del antagonismo entre capital y trabajo, es correcto -no faltaba más- pero de cara a la praxis política revolucionaria es decir todo…para en realidad no decir nada. De nuevo nos encontramos con el principal problema del análisis de SUGARRA, y es que parece que no establecen una diferenciación entre el capitalismo como forma general y las formas concretas en los que el capitalismo existe y determina la forma en la que la lucha de clases se desarrolla en el ámbito político, ideológico y económico.
Por eso de nuevo señalan que incurrimos en una supuesta contradicción, cuando efectivamente señalamos que en el Régimen fascista y en el del 78 , la contradicción capital-trabajo es determinante y principal, pero EN EL AQUI Y AHORA, es decir, en la coyuntura en la que nos encontramos, la ruptura con el Régimen del 78 establece una línea de demarcación entre la posibilidad de una transformación social y política o proseguir en una posición estática de caracterización del Régimen del 78 como fascista, sin plantear avances tácticos. No, compañeros y compañeras, no es una contradicción, sino planos diferentes y la constatación de que no estamos en una coyuntura en la que una línea de “clase contra clase” sea la más adecuada, ni a corto, ni a medio plazo.
También señalan que confundimos “el concepto de contradicción, que tiene un carácter objetivo… con lo que podría ser o bien una postura, una actitud, de apoyo al Régimen del 78 o una táctica o estrategia política para acabar con él, que tienen un carácter subjetivo”, cuando apuntamos en el comunicado que firmamos conjuntamente junto a GKB-EKB, que la contradicción principal y determinante se encuentra en el apoyo o la ruptura respecto al Régimen del 78.
En la coyuntura en la que nos encontramos, es decir, en un Régimen como el del 78 que objetiva e independientemente de nuestra voluntad, establece las condiciones concretas con las que el bloque en el poder reproduce su dominación y que, amparado por una correlación de fuerzas favorable a sus intereses políticos y económicos, está en condiciones incluso de intensificar la explotación, el recorte de derechos y libertades ganados por las masas, ¿qué hacer?. Los procesos dialécticos, sólo pueden ser contemplados desde la unidad dialéctica entre lo objetivo y lo subjetivo, entre teoría y praxis. “La postura o la actitud” con respecto al Régimen del 78, nos emplaza a la misma toma de posiciones que con respecto a la contradicción capital trabajo, pues de facto, es la forma en la que esta contradicción realmente existe como proceso en el marco estatal español -incluido el marco nacional vasco-.
Seamos claros. Podríamos considerar como legítima una posición crítica por parte de SUGARRA, de la propuesta de confluencia de fuerzas políticas y sociales por una ruptura con el Régimen del 78. La podrían definir como insuficiente, equívoca o “tacticista”, pero plantear que la lucha contra el Régimen del 78 es algo secundario, “una postura o actitud” como cualquier otra, se nos tercia extraño, más aún porque, efectivamente, los planteamientos de SUGARRA distan mucho de ser ultraizquierdistas y consideran que la lucha democrática es un frente en el que los comunistas debemos ser vanguardia, algo en lo que lógicamente coincidimos.
SUGARRA trata de recordarnos la utilidad de las categorías del materialismo dialéctico, y nos muestra una clasificación formal y descriptiva de tipos de Estados, en función de su esencia, funciones, forma y estructura, para llegar a una conclusión: “El hecho de que nos encontremos en país capitalista ya implica que su Estado es un Estado burgués y por medio de él se mantiene una dictadura burguesa. Luego, independientemente de la forma (más o menos democrática) que pueda tener dicho Estado, lo esencial es su contenido”. Y justo en este momento preguntaríamos a SUGARRA: ¿Y entonces…?.
Efectivamente, cualquier forma de Régimen que produzca y reproduzca el modo de producción capitalista, es una dictadura del capital en contraposición a la necesidad histórica de su superación dialéctica mediante la dictadura del proletariado. SUGARRA sostiene que el “contenido” del Estado, es decir, su carácter de clase, es lo esencial, de nuevo remitiéndonos a la “contradicción principal”, mientras que su forma (más o menos democrática) es un aspecto secundario. De ahí que su tesis sea la de “primero resolver la contradicción principal”, y el resto serán resueltas como consecuencia.
De manera implícita, pero también explícita, lo que están afirmando, es que no hay que conducir una lucha política en términos democráticos contra el Régimen del 78, de deslegitimación del mismo, de lucha por reformas (no reformismo) que implique avances tácticos, movilización y organización.
Y si, por si quedaba alguna duda, consideramos que esta lucha democrática, EN ESTA COYUNTURA EXCEPCIONAL, aparece como la línea fundamental en la que el movimiento comunista debe intervenir de manera decisiva, como no podía ser de otra forma. ¿En qué otros parámetros contemplan los compañeros y compañeras de SUGARRA la coyuntura en la que nos encontramos?.
Reiteramos además que SUGARRA no realiza una adecuada caracterización del Régimen del 78, pues desde nuestra perspectiva, no es la “superestructura jurídico política”, correspondiente a una determinada base económica, sino que el Régimen del 78, responde a una totalidad en la que el sistema político, el sistema económico y la ideología dominante, se articulan para reproducir la forma de capitalismo vigente. Diferentes medidas legislativas impulsadas por el bloque en el poder, a través de sus apéndices políticos, tales como la llamada “Reconversión industrial” de los 80, la ley del suelo que promovió la burbuja inmobiliaria, las privatizaciones de empresas energéticas (Telefónica, Iberdrola…), el rescate bancario, reformas laborales sucesivas… pudieron ser acometidas debido a una correlación de fuerzas que les beneficiaba, ante la transformación de los sindicatos mayoritarios en aparatos ideológicos del Estado, al servicio de la reproducción del sistema y una izquierda progresivamente integrada en en sistema, como legitimadora del Régimen del 78 de hecho y de palabra. Suponemos que SUGARRA no caerá en el determinismo economicista, ni en el mecaniscismo.

Plantear una ruptura con el Régimen del 78, en torno a las ideas centrales de derecho de autodeterminación, negativa a pagar la deuda ilegítima provocada por los rescates bancarios, derogación de las reformas laborales y de la “ley mordaza”, cumplimiento de las leyes de recuperación de la memoria histórica, puesta en marcha de medidas para combatir al patriarcado y la violencia machista, ruptura con la Unión Europea y el euro… ¿en qué concretamente no podría estar de acuerdo SUGARRA? ¿bajo qué premisas pudieran desembocar nuestras críticas en un “antagonismo?. Si estas líneas programáticas no abordan “la contradicción principal”… ¿qué lo hace?.

SUGARRA en ningún momento niega el esquema/resumen con el que tratamos de presentar la esencia de su posición y que reproducimos a continuación:
“El Régimen del 78 es un modelo democrático imperfecto, por debajo de la media de las democracias capitalistas formales europeas, en términos de derechos y libertades fundamentales. Además, no deja de ser un mero remozado del Régimen franquista que le precedió. De hecho, poca diferencia hay entre un régimen y otro, por lo tanto lo importante no es cuestionar o derribar el Régimen del 78, que sería en realidad algo secundario, sino “asumir” el carácter principal de la contradicción entre la clase obrera y la gran burguesía, y actuar al respecto, ya que si es resuelta la contradicción principal, las secundarias se solucionarán también. Sólo identificando correctamente la contradicción principal, podrá desarrollarse una estrategia correcta.”

Y en su artículo inicial al que respondimos afirman:
“De ahí que no debamos dejarnos guiar sólo por las apariencias, que no debamos desviar la dirección de nuestra lucha hacia objetivos que, aunque puedan parecernos relativamente importantes, no por ello dejan de ser secundarios en la lucha revolucionaria por el socialismo. Por ello, debemos centrarnos en la contradicción principal y hacer todo lo posible por superarla.”
¿De qué apariencias hablan? ¿de qué dirección no hay que desviarse? ¿qué significa exactamente ese “centrarnos en la contradicción principal”? Y no, no se trata de un repertorio de preguntas retóricas, sino que esperaríamos una respuesta, porque -quizás llevados por la impresión inicial de considerar que habíamos vertido acusaciones gratuitas sobre ellos- no centran la cuestión en lo importante.
Afirman que llevamos al absurdo su razonamiento de separar capitalismo y régimen del 78, pero SUGARRA, al considerar al Régimen del 78 como contradicción secundaria, frente a la principal que es el capitalismo, de facto están apuntando hacia una disociación entre los mismos, al considerar que “debemos centrarnos en la contradicción principal”, sólo que no explican, ni siquiera someramente, que significa eso.
Para concluir, sobre las consignas que les ha resultado “chocantes” a los compañeros y compañeras de SUGARRA, responderemos a su interpelación.
Sobre la autodeterminación, PRECISAMENTE porque la propuesta de confluencia por la ruptura con el Régimen del 78, lleva como uno de sus pocos puntos iniciales, el reconocimiento del derecho democrático a la autodeterminación de los diferentes marcos nacionales del Estado español, hemos manifestado nuestro apoyo. Por cierto, desde la lógica de SUGARRA, la defensa del derecho de autodeterminación, ¿no sería algo secundario que se resolvería centrándonos en la contradicción principal?.
Y no, no tenemos que esperar a que el Estado español sea socialista para reclamar nada. Nuestro planteamiento, parte de que ante cualquier hipotético caso de proceso soberanista en Euskal Herria, pero incluso aunque no lo haya, el movimiento comunista de Euskal Herria debe haberse constituido como una referencialidad de la clase trabajadora. Esa es la prioridad absoluta, reconstruir el movimiento comunista e ir articulando el proceso de constitución del Partido Comunista de Euskal Herria, más que realizar elucubraciones futuras. La prioridad es el socialismo y desde nuestra perspectiva, el independentismo es una estrategia sometida a las condiciones concretas, no una finalidad. Ni somos independentistas, ni somos no-independentistas, somos comunistas y la autodeterminación, de plantearse en algún momento, debe ser contemplada con una correlación de fuerzas favorable a los intereses de la clase trabajadora de Euskal Herria. No podemos seguir planteando la autodeterminación estando a la zaga, el resto es mera especulación.
La pequeña “malignidad” por parte de los compañeros y compañeras de SUGARRA, preguntándonos si contemplamos el socialismo como una alternativa más, dentro de las posibles, la tomaremos como una broma, no podemos hacerlo de otra forma. Afirmar la alternativa socialista al capitalismo, no es una opción entre otras, es la nuestra y suponemos que también la de SUGARRA.

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