MARCO NACIONAL VASCO, AUTOGOBIERNO Y REGIMEN DEL 78-Jon Ibaia, militante de HERRI GORRI

hozmartilloEn su día ya señalamos en otro escrito lo que representa el hecho objetivo de la mejor situación económica y social de Hegoalde en comparación a la del resto del Estado español, y cómo es gestionado política e ideológicamente este hecho. Efectivamente, la positiva percepción de una mayoría social vasca de la situación general tanto en términos económicos como sociales, frente a las realidades del Estado español donde los valores de pobreza relativa y absoluta, de desempleo, de calidad de los servicios públicos fundamentales son objetivamente peores, se asienta sobre una evidencia empíricamente contrastable. El problema reside en que esa evidencia, parece imponerse a otra como es la de un aumento de la pobreza relativa y absoluta del desempleo, de la precariedad laboral y una pérdida de derechos sociales y laborales en la Comunidad Autónoma Vasca en esta década de crisis y posterior ofensiva del capital sobre el trabajo.

Definir Euskal Herria, principalmente Hegoalde, como Marco nacional en el que la lucha de clases mantiene unas características propias, no implica ninguna concesión al nacionalismo vasco, sino confirmar la evidencia de una realidad política, ideológica y económica heterogénea respecto a otras realidades y marcos de lucha de clases. De manera simultánea el Régimen del 78 para su reproducción como estructura de poder capitalista, establece unos mecanismos ideológicos, políticos, económicos e institucionales en función de estas características propias y específicas del marco nacional vasco. Como se entenderá perfectamente, la reproducción del Régimen del 78 en Madrid, en Andalucia, en Catalunya o en Hegoalde no se desarrolla de la misma forma.

El Régimen del 78 se reproduce en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) bajo la premisa del mayor grado de desarrollo de las fuerzas productivas, de la existencia de múltiples identidades nacionales y sentimientos de pertenencia, del carácter extremadamente minoritario y disfuncional del nacionalismo español y de la presencia de un nacionalismo vasco mayoritario. También de la sobre-representación de la pequeña burguesía y de una aristocracia obrero-funcionarial que mantienen una posición política e ideológica muy relevante en la dinámica de lucha de clases.

El Régimen del 78 en la CAV en el contexto en el que nos encontramos, ha tenido la capacidad de construir un bloque de fuerzas políticas y sociales que, de izquierda a derecha y de “españolismo a abertzalismo”, ha logrado generar en torno a las instituciones del autogobierno, un alto grado de legitimación y de consenso, no exento de contradicciones, de conflictos de intereses pero con una estabilidad suficiente y necesaria, para la reproducción del capitalismo y su proceso de valorización integrado dentro del marco estatal y de la Unión Europea.

En la coyuntura en la que nos encontramos, en Hegoalde no existe una verdadera oposición al Régimen del 78. Lógicamente no podemos considerar oposición al Régimen del 78, a un reformismo en su variante abertzale y no abertzale, empeñado en reconstruir ideológicamente lo que es la “izquierda” despojándola de su raíz transformadora y separándola del antagonismo entre capital y trabajo como pilar central de su discurso y praxis. Una de las funciones que el reformismo está realizando en el seno del Régimen del 78 es la de dar forma e incluso contenido, a una izquierda para la que la pobreza, la precarización, la creciente distancia entre beneficios empresariales y salarios o la disolución del Estado de Bienestar, son afrontadas como algo “ya dado”, frente a lo cual la respuesta es mera gestión de un asistencialismo corrector institucional o de “economía social” -que no socialista- y de bonos contra “la pobreza eléctrica”.

El reformismo abertzale y no abertzale, hegemónico entre amplios sectores de la clase trabajadora vasca, es la causa y simultáneamente la consecuencia de un Movimiento Comunista que no ha sabido, ni podido reconstruirse como referente político y organizativo y columna vertebral de una oposición al Régimen del 78 en Hegoalde.

La pequeña burguesía y la aristocracia obrero-funcionarial, vector dirigente del reformismo, produce un discurso y una praxis funcionalmente contradictoria con el polo de centro-derecha, en tanto que permite identificar posiciones y políticas de izquierdas y de derechas, con capacidad de integrar a sectores de la clase trabajadora vasca, ante la ausencia de otros referentes.

Que el centro del debate político en la CAV, se encuentre en la presente coyuntura en la territorialidad, en reforzar al Régimen del 78 mediante un “Nuevo Estatuto”, o en mantener el vacuo “derecho a decidir” como artificiosa contradicción, es demostrativo de la eficacia con la que el Régimen del 78 se reproduce como bloque social, complejo y diverso, en el que izquierda-derecha y nacionalismo vasco y español, establecen unas correlaciones de fuerzas y equilibrios de poder que lo consolidan.

La formación de una oposición al Régimen del 78, se debe articular estableciendo una línea de demarcación con el reformismo abertzale y no abertzale, pero de manera simultánea, interpelando a las fracciones de la clase trabajadora que lo apoyan, con un programa político en el que las reformas, los avances en derechos sociales y laborales, en derechos y libertades fundamentales, estén encuadrados en una estrategia de transformación social.

Pensar que los derechos sociales pueden ser “blindados” con un nuevo estatuto sometido a los límites del endeudamiento prefijados por las instituciones financieras de la Unión Europea, a la lógica de la competitividad basada en los ajustes salariales, y al chantaje el bloque en el poder incluso para fijar políticas fiscales progresivas y progresistas, entra dentro de la lógica reformista. Una lógica que presentará como éxitos de su gestión reducir los impactos sociales del capital y que simultáneamente, legitimarán su condición de izquierda razonable y pragmática.

Un Nuevo Estatuto que erige la territorialidad en el centro de un debate en realidad secundario, pero útil para el nacionalismo, para legitimar su interclasismo y su identitarismo, como expresión de la “buena gestión” del capitalismo dentro de las instituciones del Régimen del 78. En un contexto en el que la estatalización de nuevas naciones dentro del marco de la Unión Europea, incluso bajo la premisa de su sometimiento a la lógica de la Troika y al imperialismo, es una vía muerta. En un contexto en el que la represión del Régimen del 78 sobre el Proceso Soberanista Catalán, ha contado con el beneplácito de la Unión Europea y ha demostrado la capacidad del capital para intervenir decisivamente sobre “el derecho a decidir” definiendo el marco de decisión, ¿bajo qué parámetros define el nacionalismo vasco, en su variante más o menos esencialista, el debate sobre el “derecho a decidir”? ¿Quizás para mantenernos otro lustro de debates en torno a cómo decidir no se sabe qué, mientras se practica en las instituciones del Régimen del 78 identitarismo y esencialismo, como ideología al servicio de la reproducción del capitalismo?

El independentismo, como vector de confluencia transversal entre sectores de la pequeña burguesía, de la aristocracia obrero funcionarial y sectores de la clase trabajadora vasca, ha perdido fuerza social y política en Hegoalde. Ante las incertidumbres -o certezas, depende cómo se mire- del Proceso Soberanista Catalán, el reformismo abertzale, ha tenido que reconstruir su nacionalismo en un horizonte en el que la Independencia no puede ser hipótesis, pues implicaría una ruptura con el Régimen del 78 y el Marco de la Unión Europea. Un reformismo abertzale que, para diferenciarse del Partido Nacionalista Vasco, más coherente, realista y con conciencia de la función que cumple como apéndice del Régimen, inunda su documento de “Nuevo Estatuto”, de palabrería, de términos como “Comunidad Estatal Vasca”, de soberanías… de confederalidad incluso, aderezado con términos del postmodernismo izquierdista anglosajón, para llegar a la misma conclusión: defendamos el autogobierno, mantengamos a la clase trabajadora vasca dividida y, por supuesto, alegrémonos de lo bien que estamos en la CAV, aunque siempre hay que seguir trabajando…

Una oposición al Régimen del 78, fundada sobre cuatro pilares fundamentales:

1º La lucha en torno a derechos sociales y laborales y derechos y libertades fundamentales, como punto de confluencia democrática y popular, no como una inviable vuelta atrás al Estado de Bienestar, sino desde la perspectiva de que fueron derechos fundamentales logrados por la lucha de la clase trabajadora y que le están siendo arrebatados con impunidad por el capital y el bloque en el poder que lo representa.

2º La necesidad de afrontar transformaciones estructurales en el sistema político y el sistema económico, como única vía para superar las condiciones de creciente explotación, opresión y dominación de la clase trabajadora. La ruptura con el euro, con la lógica capitalista e imperialista de la Unión Europea, son la condición para impulsar un programa de nacionalizaciones, tanto de la banca, como de entramados oligopólicos como la energía y poder desarrollar derechos sociales y blindarlos mediante una democracia popular, al servicio de un nuevo bloque en el poder, en el que la clase trabajadora asuma la centralidad política.

3º La autodeterminación, como derecho democrático fundamental, por supuesto, pero principal y prioritariamente, fundamentada en la soberanía de la clase trabajadora, como sujeto político, en condiciones de establecer alianzas y liderar un bloque transformador que rompa las actuales correlaciones de fuerzas e impulse un deslizamiento político e ideológico en el campo del reformismo, hacia posiciones de ruptura y transformación social.

4º La amnistía de los presos y presas encarcelados por motivos políticos y la transformación de las condiciones que generaron su estatus de presos políticos como reivindicación esencial.

5º La oposición al Régimen del 78 en Hegoalde, implica dos marcos de intervención. El primero de ellos, ligado a la consigna histórica de “ajustar cuentas” con la burguesía local, y el segundo a la necesidad de conformar un frente de lucha político e ideológico en el conjunto del Estado español, con las fuerzas políticas y sociales dispuestas a superar el Régimen del 78 e impulsar una República democrática en cuyo proceso constituyente, las clases trabajadoras de las diferentes naciones del Estado español definan las condiciones de unidad política para desarrollar una vía hacia el socialismo, en la que la República Socialista Vasca estará como objetivo de la clase trabajadora vasca.

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