El movimiento de pensionistas eje de la resistencia a la ofensiva del capital contra la clase obrera y el pueblo trabajador.

descargaCuando hace aproximadamente 19 meses empezaron las concentraciones de los jubilados y pensionistas de Vizcaya ante el Ayuntamiento de Bilbao, era difícil de prever que fuera a consolidarse y extenderse de forma impetuosa por todos los rincones de Vizcaya. Después, han sido Álava, Guipúzcoa y Navarra las que se han incorporado al movimiento. Las características de las movilizaciones de los pensionistas vascos de masividad, pluralidad y unidad, pronto se han convertido para el resto de los pensionistas del Reino de España como referenciales.

La generación de trabajadores activos y combativos de los años 60,70 y parte de los 80, ahora jubilados o pensionistas, volvían a las andadas. Las experiencias de los duros años finales de la Dictadura Franquista en los que la clase trabajadora vasca se había convertido en protagonista indiscutible de la lucha contra el Régimen vigente, a pesar de la represión en forma de estados de Excepción, despidos, detenciones, cárcel y asesinatos de manifestantes, no habían caído en saco roto.

El desarrollo imparable de las luchas obreras, ya extendidas por todo el Estado español, consiguieron combinar el carácter reivindicativo sobre salarios y derechos laborales con exigencias de carácter político.

El incremento de los salarios y la mejora en las condiciones de trabajo fueron evidentes. La petición de la libertad de los detenidos en las huelgas y manifestaciones se convirtieron en algo cotidiano y la exigencia de amnistía para los presos y presas represaliados políticos pasó a ser una de las señas de identidad del movimiento obrero de aquellos años.

La extrema dureza de la represión hizo que el precio que se pagó fuera muy alto, pero el poso de experiencias y la convicción de que contra la explotación, la injusticia y la mentira no hay otra forma de enfrentarlas más que con la lucha desde la unidad de la clase trabajadora, sentó un precedente histórico.

Hoy, la banca, las multinacionales, la gran patronal preparan una ofensiva a cara de perro contra la debilitada resistencia del movimiento obrero y contra la clase trabajadora en general. No lo ocultan, dictan sus órdenes a los gobiernos de turno para que estos, sumisos, traten de justificar las consecuencias de empobrecimiento de amplios sectores populares y de la consolidación de la miseria en una parte importante de la clase trabajadora como un “mal menor inevitable”.

Pero el análisis sobre las consecuencias catastróficas que tendría en el amplio colectivo de jubilados y pensionistas actuales y, sobre todo, futuros la aplicación de la reforma de las pensiones, ha permitido comprender la necesidad de oponerse radicalmente a tal pretensión, impulsando las manifestaciones de protesta y transformarlas en un movimiento de masas organizado y con alternativas.

Es precisamente ahí, en la búsqueda de las alternativas al intento de liquidación del sistema público de pensiones que pretenden los poderes económicos dominantes, de donde arranca una explicación argumentada de las reivindicaciones de los pensionistas como posibles y justas.

Al desarrollar una concienzuda investigación de clase, el movimiento de pensionistas va poniendo al descubierto las mentiras, mil veces sembradas, y permanente publicitadas por unos medios de comunicación mercenarios que no ahorran en sus intentos de desacreditar a los pensionistas calificándonos de “egoístas” e “insolidarios”. Nada más falso.

Las pensiones y prestaciones sociales son herederas de sociedades de socorros mutuos que, nacidas en el siglo XIX, fueron creadas por los trabajadores-as con fondos propios para hacer frente a situaciones de accidente o enfermedad que dejaban a trabajadoras-es y sus familias sin sustento. No fueron ni son una creación de la burguesía, ni un regalo de los poderes públicos, son el resultado de la solidaridad de los trabajadores y de la lucha para consolidarlos.

La conquista del sistema público de pensiones, forma parte importante de la historia de la clase trabajadora en el Estado español. Una historia de solidaridad entre generaciones y territorios que finalmente fue avalada por el Estado. Los actuales pensionistas cotizamos por nuestros padres y madres, abuelos y abuelas, así como para consolidar el derecho a nuestra propia pensión, y es ahora a las generaciones que nos siguen a quienes los corresponde sustentar y luchar por sus pensiones y las nuestras. (*)

Cuando en sectores de trabajadores en paro, con trabajos precarios o, que obligados por las circunstancias lo hacen en dinero negro, se extiende la idea que es un problema que no les concierne, que los pensionistas somos un sector de privilegiados favorecidos por una época de bonanza económica, están haciéndose eco de la basura propagandística de la burguesía en su conjunto y del sector dominante de la misma, particularmente.

Obligado el movimiento de pensionistas a señalar las soluciones reales para el mantenimiento y desarrollo de un sistema público de pensiones, ha identificado y cuantificado los canales por donde se esfuma el dinero público (en el que la aportación vía impuestos por parte de la clase trabajadora es determinante) y ha calculado, tirando por lo bajo, las cantidades sustraídas al erario público a través de evasión de impuestos, exención de cotizar por beneficios a sectores importantes del empresariado o por trasvases de los fondos comunes a cubrir las pérdidas de la banca privada. A tal efecto se aprobó por parte del gobierno de turno (en este caso del PSOE) la reforma del artículo 135 de la Constitución (que nos dicen intocable), con el apoyo del PP y UPN.

Pero como no se trataba solo de señalar hacia donde se habían volatilizado los dineros comunes, sino también de concretar la forma de garantizar los recursos suficientes para hacer viables las pensiones presentes y futuras, se concretó la forma de garantizar el sistema público de reparto y su financiación.

pensiones

Es evidente cómo una reivindicación concreta de un colectivo concreto se transforma en la práctica, en razón a los argumentos, en un programa de carácter socio-económico que recoge las reclamaciones que de manera dispersa se han venido planteando a lo largo de los últimos años desde el movimiento obrero y popular. No podía ser de otra manera, pues al mover la problemática de una parte de la clase trabajadora, no puede quedar el resto al margen ni de la reflexión del problema ni, mucho menos, de la solución del mismo porque es inevitablemente integral.

¿Acaso no está integrado con el problema de las pensiones el de los salarios, la política fiscal, los presupuestos del Estado, la sanidad, la educación, el reparto del trabajo, la redistribución de la riqueza, la garantía de los derechos mínimos como el de una vivienda digna, etc. etc.? .

¿Es posible combatir el paro estructural existente sin el reparto del trabajo?. ¿Es que acaso el aumento de la productividad laboral por hora trabajada no absorbe sobradamente la disminución de las horas trabajadas?. No son especulaciones, son datos contrastados publicados en los informes internos de la patronal y agencias afines. ES POSIBLE Y NECESARIO

¿Es posible el aumento de la recaudación por la vía de los impuestos a quienes o no los pagan (exenciones fiscales), a quienes defraudan directamente con la complicidad y comprensión de los poderes reales establecidos,…? ES POSIBLE E IMPRESCINDIBLE

Necesitaríamos “el libro gordo de Petete” para entrar en detalle de los atropellos a la Justicia que se llevan a cabo con total impunidad por parte de los de siempre, a los que se añaden deportistas de élite, “artistas olvidadizos”, nuevos ricos de reciente aparición al calor de la especulación inmobiliaria o de las inversiones en proyectos faraónicos innecesarios que terminan siendo pagados desde “partidas presupuestarias especiales” con dinero público.

No es necesario insistir. La corrupción, como el pescado, empieza por la cabeza, sea coronada o con txapela.

Las razones del enfado de los pensionistas, la voluntad de seguir luchando hasta conseguir “ganar esta batalla” tiene el condicionante de conseguir hacer converger esta lucha, que contiene necesariamente un programa socioeconómico común y necesario al conjunto de la clase trabajadora y amplios sectores populares, con las luchas y los esfuerzos concertados de sindicatos, movimientos populares (feministas, estudiantiles, de jóvenes sin perspectivas de desarrollo vital, de asociaciones de damnificados por los desahucios, de parados, de comerciantes obligados al cierre por la competencia desigual y desleal de las grandes superficies, etc..)

Estamos obligados a la UNIDAD EN LA LUCHA. Los vendedores de derrotismo propagan a los cuatro vientos que no hay nada que hacer, que son los amos, que la gente no responde, que todo el mundo está igual…..

SI NO SE LUCHA LA DERROTA ESTA GARANTIZADA. SI LUCHAMOS UNIDOS LA VICTORIA ES NUESTRA.

Recordemos el final de “vientos del Pueblo” de Miguel Hernández, poeta asesinado el por el franquismo.

Yugos nos quieren poner gente de la yerba mala, yugos que hay que dejar rotos sobre sus espaldas”

ENTRE TODOS LOGRAREMOS QUE EL EJE DE LA RESISTENCIA PENSIONISTA SE TRANSFORME EN LA OFENSIVA GENERAL DE LA CLASE TRABAJADORA POR LA REDISTRIBUCION REAL DE LA RIQUEZA Y POR LA RECONQUISTA DE LOS DERECHOS ARREBATADOS.

No se confundan los partidos políticos de las promesas incumplidas, vendedores de humo. Somos algo más que tontos útiles que aceptan que cada tres o cuatro años nos pongan el babero de “vota y calla”. Además de votar con cabeza también somos capaces de BOTAR a quien corresponda.

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