ANTE LAS NUEVAS ELECCIONES DEL 10 DE NOVIEMBRE

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Ya en el mes de abril, la posición de HERRI GORRI ante el ciclo electoral que se abría, como mínimo entendíamos que debía apartarse de posiciones ultraizquierdistas que llamaban a una supuesta “abstención revolucionaria”, al boicot electoral y a entender que las elecciones no eran más que una farsa inútil. Tampoco entendíamos que una marca comunista, debiera participar en las elecciones como una opción electoral más en el contexto actual. Ante estas nuevas elecciones del próximo 10 de noviembre, tenemos un planteamiento muy claro.

Los procesos electorales, son la forma fundamental de participación política para amplios sectores del proletariado. Recurrir a la retórica de “la farsa burguesa”, de “las ilusiones democráticas”, de no “hacer el juego al Régimen del 78 votando”, simple y llanamente significa considerar al proletariado mero populacho, desde posiciones ultraizquierdistas y elitistas. Afirmar que es lo mismo una victoria electoral del bloque reaccionario integrado por PP-CIUDADANOS-VOX que la de UNIDAS-PODEMOS o incluso que la opción liberal-progresista del PSOE, porque todo es Régimen del 78, es salirse del campo de la izquierda, para arrojarse al ostracismo político.

Andalucía, Madrid o Murcia, son los ejemplos claros de lo que implica la formación de gobiernos reaccionarios, con su ofensiva antifeminista, nacionalcatolicismo y sus políticas fiscales retrógradas y antiproletarias. ¿Habría que haber dejado gobernar a NAVARRA SUMA en Nafarroa, porque “es lo mismo” que un gobierno del PSN con GEROA BAI, UNIDAS PODEMOS y EZKERRA, con la abstención de EH BILDU?. El “cuanto peor, mejor” como base de la política revolucionaria, hace tiempo que fue superada, pues no existe una correlación significativa entre mayor explotación y opresión de una parte y aumento de una conciencia revolucionaria.

Efectivamente “todo es Régimen del 78”, pero incluso hoy en día, en el contexto en el que nos encontramos, la estructura del Régimen mantiene márgenes de maniobra progresistas o reaccionarios, en función de las correlaciones de fuerzas. Desde luego, afirmar que el Estado español es un régimen fascista, además de no ser cierto, banaliza y blanquea al verdadero fascismo.

La reconstrucción del PSOE como pilar político-electoral central de Régimen del 78 era un objetivo fundamental para el bloque en el poder. El PSOE con una amplia red de organizaciones a su servicio dentro del campo popular, tiene la capacidad ideológica de presentarse como una opción “de izquierdas” y progresista, al servicio del bloque en el poder y de los objetivos de la estabilidad y reproducción del Régimen. Dentro del movimiento de jubilados y jubiladas y pensionistas, en el movimiento feminista o en el movimiento sindical amarillo, el PSOE desarrolla una función esencial para desactivar posiciones más avanzadas de izquierdas. A diferencia del Partido Popular, CIUDADANOS o VOX, el PSOE resulta especialmente valioso al bloque en el poder, por su fuerte presencia en el campo popular y su construcción mediática como “fuerza de izquierdas”. Ante lo que se supone un panorama de nueva crisis económica y posterior fase de recuperación con las recetas clásicas, las redes de un PSOE reconstruido como “izquierda” por el extenso aparato mediático-ideológico en el campo popular, juega una función de vital importancia para legitimar políticas neoliberales de hecho e inevitables de palabra. El PSOE ni siquiera puede ser considerado como “socialdemócrata”, defendiendo posiciones profundamente reaccionarias y anti-proletarias en lo económico y en lo social y siendo un apéndice más al servicio de la reproducción del Régimen del 78.

No creemos que el proletariado que vota a las candidaturas socialdemócratas, lo haga con la “ilusión” de que UNIDAS-PODEMOS o EH BILDU, nos lleven hacia el socialismo, con una ruptura del Régimen del 78, un impago de la deuda externa, la salida del marco del euro o incluso de la Unión Europea. El proletariado podrá no tener conciencia revolucionaria, pero sobretodo no es imbécil. En el contexto y en la coyuntura electoral que afrontamos, en todo caso aspiran a una mejora de sus salarios y derechos sociales, poder afrontar el pago de la hipoteca o el alquiler, seguir teniendo una sanidad pública y un sistema educativo accesible y unas pensiones que posibiliten una vida digna.

Construirnos como referencialidad en el campo popular, implica enarbolar un programa táctico en el que asumamos como propios los objetivos parciales de las luchas populares, defenderlos para fijarnos como “izquierda” reconocible por los sectores del proletariado políticamente más avanzados y de otra parte, no esconder nuestros objetivos estratégicos en tanto que implican la superación del capitalismo y del patriarcado como sistemas de opresión, dominación y explotación.

¿Quién mantiene una posición de defensa más consecuente de los derechos de jubilados y jubiladas y pensionistas? ¿ Quién mantiene una defensa más firme de la igualdad entre mujeres y hombres? ¿Quién aspira a derogar las últimas reformas laborales?. Estas son las preguntas que también debemos hacernos nosotras y nosotros y pensar bien la respuesta.

La referencialidad comunista no puede construirse sobre la base de un programa que confunde la táctica con la estrategia y los deseos con la realidad material de la lucha de clases y las correlaciones de fuerzas existentes. No estamos en un proceso competitivo con la socialdemocracia “real” por la dirección política del proletariado en la antesala de una ruptura revolucionaria, sino en una fase en la que ni la propia socialdemocracia, ni la izquierda reformista mantiene una posición hegemónica en el campo popular, y no precisamente porque su programa de reformas sea considerado como moderado o insuficiente, sino más bien lo contrario.

Consolidarnos en el campo de la izquierda, exactamente a la izquierda del mismo, significa hacer pie en las dinámicas de las luchas populares posicionándonos “un paso por delante de las masas”, pero sólo uno, de forma que podamos ser reconocidos dentro del campo ideológico-político de la izquierda y no en el del sectarismo, el ultraizquierdismo y la marginalidad politica. Entender que alejarnos del reformismo, no es renunciar a defender mejoras en las condiciones de vida del proletariado, sino ganar posiciones, construir movimiento, crear cuadros y preservar una línea política estratégica a la que se subordina la táctica política, consideramos que es esencial.

En HERRI GORRI cometimos el error de criticar y confrontar con el reformismo abertzale y no abertzale en el campo de batalla de los principios, contraponiendo a su naturaleza reformista y oportunista, nuestra naturaleza marxista-leninista, en una batalla que no podía ser ganada. No nos encontramos en una situación en la que nos estemos disputando con el reformismo la dirección política de un proletariado en proceso de toma de conciencia revolucionaria, sino en una fase previa en la que la batalla debemos desarrollarla en el terreno táctico precisamente para llegar a esa situación, para la que una transformación de las correlaciones de fuerzas del campo popular respecto al bloque en el poder es condición imprescindible.

Ni mucho menos significa ésto que HERRI GORRI tenga intereses electorales. Desde nuestra perspectiva, las organizaciones comunistas no deben asumir responsabilidades institucionales, siendo el movimiento popular el centro de intervención político esencial, lo que no significa que el avance de las posiciones de izquierdas, no lo contemplemos como parte del proceso histórico de transformación de las correlaciones de fuerzas y de reforzamiento de la independencia política del proletariado del que las y los comunistas debemos ser su sector más avanzado. Y es que el marxismo-leninismo es la forma en la que organizadamente las y los comunistas integramos los avances tácticos en una línea política cuyo objetivo político es el socialismo.

En estas nuevas elecciones, consideramos que el avance de la socialdemocracia representada por UNIDAS-PODEMOS y sus diferentes confluencias, así como EH BILDU también en el caso de Hegoalde, representan objetivamente un avance cualitativo en términos de democratización, defensa y ampliación de derechos sociales y laborales y de libertades fundamentales, respecto a otras candidaturas y que sientan las bases para la formación de un bloque popular progresista y de izquierdas en el que las y los comunistas podemos desarrollar una línea de intervención política marcando objetivos tácticos más avanzados y objetivos estratégicos ineludibles para acabar con los problemas que el capitalismo y el patriarcado generan.

La formación de este bloque popular progresista y de izquierdas, sea a nivel del Estado español o en Euskal Herria, establece las condiciones políticas e ideológicas necesarias para que las y los comunistas podamos construirnos organizativamente y disputar a la socialdemocracia y al reformismo la dirección política del proletariado y construir la alternativa socialista.

Existen ya organizaciones y colectivos comunistas que plantean de manera seria, la necesidad de desarrollar una línea política de intervención no confundiendo deseos y ensoñaciones con la realidad material de la lucha de clases y creemos que ese es el camino. Trabajar por la independencia de clase, es construir la organización comunista y trabajar por la organización comunista, es construir la independencia del proletariado.

De otra parte, asistimos también al surgimiento de sectores de la juventud que, sin verdaderos referentes partidarios o partidistas, se afirman como proletariado, entienden la lucha de clases como motor de la historia y encuentran en el socialismo el único camino para superar sus problemas como juventud proletaria explotada y oprimida, afirmando su independencia como clase.

Tenemos un largo camino que recorrer y somos conscientes de ello. En Hegoalde asistimos a una hegemonía de la derecha, sea bajo la forma nacionalista vasca o española y a un reforzado Partido Socialista a los que debemos combatir política e ideológicamente para que el proletariado rompa con ellos y ese trabajo implica calle, organización y hegemonía por parte de las y los comunistas.

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