ANUNCIO DE ELECCIONES EL PROXIMO 12 DE JULIO

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La convocatoria de elecciones al Parlamento Vasco el próximo 12 de julio, es una de las condiciones que el Partido Nacionalista Vasco impuso al gobierno PSOE-UP para votar a favor de prolongar el Estado de alarma.

El PNV no podía esperar hasta otoño ya que entre otras cosas, con la crisis del COVID-19, el desastre del vertedero de Zaldibar y los dos trabajadores aún desaparecidos entre toneladas de basura, ha pasado a un plano mediático secundario, de otra parte tratará de amortizar su “buena gestión” en el avance de la desescalada y, esencial desde nuestra perspectiva, lo peor de la crisis económica y social, en julio aún no se habrá manifestado con todas sus consecuencias. Las muertes de mayores en residencias privatizadas bajo la gestión del PNV, no parecen haber tenido tampoco el efecto mediático suficiente como para perjudicarle. La población estará más pendiente del retorno a una normalidad, sea nueva o relativa y el PNV, como fuerza central y centrada en el tablero político, volverá a recibir el suficiente apoyo electoral como para tener por delante una nueva legislatura para gestionar lo peor de la crisis estando en el poder.

Cuatro años por delante, muy probablemente formando gobierno de coalición con el Partido Socialista, en los que aumentará la pobreza relativa y absoluta, producto de la crisis económica provocada por el COVID-19, cerraran microempresas y pequeñas empresas y se agudizarán las desigualdades sociales. Pero la relativamente mejor situación social respecto al resto del Estado español, unido a una base electoral subsumida en un nacionalismo folclórico y negador de las diferencias de clase, pues “somos vascos y vascas” haciendo país y con unas eficaces redes clientelares muy efectivas a la hora de estructurar de manera extensa el poder jeltzale, son garantía de estabilidad política y de gestión al menos a priori.

La Izquierda Abertzale se sabe como segunda fuerza política, muy probablemente con unos mejores resultados electorales que en los anteriores comicios, pero aún sin verdadera capacidad de ganar unas elecciones en Euskadi.
El bloque reaccionario de derechas seguirá manteniendo un carácter residual y por ello no es en la coyuntura en la que nos encontramos, el enemigo principal del proletariado de Euskal Herria.
El Partido Socialista, es difícil valorar como encajará electoralmente su gestión en el gobierno central, apostaríamos a que esencialmente va a repetir resultados, siendo su principal función ser el bastón del PNV en un previsible nuevo gobierno de coalición. Tanto el EUSKOBAROMETRO, como el DEUSTOBAROMETRO, muestran que las coaliciones PNV-PSE son la que más apoyos suscitan. Además, al contrario de lo que sucediera en Nafarroa, la posibilidad de un acercamiento del PSE hacia PODEMOS y EH BILDU, en el caso de Euskadi sería absolutamente inviable, entre otras cosas por la dependencia del gobierno central respecto a los votos del PNV en el Parlamento español.
Respecto a ELKARREKIN-PODEMOS, sus guerras internas y la incapacidad de tener una línea política coherente, les van a pasar factura y su apoyo electoral se verá mermado, yéndose hacia EH BILDU, el PSOE e incluso el PNV.

En HERRI GORRI desde hace tiempo venimos caracterizando al Partido Nacionalista Vasco como el principal enemigo del proletariado vasco, por su capacidad de ser simultáneamente el brazo político-institucional de CONFEBASK y de los intereses de las fracciones capitalistas más hostiles hacia las trabajadoras y trabajadores y los sectores populares de Euskadi y gestionar un nacionalismo populista, folclórico y conservador, con capacidad de acumular fuerzas en torno al mismo.

El reformismo abertzale (EH BILDU) y no abertzale (PODEMOS), han estado más interesados en lograr acuerdos y negociar con el PNV que en instrumentalizar su presencia institucional y mediática para combatirlo desde la izquierda. Desde esta perspectiva, pocas garantías nos pueden ofrecer estas fuerzas políticas que ni siquiera se han esforzado para denunciar los casos de corrupción del PNV y sus redes clientelares, mejorando la “calidad” democrática de las instituciones.
Los y las militantes, simpatizantes y votantes de EH BILDU y de PODEMOS, deberían pensar en elevar el listón de exigencias hacia sus organizaciones políticas de referencia y comenzar a tener claro que a lo que nos enfrentamos las trabajadoras y trabajadores es a una crisis de implicaciones más profundas que las del 2008. En los barrios y pueblos de Hegoalde, hay familias que, ante el retraso en el pago de los ERTEs, las demoras en los servicios sociales colapsados y la inexistencia de ahorros que posibiliten un “colchón”, literalmente no tienen ni para comer, y no exageramos, cualquiera que tenga un mínimo contacto con su realidad social más cercana, puede dar cuenta de esta situación.

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En HERRI GORRI descartamos de base realizar llamamientos a cualquier tipo de boicot supuestamente “revolucionario” a estas elecciones, pues definiendo como enemigo principal del proletariado en Euskadi al PNV, cualquier debilitamiento institucional de esta organización lo consideraremos un avance democrático y eso únicamente es viable si EH BILDU y PODEMOS tiene suficiente fuerza electoral. No existe en el contexto y en la coyuntura en la que nos encontramos, un referente comunista que, habiendo ganado posiciones políticas, ideológicas y organizacionales entre el proletariado de Hegoalde, tenga las instituciones como frente de lucha de clase al servicio de una línea política de transformación social. Las marcas “comunistas” que en estas elecciones se presenten no sabemos realmente con qué objetivo, no responden a los intereses del proletariado de Hegoalde, sino a motivaciones sectarias ajenas a la realidad de la lucha de clases.
Teniendo como elemento central de nuestra línea política la identificación de la crisis económica y social provocada -acelerada y agudizada- por el COVID-19, mantenemos como una necesidad imperativa reconstruir una alternativa socialista revolucionaria e internacionalista que comience a construirse política y organizacionalmente como referente de la clase trabajadora y de los sectores populares, ante la ofensiva del capital y sus organizaciones políticas, sindicales y empresariales.

En un contexto en el que el nacionalismo revolucionario ha agotado su ciclo histórico, al no poder superar las contradicciones inherentes a su proyecto político y el independentismo incondicional y unilateral ha quebrado como estrategia, es tiempo de reconstruir una alternativa socialista y revolucionaria en Euskal Herria que necesariamente pasa por la creación de un referente comunista e internacionalista que ocupe la tierra quemada que la izquierda abertzale ha dejado en Hegoalde. En política, no existen espacios vacíos y del mismo modo que, ante las renuncias revolucionarias del Partido Comunista de Euskadi, el nacionalismo revolucionario trató de cooptar ese espacio, es tarea del movimiento comunista recuperar la referencialidad, la base social y la estrategia revolucionaria socialista.

Y no, no somos tan pretenciosos e “idealistas” como para considerarnos el epicentro de un proceso de estas características que desborda nuestra propia insignificancia política y organizacional, aunque también es cierto que participaremos en la medida de nuestras posibilidades, aportando nuestro granito de arena.

El pasado 29 de abril en nuestro “DOCUMENTO DE POSICIONES POLITICAS EN LA CRISIS PROVOCADA POR EL COVID-19”, afirmamos que esta crisis, dadas las condiciones y las correlaciones de fuerzas existentes, no va a ser la “antesala de un proceso de ruptura revolucionaria”. Nos encontramos en una fase en la que nuestro esfuerzo debe centrarse en ganar y consolidar posiciones en nuestros barrios y pueblos, trabajando y colaborando con las redes de solidaridad y con el movimiento popular, aprendiendo y aportando, con el objetivo de ir dotando de una estructura, una base y una proyección al movimiento comunista.
La ofensiva que está comenzando a desarrollar el bloque en el poder tanto en el Estado español como en Hegoalde, para recomponer la acumulación capitalista y los márgenes de ganancia, no podemos vencerla. No existen medios organizativos, políticos e ideológicos para hacerlo y nuestra tarea fundamental es construir estos medios, con un trabajo que deberá ser contemplado en el medio y largo plazo. La situación de emergencia social, la pobreza y las privaciones del proletariado, nos hacen hervir la sangre, porque somos comunistas. Pero precisamente porque somos comunistas, debemos ser conscientes de la situación, de las correlaciones de fuerzas y de que la unidad y la independencia política del proletariado, no se logra a golpe de consigna ultra-revolucionaria, épicas y estéticas ultraizquierdistas y actos en los que “los cojones y los ovarios”, sustituyan al cerebro, porque entre otras cosas, no somos una “tribu urbana”.
Como marxistas-leninistas, aspiramos a que padres y madres de familias, estudiantes, jubiladas y jubilados, precarios y precarias e inmigrantes, nos reconozcan como su referente político… este es el verdadero proletariado al que nos debemos, incluso aunque su única contribución en estos días, no haya sido más que asomarse a las 19:58 de cada tarde de confinamiento a aplaudir colectivamente.

Decía un famoso revolucionario chino que cuando el enemigo avanza imparable, nos retiramos y nos reorganizamos; cuando el enemigo flaquea, nosotros lo hostigamos y cuando el enemigo se retira, lo perseguimos y lo aplastamos.

HERRI GORRI MAYO DE 2020

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