INOCENCIA Y RESPONSABILIDADES- Edozein, militante de HERRI GORRI

presion de masas
Decía el poeta Antonio Porchia que un poco de inocencia nunca se apartaba de él y que esa inocencia era la que le protegía.

El pasado miércoles se adelantaba un acuerdo entre el Gobierno de coalición de PSOE-UP y EH Bildu para prorrogar el Estado de Alarma hasta el 7 de junio. El acuerdo contemplaría la derogación de la reforma laboral del 2012. Rápidamente el PSOE aclaraba y matizaba los términos del pacto limitándolo a derogar “las partes más lesivas” de dicha reforma laboral, concretándolo en 3 puntos. Así mismo, guarda ambigüedad en cuanto a su ejecución en el tiempo. En cualquier caso, veremos cómo y en qué se acaba concretando lo que, obviamente, sería una buena medida para la clase obrera y las clases populares en el conjunto del Estado. La reacción unánime de preocupación ante la posible medida que ha mostrado el empresariado español (y sus sindicatos palmeros) es un claro indicador.

Si bien es una medida que ya se recogía en el acuerdo programático del Gobierno de PSOE-UP, eso no es ninguna garantía para su cumplimiento, por tanto, la maniobra de EH Bildu parece correcta para acelerar su posible aplicación y más en un contexto donde los derechos laborales están siendo sistemáticamente destruidos como adelanto a un nuevo ciclo de acumulación que provocará, otra vez, graves consecuencias para el proletariado. El PSOE, puede ir jugando según le convenga, y viéndose en minoría, se guardó como ultimo salvoconducto el apoyo de EH Bildu. Sin embargo, al lograr el apoyo de Cs y PNV, hace el apoyo de EH Bildu irrelevante, por lo que posiblemente EH Bildu en debilidad nuevamente, y creyendo que les iban a tomar el pelo, han optado por filtrarlo a la prensa para, al menos, dejar en evidencia las prioridades del Gobierno, que dan prioridad a pactos Cs-PNV que a pactos con Bildu (o ERC). Destacar una vez más la larga sombra del PNV, socio preferente del PSOE, y más, con las elecciones vascas en el horizonte. Finalmente, UP parece que le invitaron “por compromiso” siendo el último en pronunciarse y sin saber que en cuestión de horas el PSOE rectificaría y aclararía varios puntos del acuerdo. Por más que su líder Iglesias, haya salido después a decir que lo firmado se cumple, UP tiene la responsabilidad última de, cómo parte del Gobierno, hacer ejecutar el acuerdo integro. Sino, comprometería su papel de parte más progresista del Ejecutivo.

Algunos y algunas se apresurarán en señalar la insuficiencia de la medida y, efectivamente, así sería, no estarían descubriendo la rueda. Esperemos que señalen como algo evidente también, que objetivamente supondría una mejora en las condiciones de vida de la clase obrera, que viene arrastrando del anterior ciclo de acumulación una precariedad importante a todos los niveles y que la crisis del Covid-19 puede acabar por asestar un golpe letal a miles y miles de familias trabajadoras.

Claro que no es suficiente, lo sabemos perfectamente. Recordemos que en el mejor de los casos supondría regresar a una situación previa, anterior al 2012, lo cual significa que ni siquiera es una reforma. Como decimos, tampoco sabemos si la propia EH Bildu lo ha hecho como un simple gesto de cara a la galería, que la sitúa en buena posición ante su electorado pero conocedora de que no es posible ejecutar realmente un acuerdo de esos parámetros. Porque no tiene mayor responsabilidad que la de la confianza que le han dado sus votantes en las urnas y no una izquierda organizada que ejerza de presión para obligarle a tomar una posición progresista allá donde haya en juego avances de calado para la clase obrera.

Por eso, pretender que el reformismo tome las medidas más a su izquierda por su propia naturaleza, sin exigencias, es desconocer su origen y sus funciones. Querer que adopten una posición de ruptura es, ciertamente, pretencioso, y como diría cualquier abuela o abuelo, de esos que están preocupados por su situación y lo que viene, “es pedirle peras al olmo”.

El programa máximo del reformismo, solo es posible con una izquierda transformadora fuerte y organizada, sabedora de la importancia de avanzar en reformas y con capacidad de exigir, como mínimo, los puntos más progresistas de esos programas. Pero, sobre todo, una izquierda dispuesta a no plegarse ante los avances conseguidos, consciente de que para poder transformar la correlación de fuerzas y generar realmente las condiciones políticas para gestionar metas más ambiciosas, primero debe crear contradicciones en el campo del reformismo, para que choque contra sus propios límites y los de las instituciones burguesas que aspira a gestionar. Recuperar las calles es una tarea prioritaria y fundamental.

Sería de ingenuos pensar que esa situación llegará por sí sola, cuando el reformismo abandone su vía reformista y abrace la vía revolucionaria. La izquierda revolucionaria no puede hacer dejación de funciones, no puede hacer como si esto no fuera con ella. Es esa circunstancia, precisamente, la que otorga demasiado peso a la política institucional, y hace supeditarse a ella, sin más tarea que dedicarse al análisis abstracto y a señalar la obviedad de que el socialismo es la única manera de superar al capitalismo. La cuestión es cómo llegar. Querer imponerse en el terreno de la ideología sin actuar, sin tomar partido en la realidad de la lucha de clases, quizás sea esa inocencia para protegerse que decía el poeta.

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