MADRID, “OBREROS DE DERECHAS” Y APUNTES DIVERSOS-Jon Ibaia, militante de HERRI GORRI.

Por más que podamos criticar a las estructuras político-electorales del reformismo (MAS MADRID y UNIDAS PODEMOS en el caso de Madrid), su base electoral refleja en términos cuantitativo y cualitativos, la base sociopolítica de oposición al Régimen. Esto no implica otra cosa que señalar lo obvio, y es que unos programas “de izquierdas”, en los que la defensa de los sectores públicos, con especial énfasis en la sanidad, el reparto de la riqueza, haciendo que el sistema fiscal sea más progresivo y “progresista”, defensa de libertades y derechos fundamentales democráticos y enarbolar unos significantes genuinamente de izquierdas, como son el antifascismo y la identidad colectiva popular y de clase, no han logrado acumular más fuerzas que un 24%, con una altísima participación del 76%.

Las elecciones madrileñas, más que implicar un apoyo activo hacia unos melifluos programas de izquierdas -llamarlos socialdemócratas quizás sea exagerar- significaba parar al bloque reaccionario de derechas, incluso a costa de establecer alianzas con el social-liberalismo del PSOE. ¿Mal menor? pero por supuesto… ¿acaso estamos en un contexto de ruptura revolucionaria?. Esta batalla no tenía otra finalidad que la de frenar al bloque neoliberal de derechas. Ni las movilizaciones en torno al encarcelamiento de Pablo Hasel como detonante, ni la presentación de candidaturas formalmente comunistas, ni la decisión de permanecer en los cuarteles de invierno esperando acontecimientos, han sido, son, o serán líneas políticas con capacidad de transformar las correlaciones de fuerzas, reconstruir referencialidades comunistas y generar un bloque amplio de oposición.

Madrid es un “marco de lucha de clases” con especificidades propias, de las que no es cuestión menor el que en torno a un 30-35% de rentas altas y medias, sean ya “en sí mismo” voto cautivo del bloque de derechas. Además, otros sectores sociales -incluso formalmente sin más recurso que vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario- se han decantado electoralmente por el bloque de derechas. Obreros que votan a la derecha no es nada nuevo, ni sorprendente, y menos aún en un contexto en el que las identidades colectivas de clase se encuentran difuminadas y el hecho de integrar una posición objetiva respecto a la propiedad o gestión de los medios de producción, no garantiza siquiera una identidad de clase “en sí”.

Un obrero cuyo salario sea objetiva -y subjetivamente- acorde con el valor medio estimado de su fuerza de trabajo o incluso superior en términos relativos, con capacidad de consumo por encima de la media, y que pueda afrontar el pago de un seguro médico privado y poder mandar a sus hijas o hijos a un centro educativo privado, puede llegar a desarrollar unas necesidades e intereses que ni mucho menos pueden verse reflejados automáticamente por la izquierda.

No ha sido casual que introduzcamos en la ecuación la capacidad de afrontar servicios médicos y educación privada, ya que el proyecto neoliberal ha buscado en la degradación de los servicios públicos, en su deslegitimación y en un falso discurso sobre la “libertad de elección”, una estrategia para que sectores del proletariado, comiencen a normalizar el uso de servicios esenciales gestionados por el sector privado. Peor aún, esta normalización está asociada a un “estatus” que al margen de cuestiones ideológicas, le posibilita experimentar ser “clase media” y comenzar a adoptar una identidad que se reconoce en los discursos de la derecha. Dicho de otro modo, no es que se crean clase media, frente a los sectores que no pueden serlo de su mismo barrio, sino que lo experimentan materialmente a través del consumo y una determinada forma de vida. Y es con esta experiencia cotidiana que comienzan a ser permeables a los planteamientos de la meritocracia y la falsa libertad basada esencialmente en el consumo. La precariedad, la dualización del mercado de trabajo, las desigualdades de renta y de consumo dentro del propio proletariado, es una forma fundamental por parte del bloque en el poder de fragmentar al proletariado y establecer alianzas con algunas de sus fracciones.

La derecha y la ultraderecha además están en condiciones de desarrollar la lucha de clases en el terreno ideológico y cultural en condiciones muy favorables, gracias al control de los grandes grupos mediáticos, para impulsar su proyecto de sociedad. Y algo muy importante, como es la utilización de las redes sociales, en las que determinados y determinadas “influencers” mercenarios y mercenarias del neoliberalismo, con acceso directo a los sectores más jóvenes de la sociedad, instauran una serie de ideas fuerza simples, sencillas, directas que, repetidas de manera sistemática establecen un marco en el que la racionalidad y la razonabilidad, el pensamiento crítico y la confrontación de datos y evidencias, ha sido sustituido por lo que llaman “post-verdad” y la primacía del sentimentalismo, lo estrictamente emocional y la irracionalidad.

Se ha llegado a un punto en el que los conceptos de libertad y democracia se han retorcido de forma que el derecho de fascistas, reaccionarios y ultraderecha a exponer sus argumentos, discursos e intenciones, sea asumido con naturalidad y convertido en una posición legítima “como las hay otras de izquierdas”. Resulta repugnante comprobar como mercenarios y mercenarias de la ultraderecha, a través de las redes sociales y con gran influencia entre la juventud, blanquean el machismo, el racismo y afirman valores reaccionarios y neoliberales, desde una pretendida libertad de expresión que no estarían dispuestos a permitir en su modelo de sociedad ideal.

¿Alienación? Consideramos que el concepto de “alienación”, ha sido sobre-utilizado y manoseado por la izquierda en general y la revolucionaria en particular, que no ha llegado a entender que los intereses y las necesidades del proletariado, tienen que ser política e ideológicamente construidos.

Considerar que el proletariado tiene una identidad de clase y una conciencia “en sí” colectiva, que le conduce a una comunidad de intereses y necesidades “de izquierdas” de manera espontánea y que la tarea política de las y los comunistas es el de trabajar la conciencia “para sí”, para forzar una ruptura revolucionaria es producto de no entender las transformaciones operadas en el capitalismo estas últimas décadas.

Un “obrero de derechas” es una construcción político-ideológica, fundada en los errores de la izquierda y en la coherencia de los significados que le aporta la derecha respecto a la vida cotidiana. El colmo es que la derecha ha logrado incluso articular una matriz ideológica “rebelde”, frente a derechos y libertades fundamentales, frente a lo que comienzan a denominar “consenso progre” y que ampara que discursos ultraderechistas, autoritarios y antidemocráticos, sean “otra forma de ver las cosas”.

Nos encontramos en un cambio de ciclo del modo de producción capitalista. Del mismo modo que el fordismo/keynesianismo se agotó y de su colapso surgió el neoliberalismo, estamos en un contexto en el que el neoliberalismo como fase basada en el sostenimiento de los niveles de bienestar basados en la expansión del crédito y el endeudamiento, también se agota y la siguiente fase es la de un modelo en el que la pobreza estructural y la mercantilización de los derechos logrados en el pasado, para obtener nuevos espacios de rentabilización del capital, van a convertirse en constitutivos del nuevo modelo.

Hemos hablado de la degradación de los servicios públicos como estrategia del neoliberalismo, pero la nueva vuelta de tuerca será degradar las expectativas de vida del proletariado y tratar de que amplios sectores del mismo, consideren que la subsistencia, un acceso a formas de ocio evasivo y destructivo y la resignación respecto a que la pobreza y la privación es producto de decisiones y errores estrictamente personales. La lucha en el seno del proletariado en torno a las migajas que les ofrezcan las oligarquías y los sectores que las apoyan, se convertirán en la forma de reproducir el sistema..

En Madrid ha ganado la derecha… pero mirémonos un poco el ombligo en nuestra realidad vasco-navarra, en la que un PNV y una UPN existen y donde el neoliberalismo impera. Observemos la precaria coalición que tuvo que organizarse en Navarra para frenar el proyecto reaccionario de UPN amparado por la alargada sombra del OPUS y un PNV como eficaz entramado en el que neoliberalismo, nacionalismo y clientelismo gestionan la reproducción del sistema. La paja, la viga y ojos ajenos… El neoliberalismo, sus derechas y las formas concretas de sus programas y orientaciones, también se ajustan a las características de la lucha contra el proletariado y los sectores populares.

Vivir “a la madrileña”, vivir “a lo vasco” o “a lo navarro”, son diferentes decorados en los que el neoliberalismo se reproduce. En Euskadi, un 33% de la sanidad está ya en manos del sector privado, el jefe de la diputación de Bizkaia, se pateo las residencias de mayores repartiendo “pañuelos roji-blancos cargados de ilusiones” previo a las finales de Copa, con total desvergüenza, como si no hubieran muerto centenares de nuestras y nuestros mayores en unas residencias convertidas en almacenes de personas. De nuevo apelamos a las precauciones para no ser tontos útiles de la oligarquía.

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