DOCUMENTO «BERPIZTU»

hg1-copia1-EUSKAL HERRIA, MARCO NACIONAL DE LUCHA DE CLASES

Euskal Herria es producto de una historia propia y de un desarrollo del modo de producción capitalista específico, que la definen como nación. El antagonismo entre capital y trabajo, contradicción principal y determinante de cualquier sociedad capitalista, asume en Euskal Herria unas características heterogéneas respecto a otras realidades nacionales y/o estatales.

La propia estructura de clases, con sus fracciones y grupos, las correlaciones de fuerzas existentes, la presencia de diferentes formas de conciencia nacional, de identidad y la realidad institucional de Euskal Herria, integrada en dos marcos estatales, configuran las formas de desarrollo de la lucha de clases y, por ello, la forma en la que debe ser reconstruida la alternativa socialista en Euskal Herria y la estrategia revolucionaria para la consecución de la República Socialista Vasca.

2- LA REPUBLICA SOCIALISTA, OBJETIVO REVOLUCIONARIO

La República Socialista Vasca es el régimen político en el que el poder popular se organizará institucionalmente en el ámbito de Euskal Herria, tras una fase en la que la clase trabajadora vasca asume su condición de sujeto político hegemónico para impulsar una transformación política, económica e ideológica hacia el socialismo.

La República Socialista Vasca es la forma en la que la clase trabajadora, en alianza con los sectores populares, definen soberanamente su organización institucional para construir el socialismo y la relación con otros marcos nacionales/estatales, bajo el principio de la autodeterminación de la clase trabajadora.

3-EL SOCIALISMO, ES LA UNICA ALTERNATIVA

No hay más alternativa al capitalismo y al patriarcado que el socialismo. Sólo en el socialismo es posible superar el conjunto de opresiones existentes. Sólo con un régimen socialista, la democracia puede asumir su verdadera condición de poder popular e impulsar medidas de plena igualdad entre hombres y mujeres. Sólo con el socialismo puede tener cabida un sistema económico en el que no exista el desempleo y la precariedad laboral y que el desarrollo de las fuerzas productivas sea planificado racionalmente, tanto para preservar el equilibrio ecológico, como para una repartición equitativa de la riqueza. Sólo con el socialismo, pueden ser garantizados derechos sociales fundamentales como derecho a un empleo digno, a una vivienda, a una educación, a una sanidad gratuitas, universales y de calidad.

4-SIN REFERENTE COMUNISTA, EL SOCIALISMO NO PUEDE SER ALTERNATIVA

La clase trabajadora tiene que tomar conciencia de que sólo el socialismo es una alternativa liberadora; la clase trabajadora debe reconocerse en el socialismo como sujeto político e ideológico. Sin esta fusión no es posible transformar las correlaciones de fuerzas e impulsar una transformación social que supere el marco explotador, opresor y dominador del capitalismo y el patriarcado.

El marxismo-leninismo es la forma en la que el movimiento comunista, desarrolla una relación dialéctica con las masas, mediante una teoría y una praxis adecuadas a cada contexto y coyuntura concretas. Esta relación se desarrolla interviniendo en los diferentes ámbitos donde las contradicciones entre capital y trabajo se manifiestan, dotando de unidad y coherencia a las diferentes luchas, desarrollando organizativa, ideológica y políticamente a la clase trabajadora.

De manera simultánea, el movimiento comunista se refuerza organizativa y políticamente, interviniendo y aplicando su línea política en el frente de masas, alcanzando el mayor grado de consenso y de legitimidad entre la clase trabajadora, reconstruyendo críticamente la memoria histórica de lucha de los comunistas, con sus errores y aciertos.

5- RECONSTRUIR EL MOVIMIENTO COMUNISTA, TAREA PRIORITARIA

Desde que HERRI GORRI se constituyó como organización intentó, con mayor o menor éxito, pero siempre desde la honestidad y la transparencia, promover un proceso de convergencia entre los diferentes colectivos y organizaciones comunistas presentes en Euskal Herria.

Si, sabemos que el Movimiento Comunista es débil, se encuentra fragmentado, sumido en el sectarismo y acosado por el ultraizquierdismo. En el caso de Euskal Herria tenemos además el problema del nacionalismo, que sostiene y alienta la fragmentación de la clase trabajadora y ha infectado al socialismo con las enfermedades del interclasismo, “conciencias nacionales de clase” y de independentismo incondicional.

Pero el problema fundamental del Movimiento Comunista es la ausencia de una línea política coherente bajo la forma de un programa con unos objetivos y unos planteamientos con los que las masas puedan identificarse y que de manera simultánea, posibiliten en torno a su definición y gestión, un proceso de convergencia entre los diferentes colectivos comunistas, que tengan voluntad real de reconstruir un movimiento revolucionario, en la línea de construcción del Partido Comunista de Euskal Herria.

6- EL REGIMEN DEL 78 COMO CONTEXTO Y COYUNTURA

El Régimen del 78 configura la estructura política, económica, ideológica e institucional que somete al conjunto del Estado español, a la lógica del capitalismo y el imperialismo. Definirlo como un “régimen fascista”, no consideramos que sea analítica y conceptualmente correcto, pues aún manteniendo un hilo de continuidad con el régimen fascista, fue desarrollada una reforma que desembocaría en una democracia formal burguesa. Lo que por supuesto, no significa que no se hayan aplicado medidas y actuaciones propias de estados fascistas, como terrorismo de estado, “guerra sucia”, legislaciones autoritarias y recortes de derechos y libertades fundamentales.

Los regímenes políticos son producto de la lucha de clases, de las correlaciones de fuerzas existentes y de la combinación de la actuación de los aparatos represivos e ideológicos, para establecer unas condiciones sociales necesarias para la reproducción del capitalismo. Aún reconociendo que la democracia formal surgida de la reforma del franquismo, era de base una democracia restringida con, para empezar, una jefatura monárquica del estado impuesta, lo cierto es que logró estabilizar un sistema de amplios consensos y un bloque histórico de fuerzas políticas y sociales.

La crisis del modelo de acumulación del 2008, abrió una fase en la que el bloque en el poder, puso en marcha los mecanismos que tradicionalmente ha utilizado el capital para recomponer las tasas de ganancia tras los períodos de crisis: desvalorizar la fuerza de trabajo y el capital, aumentar la explotación, concentración y centralización de los capitales y utilizar el desempleo como factor de contención de los salarios. Los recortes de derechos sociales y laborales, la progresiva precarización del empleo, los recortes en la sanidad, la educación… generaron una agudización de la lucha de clases, frente a la cual el Régimen del 78 tuvo que blindarse política, represiva e ideológicamente, asumiendo unas características cada vez más autoritarias, con leyes contra la libertad de expresión, manifestación y la oposición al sistema, con actuaciones represivas limitadas, pero que instauraron el miedo como recurso político por parte del poder. De igual forma, la ideología dominante ha impulsado el individualismo, la atomización y la ruptura de los más básicos mecanismos de solidaridad social, como estrategia de consolidación del poder.

El aumento de la pobreza relativa y absoluta entre amplios sectores sociales, altos niveles de desempleo, incremento de las desigualdades sociales, en un contexto de crisis en el que la depauperización de la clase trabajadora, era inversamente proporcional a los beneficios de la oligarquía, generaron importantes contradicciones de clase, con movilizaciones populares cuantitativa y cualitativamente significativas. Pero el Régimen del 78 gestionó y estabilizó la situación, ante la ausencia de una estrategia de transformación social con capacidad de presentar una alternativa política, económica e ideológica de ruptura democrática. Podemos señalar el año 2014, como el momento en el que las movilizaciones populares, comienzan a experimentar un reflujo, provocado tanto por la ausencia de victorias significativas, aunque fueran parciales y sobretodo, por el encauzamiento del malestar social existente hacia el institucionalismo y la socialdemocracia.

En el caso de Euskal Herria sur, la crisis y la posterior ofensiva del capital, no tuvieron un efecto tan acusado como en el resto del Estado español. Aumentó el desempleo, la pobreza relativa y absoluta, la precarización y los recortes de diverso tipo, pero en un grado mucho menor, lo que de facto significó para el PNV, una legitimidad adicional a su gestión y cumpliendo con su función de aparato político-institucional en el ámbito de la Comunidad Autónoma Vasca del Régimen del 78. La combatividad del movimiento obrero en Euskal Herria y su capacidad para mantener unas correlaciones de fuerzas más favorables frente al capital, han sido los que han contribuido a que la ofensiva del capital no haya podido aplicar su programa máximo contra la clase trabajadora estos años. Esta memoria de lucha, de resistencia y de combatividad obrera, no debe perderse ni dejar que el nacionalismo reaccionario la borre de la conciencia colectiva obrera. La organización y la lucha, es la que determina las correlaciones de fuerzas entre opresores y oprimidos.

7- EL MARCO NACIONAL Y COMO PLANTEAMOS LOS AMBITOS DE INTERVENCION

En HERRI GORRI, hace tiempo que abandonamos el concepto de “Marco Autónomo de lucha de clases” para definir la realidad nacional de Euskal Herria. Es un marco de lucha de clases, es nacional, pero desde luego no autónomo, ni mucho menos. Tampoco hemos comulgado con la caracterización de Euskal Herria como una “colonia”, algo absolutamente alejado de la realidad.

A efectos de clarificación, presentaremos algunas premisas que se tendrán en consideración en nuestra línea política:

a) El marco nacional de Euskal Herria, se encuentra integrado en dos marcos estatales (español y francés) que sobredeterminan la dinámica política, económica, ideológica e institucional y la propia caracterización de Euskal Herria como marco de lucha de clases.

b) Consideramos que en el contexto en el que nos encontramos, Iparralde y Hegoalde, tienen realidades políticas y sociales diferenciadas, como para plantear una línea política común efectiva, de avance hacia el socialismo y la autodeterminación. El marco nacional vasco integrado en el Estado español (Hegoalde) es el ámbito de intervención política del Movimiento Comunista de Euskal Herria, en la presente coyuntura.

c) Por tanto, el objetivo de la República Socialista Vasca, tiene como anclaje territorial Hegoalde, lo que implica de manera necesaria asumir que el Régimen del 78 es la estructura de poder capitalista y patriarcal que somete al proletariado de Hegoalde.

d) El Régimen del 78 es el vigente en Hegoalde, estando sus instituciones integradas en su legalidad constitucional y reproduciendo el sistema de capitalismo, de integración en el marco imperialista de la Unión Europea y de la OTAN.

e) Frente al nacionalismo revolucionario y sus derivaciones más o menos marxistas, definimos el marco estatal, como necesario ámbito de intervención política frente al Régimen del 78, bajo la premisa de que cualquier avance democrático y de reconstrucción de la alternativa socialista en el Estado español, repercutirá positivamente en la dinámica revolucionaria en Euskal Herria y, de manera simultánea, cualquier avance en Euskal Herria, generará en el conjunto del Estado español también un avance de las posiciones de clase.

f) Frente al nacionalismo reaccionario español y sus derivaciones más o menos marxistas, consideramos que el proceso revolucionario vasco es soberano y el principio de la autodeterminación irrenunciable. El futuro Partido Comunista de Euskal Herria, no lo concebimos de otra forma que no sea soberano para desarrollar su línea política, su política de alianzas y cualquier tipo de coordinación estatal, sería en condiciones de igualdad y bilateralidad. En este sentido deseamos remarcar la experiencia histórica del PSUC de Catalunya, cuya estructura de funcionamiento soberana le llevó incluso a mantener representación propia en el seno de la Komintern.

8- DOS MARCOS DE INTERVENCION Y UN OBJETIVO: LA REPUBLICA SOCIALISTA

La República Socialista Vasca como objetivo revolucionario del proletariado vasco, puede ser alcanzado mediante dos vías que no consideramos antagónicas. De hecho se refuerzan dialécticamente.

En Euskal Herria, puede desarrollarse un proceso soberanista, en el que la clase trabajadora vasca, erigiéndose en sujeto político hegemónico y dirigente, articule un bloque de fuerzas políticas y sociales en torno a una ruptura democrática y un programa de transformación social.

En el marco del Estado español, la quiebra del Régimen del 78, puede dar lugar a un proceso constituyente, en el que la ruptura democrática y un programa de transformación social, asuma de manera inequívoca y democrática, el derecho de los diferentes marcos nacionales del Estado español, a la autodeterminación y promover un proceso de unidad estatal en torno a un Estado socialista confederado.

En cualquiera de los dos casos, el Movimiento Comunista de Euskal Herria tiene ante sí su propio proceso de reconstrucción organizativa y de impulsar una transformación de las correlaciones de fuerzas existentes, en lucha contra los diferentes nacionalismos, afirmando la unidad y la independencia de la clase trabajadora en la construcción del socialismo, para lo que la referencialidad de un Parido Comunista de Euskal Herria, asume una centralidad absoluta.

El Régimen del 78 es la estructura política, económica e ideológica que imposibilita la emancipación de la clase trabajadora y de los sectores populares de Euskal Herria en el socialismo y su forma nacional vasca de República socialista.

Por ello, HERRI GORRI afirma la necesaria articulación del marco nacional vasco y el marco estatal, como espacios de intervención político, ideológico y organizativos, preservando la soberanía del Movimiento Comunista de Euskal Herria organizativa y política, pero buscando espacios de convergencia y unidad con otras organizaciones comunistas del Estado español, mediante una sólida política de alianzas.

9- EL INDEPENDENTISMO ES UNA ESTRATEGIA, NO UN PRINCIPIO INCONDICIONAL

La lucha por el socialismo es la que garantiza la independencia y no al contrario.El proceso soberanista catalán, ha demostrado con toda su crudeza, la imposibilidad de afrontar en el marco el Régimen del 78 y de la Unión Europea, procesos de autodeterminación en condiciones y garantías democráticas, y menos aún independencias nacionales, cuya estatalidad sea reconocida efectivamente. Ya no se trata de cuestionar, para qué o a quién beneficia la independencia, quién lo dirige y si la clase trabajadora se posiciona como clase, y no como “sujeto nacional” de uno u otro lado del nacionalismo, sino de confirmar que se trata de una vía muerta.

Los riesgos que planteábamos en el proceso soberanista de Catalunya, las incertidumbres que nos impedían posicionarnos de manera clara, pese a defender el derecho de autodeterminación y el referéndum del 1 de octubre, se han aproximado bastante a la realidad. El mito, también presente en Euskal Herria entre los sectores independentistas, de que la Unión Europea podría dotar de legitimidad y de legalidad a nuevos estados, imponiéndose incluso al Régimen del 78, ha caído. Incluso bajo la premisa de que el nuevo estado, asumiera los compromisos políticos y económicos con el imperialismo, la Unión Europea y la “comunidad internacional”, implicaría abrir un precedente que supondría la apertura de decenas conflictos nacionales.

De facto la consigna “Independencia y Socialismo”, como caras de una misma moneda, en la que al arrojarla al aire, siempre terminaba saliendo “Independencia”, ha perdido su vigencia, no en un debate teórico-político, sino por la realidad.

La independencia en este contexto, sólo puede ser viable con una ruptura revolucionaria con el imperialismo y con los sectores que dentro del marco nacional amparan, gestionan y representan al capitalismo y al imperialismo. Es decir, la independencia sólo puede asumir la forma de una autodeterminación socialista, en la que de manera previa, se hayan transformado radicalmente las correlaciones de fuerzas.

Otra cuestión importante es determinar si un marco nacional como Euskal Herria sur, incluso con unas correlaciones de fuerzas a favor de la construcción del socialismo, sería sostenible económica y financieramente.

10- CONDICIONES PARA UN PROGRAMA POLITICO

En la coyuntura en la que nos encontramos, cualquier propuesta de transformación política, sea en Euskal Herria, como en el resto del Estado español, tiene al Régimen post-franquista en frente. Por ello:

a) En Euskal Herria, no hay un proceso soberanista en marcha, ni unas condiciones políticas que, respecto al resto del Estado español, impliquen un avance de posiciones de ruptura democrática, ni una dinámica de lucha de clases, potencialmente revolucionaria. En Euskal Herria, la clase trabajadora, con conciencia abertzale o sin ella, son objeto de una misma opresión por parte del Régimen del 78, como estructura de poder del capital.

b) Por ello, las propuestas programáticas tienen esencialmente como antagonista al Régimen del 78, y sus aparatos políticos, ideológicos y represivos en Euskal Herria, pero necesariamente también en el ámbito del Estado español.

c) La reconstrucción del movimiento comunista y la formación de un espacio ideológico-político a la izquierda de la socialdemocracia, en cualquiera de sus variantes, son dos procesos que se refuerzan dialécticamente.

d) El programa que planteamos, lógicamente no es el denominado “programa máximo”, para el que no hay condiciones, sino un programa de ruptura democrática y de consolidación de un bloque revolucionario en el marco del Estado español y en Euskal Herria. Este programa, no asume carácter electoral, ni planteamos la formación de este bloque de fuerzas sociales y políticas, como una opción electoralista. El espacio institucional, puede llegar a convertirse en un frente de lucha de clases, pero no en este momento.

11-PROPUESTAS PROGRAMATICAS

1º PROCESO CONSTITUYENTE REPUBLICANO Y CONFEDERAL

Afirmar la necesidad de una ruptura democrática en el Estado español, implica un proceso constituyente para dar forma a un nuevo régimen democrático popular, que necesariamente será republicano y confederal.

Republicano, porque la monarquía, además de ser una supervivencia anti-democrática precapitalista, en el Estado español representa el hilo de continuidad entre el fascismo y el Régimen del 78, sin haber sido en ningún momento refrendado democráticamente.

Confederal, porque el nuevo régimen democrático republicano, reconoce la soberanía de las naciones históricas que lo integran y será decisión de las mismas, decidir el grado de soberanía que cederán en el proceso constituyente y el derecho de autodeterminación será reconocido de manera constitucional. La unidad del Estado español será fundada en la libre unión de las naciones que lo integran.

2º PODER POPULAR, COMO FUNDAMENTO LEGAL Y LEGITIMO DE LA REPUBLICA CONFEDERAL

La República Popular Confederal afronta un proceso constituyente con los objetivos fundamentales de instaurar una democracia basada en el poder popular y desarrollar los instrumentos políticos, económicos e ideológicos necesarios para una transformación socialista, en la que la clase trabajadora y los sectores populares progresistas, mejoren sus condiciones de vida, el bienestar individual y colectivo y las libertades fundamentales. De manera simultánea, a la oligarquía explotadora y opresora postfranquista, se le despojará de su poder político y económico, teniendo los mismos derechos y deberes que el resto de la ciudadanía.

El poder popular se institucionalizará mediante un sistema electoral que sustituirá la representación , por la delegación y todos y cada uno de los cargos del nuevo poder podrán ser revocados.

Se considera necesario crear un Tribunal especial para juzgar los crímenes del franquismo, y desarrollar una recuperación de la memoria histórica a todos los niveles, incluido el educativo.

Las diferentes formas de entender el socialismo, su gestión y su desarrollo, serán garantizadas mediante un poder popular pluripartidista, integrado por aquellas organizaciones políticas que hayan participado en el proceso constituyente, y hayan acatado la nueva legalidad republicana. Las organizaciones y asociaciones enemigas de la construcción socialista, contrarevolucionarias y antidemocráticas, serán perseguidas.

La República Popular asumirá el laicismo como política de estado, eliminando cualquier privilegio confesional y, de manera simultánea, promocionará en el ámbito educativo e ideológico-cultural, el pensamiento racional, científico y materialista, combatiendo el oscurantismo y la superstición religiosos.

La amnistía de los represaliados y prisioneros políticos del Régimen del 78, formará parte del proceso constituyente, que eliminará de raíz las causas estructurales que los llevaron a ser presos políticos.

Refundación de unas fuerzas armadas sometidas al nuevo poder constituyente, y creación de un sistema militar, en el que un núcleo profesional de las fuerzas armadas coexistirá con formas de milicia popular, en el que se garantizará el derecho de la ciudadanía a participar en la defensa del poder popular, de forma que se consolide un proceso de depuración de las fuerzas armadas, de sectores reaccionarios y contrarevolucionarios.

3º LA CONDICION DE CIUDADANIA, CON DERECHOS Y LIBERTADES POLITICAS, IDEOLOGICAS Y SOCIALES.

La República Popular Confederal obtiene su legitimidad y el más amplio consenso de la ciudadanía, eliminando de raíz la pobreza relativa y absoluta, el desempleo y la explotación laboral y convirtiendo los derechos sociales de la ciudadanía, no en mera retórica, como sucede en el capitalismo y las democracias formales burguesas, sino en derechos inalienables.

Sin soberanía política y económica, lo que es lo mismo que afirmar que, sin una ruptura con el imperialismo y la lógica del capitalismo, la República Popular no puede desarrollar los objetivos de emancipación del proletariado y los sectores populares. El bloque en el poder del Régimen del 78, debe ser aplastado por el poder popular constituyente y ser despojados de su poder político, económico e ideológico para asumir su condición de ciudadanos, con los mismos derechos y deberes y las mismas libertades que el resto de la ciudadanía.

-Derechos sociales constitutivos de la condición de ciudadanía

1-Derecho a una vivienda digna, para lo que se creará un parque de viviendas sociales, expropiando el suelo y los inmuebles en manos de inmobiliarias, fondos de inversión o promotoras.

2- Derecho y deber al trabajo, en condiciones que permitan el bienestar material y personal y con la posibilidad de reducir la jornada laboral en función de los incrementos de la productividad generados por el desarrollo técnico-científico. Integración laboral de los ciudadanos con discapacidades, en función de sus capacidades personales. El desempleo será un recuerdo del pasado y el trabajo un proceso de socialización necesario.

3-Medidas legislativas que afirmen el principio de igualdad salarial entre hombres y mujeres.

4-Legislación para posibilitar la conciliación entre vida laboral y vida familiar y ocio, priorizando la igualdad entre hombres y mujeres y estableciendo las condiciones necesarias para que la mujer pueda ejercer con libertad su derecho a la maternidad, sin renunciar a su desarrollo profesional.

5-Reducción de la edad de jubilación a los 60 años y un sistema de pensiones que garantice como mínimo similar nivel adquisitivo y de bienestar material que en la vida laboral.

6-Derecho a una educación gratuita, de calidad y pública, eliminándose la educación privada concertada y dotando a las diferentes naciones del Estado, de libertad para organizar su sistema educativo, dentro de un plan general estatal.

7-Derecho a una sanidad gratuita, de calidad y pública, eliminándose la sanidad privada y convirtiendo la atención médica y los medicamentos como derechos fundamentales ajenos a la lógica del beneficio.

8-Derecho fundamental a los servicios de agua, electricidad, gas, garantizados al margen de lalógica del beneficio.

4ºTRANSFORMACION DEL SISTEMA ECONOMICO AL SERVICIO DEL PODER POPULAR.

No hay posibilidad de desarrollar un sistema democrático, con derechos sociales garantizados, sin pobreza, ni desempleo, en el marco de la Unión Europea y del capitalismo. De manera simultánea, somos conscientes de que alcanzar el socialismo, es un proceso histórico, una nueva fase de lucha de clases, de consolidación de poder popular, en el que la implantación de medidas socialistas, de transformación de la propiedad y de control por parte de la clase trabajadora del sistema económico, coexistirá de manera contradictoria con el capitalismo. Corresponde al poder popular y a la planificación económico-financiera, articular las bases de un sistema viable, soberano y encaminado hacia la consecución del socialismo.

La soberanía política y económica del poder popular constituyente, sólo puede ser ejercida poniendo en marcha un programa de medidas del control y nacionalización del sistema económico financiero, acompañado de una negativa a afrontar el pago de la deuda ilegítima asumida por el Régimen del 78 en el rescate del sistema bancario. Sin un estricto control de capitales y de los activos financieros, integrándolos de manera planificada en un programa de estabilización económica, la viabilidad de la República Democrática se verá seriamente comprometida.

1-Nacionalización del sistema bancario y creación de un banco central soberano. Inmediata salida del marco del euro y puesta en circulación de una nueva moneda nacional con un sistema de paridad respecto al euro.

2-Nacionalización de los sectores económicos estratégicos (energía, transportes, armamento…) y de las grandes empresas, sean de capital estatal o extranjero, con capacidad de establecer precios de transferencia, por su situación oligopólica o monopólica e integración de las mismas en un plan de reestructuración económica.

3-Plan general de reindustrialización, mediante una política de sustitución de importaciones, en el que asumirán importancia estratégica la soberanía energética y la soberanía alimentaria. Una reindustrialización, basada en el desarrollo de las fuerzas productivas en sectores de alto valor añadido como plan de choque para combatir el desempleo y armonizar el desarrollo económico y social en el conjunto del Estado.

4-Consolidación de un sistema económico-financiero mixto, integrando en el mismo a sectores capitalistas que asuman las nuevas condiciones de control y sometimiento a la planificación económica y promoviendo la creación de nuevos sectores de actividad económica, con empresas cooperativas bajo control y gestión de la clase trabajadora y un mercado intervenido con precios mínimos y máximos y control sobre las plusvalías generadas.

5-Derecho y obligación al trabajo y establecimiento de mecanismos de productividad, innovación, eficiencia y racionalización de la actividad económica, mediante mecanismos económicos y extraeconómicos y superación del asistencialismo, como forma de justicia social.

6-Plan general de desarrollo de los entornos rurales, promoviendo la repoblación y la produción agraria, con el objetivo de establecer las condiciones para segurar la soberanía alimentaria, recurriendo a políticas de expropiación de tierras y promoviendo un sistema de cooperativas de producción de la clase trabajadora rural.

7-Desarrollo de un plan de investigación y desarrollo en sistemas de obtención de energía ecológicamente sostenible, con el objetivo de alcanzar la soberanía energética y expansión de las energías renovables.

8-Las relaciones económicas y comerciales con el exterior estarán sometidas al criterio estratégico de la soberanía económica y política del nuevo poder popular. De manera simultánea, los compromisos financieros legítimos con las instituciones internacionales, estarán subordinados a la prioridad de los compromisos de la democracia y los derechos sociales de la República Popular.

Una aproximación a la estrategia revolucionaria en Euskal Herria a comienzos de 2017

1. Introducción: una estrategia para nuestra realidad

Cuando situamos como eje del debate la cuestión de la estrategia nos encontramos ante un problema de enorme complejidad, que podríamos resolver desde lo abstracto con ciertas categorías y conceptos marxistas y algunas frases extraídas de los manuales soviéticos que, trasladadas mecánicamente a nuestra época, nos servirían para cubrir el expediente y decir que se debatió la cuestión, y además para decir que se debatió la cuestión desde el marxismo.

Sin embargo, plantear una aproximación a la estrategia para una organización revolucionaria desde el marxismo requiere situar distintos elementos pasados y presentes y, he aquí la cuestión central de la lucha de clases, en la medida de lo posible anticipar acontecimientos y tendencias históricas para poder transformar la sociedad. Esto es, ciertamente, muy arriesgado, porque la Historia, teniendo sus leyes, no está exenta de fenómenos que las interrumpen constantemente: en un momento de apogeo revolucionario y de avance o consolidación de las posiciones revolucionarias un golpe de estado, como instrumento del viejo poder no extinto, frena el avance y las tendencias históricas que se estaban desenvolviendo. Bien conocidos son los casos del Estado español en 1936 y de Chile en 1973. Los análisis que se hacían entonces, como los que recientemente se elaboraban sobre América Latina y que analizaban procesos que han finalizado de forma brusca con golpes de estado –caso de Honduras- o golpes de facto –casos de Paraguay, Brasil- no podían prever tal desarrollo de los acontecimientos, aunque la dinámica de golpes de estado, desde el fracasado en Venezuela en 2002, ha sido una constante en la región. Sin embargo, otras muchas cosas sí podían preverse, como las dificultades que iba a tener Alianza PAIS en el Ecuador para ganar las elecciones con mayoría suficiente como para no necesitar una segunda vuelta, pues al contexto golpista y de avance de las posiciones reaccionarias se sumaron las recientes derrotas electorales de Venezuela y Argentina. Ciertamente, Alianza PAIS quedó muy cerquita de volver a lograr la presidencia del Ecuador, pero los golpes de facto que han sufrido una serie de países, como ya hemos señalado, así como las victorias electorales en Venezuela y en Argentina de los proyectos burgueses más dependientes del imperialismo estadounidense, junto con las tendencias históricas propias del Ecuador, situaban el proyecto de Alianza PAIS, tras diez años de gobierno, no como la regla, sino como la excepción. Era, ciertamente, improbable su victoria con una mayoría en la primera vuelta que permitiese la continuidad del proyecto, y a la luz de los acontecimientos parece, igualmente, difícil su victoria en la segunda vuelta, aunque no imposible.

En su prefacio de 1892 a “la situación de la clase obrera en Inglaterra” Engels señalaba: “he puesto cuidado en no tachar del texto muchas profecías –entre ellas la de la inminente revolución social en Inglaterra-, inspiradas por mi ardor juvenil. No tengo la menor intención de presentar mi libro ni de presentarme a mí mismo como mejores de lo que entonces éramos. Lo admirable no es que muchas de estas profecías hayan fallado, sino el que tantas hayan resultado acertadas, y que la situación crítica de la industria inglesa a consecuencia de la competencia continental, y sobre todo de la norteamericana, situación predicha por mí en aquel entonces –aunque para un período demasiado próximo, ciertamente-, sea actualmente una realidad”.

Intentemos vislumbrar las tendencias históricas, intentemos aprovechar al máximo todo lo que el marxismo tiene de científico para intervenir en la realidad. Naturalmente, no es fácil atreverse a hacer predicciones, aunque abunden aquellas que tienen lugar desde la frivolidad: aquellas que acostumbramos a ver en los medios de comunicación al servicio de la burguesía, y que poco tienen de análisis real, material. Puede que la tesis más representativa de nuestra época sea aquella que teorizó sobre el fin de la historia en el mismo momento en el que en América Latina la rueda de la Historia, nunca detenía, cogía nuevo impulso. Bajar a la profundidad de los acontecimientos históricos, de la sociedad y de la lucha de clases entraña capacidad crítica y tiempo para la reflexión y exposición, tres elementos que escasean entre quienes se dicen expertas/os en esto o aquello en los distintos canales de comunicación. Frente a los planteamientos y análisis de la burguesía, repetidos y amplificados en sus medios de comunicación de masas, buscamos adentrarnos en la realidad sin engaños, sin adornos, sin falsas ilusiones ni esperanzas: la cruda realidad material, objetiva, en la que nos encontramos en la Euskal Herria de 2017

 

2. Contexto histórico: de Engels y Marx a la crisis orgánica del capital en el siglo XXI

En un planeta globalizado desde hace más de un siglo ninguna región es independiente al marco global. Ya en 1848 Engels y Marx señalaban en el Manifiesto del Partido Comunista que “la gran industria ha creado el mercado universal, preprado por el descubrimiento de América”. El desarrollo exponencial del capitalismo ha revelado aquella afirmación no sólo como cierta sino como premonitoria, en la medida en que es incomparable el grado de globalización actual con el que tenía lugar a mediados del siglo XIX.

Al tiempo, y frente a quienes señalan que Engels y Marx al vivir en el siglo XIX no pudieron analizar el capitalismo del siglo XXI es necesario hacer algunas consideraciones: Engels y Marx analizaron un modo de producción, el capitalista. En la medida en que hoy seguimos viviendo bajo un modo de producción capitalista el análisis marxista está plenamente vigente. Además, hay teorías que utilizan conceptos como neocapitalismo o neoliberalismo, entre otras ocurrencias. Estas teorías intentan disfrazar la realidad: el hecho de que seguimos viviendo bajo el capitalismo. Cuestión distinta es que, en cada lugar el capitalismo se concrete de una u otra forma, o agudice unos u otros rasgos en detrimento de otros. Pero no se trata, en realidad, de negar la dura realidad, que se acaba imponiendo y es denunciada desde estas teorías aunque eviten hablar del capitalismo: lo que tratan es de negar el marxismo, puesto que si hoy vivimos en el neoliberalismo, pueden afirmar, esto es algo que no vivieron Engels y Marx, y por lo tanto su análisis sería anacrónico.

La pequeña burguesía –especialmente la ligada a las universidades: esas importantes máquinas de reproducción de la ideología dominante- se encuentra en la necesidad de denunciar el capitalismo, pero tiene un miedo atroz al marxismo, a la impugnación de la sociedad capitalista y a la construcción del socialismo: en suma, la pequeña burguesía tiene pavor a que la clase trabajadora adquiera conciencia y tome el poder y, así, ponga fin a su posición, pues esta, aunque subordinada en el bloque burgués, es privilegiada frente a la clase trabajadora. Es por ello que algunas teorías, aunque critiquen al capitalismo, son amplificadas en la sociedad burguesa, especialmente cuando niegan la existencia y papel revolucionario de la clase trabajadora, dando cabida a estupideces tales como la concepción del precariado.

El análisis de Engels y Marx, lejos de estar viejo sitúa todos los elementos que rigen el mundo actual, la sociedad capitalista, la sociedad burguesa. En sus “palabras finales a la segunda edición alemana del primer tomo de El Capital” de 1873 Karl Marx señala:

“A partir de 1848, la producción capitalista se ha desarrollado rápidamente en Alemania, y en el presente está experimentando ya el pleno florecimiento especulativo”.

En El Capital conceptos como capital especulativo o capital financiero, que parecen actuales, están ya desembrozados. Engels y Marx representan el salto cualitativo de la economía política, el desarrollo hasta las últimas consecuencias de la economía clásica, algo que no podían llevar a cabo, ni pueden hoy asumir, quienes se encuentran encorsetadas/os bajo la dominación ideológica de la burguesía, pues la conclusión lógica del análisis marxista es la historicidad del modo de producción capitalista, y por tanto la incuestionable cuestión de que no puede ser eterno.

 

  • La coyuntura de nuestra época: la crisis orgánica del capitalismo y el fin del espacio para el reformismo; o la vigencia de la consigna “socialismo o barbarie”

La descripción que hace Karl Marx en sus “comentarios: mayo-octubre 1850” nos aporta claves para entender el momento histórico que estamos viviendo en la actualidad:

“Los años de 1843-45 fueron de prosperidad industrial y comercial, necesaria consecuencia de la casi ininterrumpida depresión industrial de 1837-42. Como es siempre el caso, la prosperidad rápidamente impulsa a la especulación. La especulación regularmente ocurre en períodos donde la sobreproducción está en pleno apogeo. Ésta provee a la sobreproducción con salidas de mercado de carácter temporal, mientras que las verdaderas causas precipitan el desenlace de la crisis e incrementan su fuerza. La crisis misma rompe primero en el campo de la especulación; sólo después hace lo propio impactando la producción. Lo que aparece ante el observador superficial como la causa de la crisis no es la sobreproducción sino el exceso de especulación, pero esto es simplemente un síntoma de la sobreproducción. La consecuente interrupción de la producción no aparece como una consecuencia de su previa exuberancia sino simplemente como un revés causado por el colapso de la especulación”.

Y así ocurrió en nuestra realidad: prosperidad, aunque no exenta de reveses, y especulación. Cuando estalló la crisis en agosto de 2007 se situaron todas las acusaciones sobre la especulación que habían llevado a cabo distintos agentes bancarios. Nada más lejos de la realidad: era la pura competitividad capitalista la que les había forzado a llegar hasta allí. Y, en cualquier caso, lo que había hecho la actividad especulativa era dar aire al capitalismo, cuya economía estaba quebrada desde principios de siglo: sólo en base al crédito pudo sostenerse la expansión económica entre los años 2002 y 2007. Hasta que fue imposible mantener por más tiempo la ficción. No ha sido, pues, la especulación la que ha detenido la producción, tal y como señala Marx en el escrito: la abundancia de la producción capitalista ha implosionado al no poder superar la propiedad privada. Las reglas de la sociedad burguesa, sus contradicciones intrínsecas, son las que, una vez más, han demolido toda su estructura.

Y desde entonces la clase trabajadora sufre de forma más descarnada qué es el capitalismo. Se acabaron las ilusiones: se acabó denunciar los salarios míseros de mil euros.

Ocurre que la crisis profundiza en los rasgos del capitalismo: su necesidad de depurarse para reiniciar el ciclo de producción lo lleva a su estado más puro. Y así vivimos la agudización de fenómenos como la concentración y centralización del capital, proletarización de la pequeña burguesía, pauperización de las condiciones de vida de la clase trabajadora… cuando el capital puede reproducir su tasa de ganancia de forma elevada puede comprar la paz social –frente a la movilización de la clase trabajadora, pues el capital no regala, nunca ha regalado, nada-. Pero cuando el capital no puede revertir la tendencia decreciente de la tasa de ganancia no tiene excedente con el que comprar la paz social, al contrario, necesita poner en marcha todos los mecanismos posibles y recurrir a la intervención del estado –tantas veces criticada- para recomponer la tasa de ganancia.

Así, desde que estallara la crisis hemos visto la participación del estado y su carácter inequívoco de clase: congelación y recorte de salarios; privatización de sectores públicos; recorte de derechos económicos: en suma, el estado burgués ha trabajado a fondo para desviar fondos de las rentas del trabajo a las rentas del capital.

Los llamados gobiernos populistas en América Latina puede que sean el mejor ejemplo del margen del capital para comprar la paz social y detener el movimiento popular: surgidos como respuesta del bloque popular al imperialismo estadounidense en su versión más descarnada, han sido durante una década gobiernos que han llevado a cabo profundas reformas favorables para los intereses materiales de la clase trabajadora.

Sin embargo, la crisis del capitalismo y, específicamente, el descenso de los precios del petróleo, ha provocado la caída de estos gobiernos que, en última instancia, no rompieron con el capitalismo y cuyas economías, dependientes, están más expuestas a los vaivenes de la economía internacional que aquellas economías que ocupan posiciones hegemónicas en la cadena imperialista. América Latina es simbólica en cuanto a las posibilidades del reformismo en la actualidad.

Vivimos, pues, una época de crisis. Este es el factor más importante y esencial para comprender el momento que estamos viviendo: la crisis sigue corroyendo los cimientos de la sociedad burguesa, aunque en apariencia esté superada.

La crisis orgánica del capitalismo, que comenzó a principios del siglo XX aunque no fue hasta 2007 cuando estalló, aún no se ha resuelto ni se puede resolver dentro del marco del capitalismo. La realidad internacional desmiente, una vez más, aquello que dicen los voceros de la burguesía: la crisis no es una cuestión de un partido político u otro –aunque haya partidos corrompidos hasta la médula-; no es una cuestión de banca buena o mala. La crisis no es una cuestión de intenciones.

En América ya hemos situado la cuestión, con los problemas de los gobiernos populistas para mantener su hegemonía. Apuntaremos, también, sobre la situación en los Estados Unidos. Y es que la victoria de Trump no es un hecho casual y sorprendente: la pugna no era entre Trump y Clinton, sino entre Trump y Sanders. El izquierdista Sanders aparecía como la posibilidad de que hubiese, si bien no un candidato bolchevique, sí un candidato que, en muchos aspectos, cuestiona las bases del capitalismo estadounidense. Una vez derrotado este último la clase trabajadora optó por castigar a un partido que la había desilusionado día tras día y optó por la que parecía, ciertamente, la mejor opción para volver a hacer grandes a los Estados Unidos de América, ya en una lógica de derrota de las posiciones de clase del bloque popular. No obstante, el eco de Sanders es, también al otro lado del océano, la muestra de cómo la ideología dominante se erosiona en momentos de crisis orgánica del capitalismo. Aprovechar el momento histórico es nuestra responsabilidad.

En Europa, es muestra de erosión en la dominación burguesa el surgimiento de opciones populistas, ya sean populistas de izquierdas o populistas de derecha: el auge del fascismo en el conjunto del continente es incuestionable. La fractura en el bloque burgués fue visible en Reino Unido con motivo del Brexit: la burguesía no tiene plan b frente a la crisis. Sólo la incapacidad de la izquierda evita mayores revueltas, rebeliones e intentos del poder por parte de la clase trabajadora, de punta a punta del continente: al otro lado, Grecia es un ejemplo dramático.

Este contexto nos permite extraer una serie de conclusiones: en primer lugar que los estallidos sociales, que en la actualidad parecen detenidos, volverán a producirse y lo harán con mayor virulencia que en la primera etapa de la crisis. En segundo lugar la pugna interburguesa, también en aparente calma, estallará. En tercer lugar se acrecentarán las contradicciones entre las clases sociales, pudiéndose profundizar en la pérdida de hegemonía por parte de las estructuras de dominación de la burguesía. En cuarto lugar la contradicción entre socialismo y barbarie alcanzará un nuevo punto álgido.

 

3. La situación en Hegoalde: la rendición política no pone fin a la lucha de clases, aunque la pueda contener temporalmente

Sabido es que el conflicto social no puede detenerse en ningún sentido: no se pueden detener las contradicciones del capitalismo; ni se puede detener la Historia, aunque se decrete su final. La lucha de clases es intrínseca a la sociedad burguesa, cuyos antagonismos no desaparecen aunque puedan ser amortiguados. Los pactos sociales, comprados por el capital para frenar la lucha de clases, tienen fecha de caducidad.

La descomposición programada de la izquierda abertzale no es un factor casual: se corresponde con el desarrollo de las fuerzas materiales que pugnaban en su seno mismo y que, finalizada la lucha armada –elemento de distorsión de las fuerzas internas-, han desembocado en la hegemonía de las posiciones que subordinan los elementos de la realidad material a una supuesta lucha por la independencia. Las posiciones marxistas que tenían lugar en su seno han sido, definitivamente, derrotadas, al imponerse la prevalencia de la ideología –la superestructura- sobre la impugnación del modo de producción –la infraestructura-.

La existencia de varias organizaciones, como la nuestra, muestra el fracaso del movimiento revolucionario en Euskal Herria, que ni siquiera es capaz, hoy por hoy, de tener una organización con significativa presencia y capacidad de influir en la lucha de clases.

Pero la estrategia Sortu es una estrategia limitada: limitada porque tiene lugar en una coyuntura en la que la burguesía necesita, objetivamente, aumentar las tasas de explotación sobre la clase trabajadora. Cada poco tiempo desde los medios de comunicación los voceros del capital señalan que la crisis ha finalizado, que se va a crecer en el Estado español o en Euskal Herria por encima del dos por ciento. Y sin embargo la realidad es que las condiciones de vida del pueblo son cada vez peores, y la conflictividad social, pese a carecer de referente político, lejos de disminuir comienza a repuntar tras el letargo de los años 2015 y 2016.

La evolución del paro en Euskal Herria, al que se suman unos índices cada vez mayores de pobreza, prostitución y consumo de heroína, enfrentan la realidad que nos quieren hacer creer: la situación en Euskal Herria es cada día peor. No es distinta la situación en el Estado español. Peor aún es Grecia.

El punto de partida de Euskal Herria, con un importante tejido industrial, al menos relativo frente a otras realidades socio-económicas, ha evitado que la crisis haya erosionado la sociedad de la forma en la que lo ha hecho más allá de nuestras fronteras, así como la posición en la cadena imperialista del Estado español ha evitado la degradación del bloque popular a los niveles de degradación de Grecia. Pero todo eso llegará: el índice de endeudamiento así como distintos indicadores económicos muestran que las condiciones materiales de la vida de la clase trabajadora en Euskal Herria van a empeorar durante los próximos meses… y el hecho de que la crisis, en Euskal Herria, tampoco puede resolverse dentro del marco de la sociedad burguesa y su modo de producción.

Han pasado diez años y la destrucción del empleo no ha vuelto aún a niveles anteriores a 2008, ni aún teniendo en cuenta las miles de personas, hijas e hijos de la clase trabajadora –clase que es la que sufre de forma más descarnada la crisis- que han abandonado el país. Sólo la organización y la movilización popular, en un proyecto por el socialismo, puede traer esperanzas al pueblo vasco. Ni la independencia –porque no nos encontramos ante un problema propio del Estado español- ni los pactos a los que puedan llegar PNV o Sortu con el Estado español van a poder disminuir la presión del capital y sus necesidades sobre la clase trabajadora vasca, aunque, coyunturalmente, y con unas buenas campañas de propaganda puedan desorientar a la clase trabajadora. Antes o después la realidad material se impondrá sobre las ilusiones.

 

4. Apuntes para una estrategia en Euskal Herria: nada es posible sin organización de clase

La reconversión de la izquierda abertzale a una organización reformista más, incrustada dentro del entramado institucional burgués es el hecho más significativo que pone fin a todo un ciclo de luchas y movilización en torno a la lucha por la independencia como principal eje gravitacional.

La realidad constata que es el factor de clase el factor determinante de las luchas sociales. En la medida en que la reivindicación del socialismo e incluso el cambio del vocabulario –perdiendo términos como pueblo trabajador vasco-, denotan el progresivo deterioro de las posiciones de clase en la izquierda abertzale que ha acabado, no podía ser de otra forma, por renunciar a los principios, puesto que la burguesía, disfrazada de independentista, de patriota, de europeísta, de militarista o de pacifista, la burguesía, se ponga el disfraz que se ponga, no deja de ser burguesía y de buscar, por un camino u otro, la reproducción ampliada del capital y su tasa de beneficio.

Con todo, en el seno de la izquierda abertzale confluían muchas sensibilidades, mucha experiencia. Todo ello no se puede destruir por decreto: el capital humano de la izquierda abertzale no se ha evaporado, pero es necesaria una organización capaz de construir un movimiento clasista –no sometido a la pequeña burguesía y que tenga como objetivo inequívoco el socialismo y la defensa incondicional de los intereses materiales de la clase trabajadora- puesto que, sin organización, se acabará perdiendo.

Esa es, hoy, la tarea a la que las/os revolucionarias/os nos enfrentamos en Euskal Herria: ser capaces de construir una organización de clase que ponga fin a la dispersión del patrimonio humano de la izquierda abertzale, que es el patrimonio no de quien quiere adentrarse en las instituciones del Estado y renunciar a la movilización y a la lucha popular, sino del pueblo en su histórica lucha por la emancipación.

Si no nos equivocamos en nuestro análisis la clase trabajadora volverá a las calles empujada por las condiciones de vida que impone la necesidad del capital. ¿Pero qué ocurrirá entonces? Sin organización la clase trabajadora no tiene elemento que oponer a la represión; sin organización la clase trabajadora no puede evitar los embistes del capital; sin organización la clase trabajadora no puede conquistar el poder político. Cuando se dice aquello de que “sólo el pueblo salva al pueblo” la verdad queda a medias: evidentemente, sólo el pueblo, en tanto clase trabajadora, puede salvarse a sí mismo. No será la burguesía quien salve al pueblo. Sin embargo, en la ecuación falta un segundo elemento: “sólo el pueblo organizado salva al pueblo”. Sin organización la clase trabajadora, subordinada en la realidad social y material a la burguesía no tiene nada que oponer frente al poder del estado y su violencia y represión. Y es claro que, siendo fundamental la organización, ni siquiera esta es garantía de ningún tipo y en ningún ámbito para la clase trabajadora: su construcción, desarrollo y dialéctica con las masas deben ser cuidadosamente planificadas, desarrolladas y evaluadas.

En este contexto de crisis orgánica del capital también se limita la posibilidad de alianzas. Este es un elemento esencial para poder desarrollar la lucha política en la actualidad: toda aquella estrategia que no tenga como objetivo la toma del poder por parte de la clase trabajadora rompe la unidad de la misma y abre la posibilidad de la movilización reaccionaria de las mismas; al tiempo que genera falsas ilusiones a la clase trabajadora y le promete un camino más fácil: en la actual coyuntura la agudización de las contradicciones crecientes del capital deja a la clase trabajadora sin alianzas posibles con el capital no monopolista, cuya tendencia histórica es a la desaparición o a preparar el terreno al fascismo para mantener su posición privilegiada.

Además, el proyecto de Sortu delimita el terreno de quienes se sitúan en el campo de la revolución y de quienes se sitúan en el campo del reformismo y la claudación. Y no es sólo Sortu: es la posición con respecto a Sortu la que está definiendo a una buena parte de la izquierda abertzale, caracterizada por su indefinición.

 

5. A modo de conclusión

Desde ciertos ámbitos que se reclaman herederos de la izquierda abertzale se llama a reconstruir la propia izquierda abertzale. Son incapaces de observar que son causas materiales las que dirimen el destino de las organizaciones. Por eso, porque analizábamos las cuestiones materiales, sabíamos que el papel de Syriza era el de la claudicación frente al capitalismo; por eso sabemos que ese, y no otro, es el papel de Podemos y de Izquierda Unida; por eso sabemos que ese, también, es el papel de Sortu. El desenlace de la izquierda abertzale no podía ser otro puesto que otro desenlace hubiese requerido otra realidad material: sostener lo contrario es caer en el idealismo. Quienes quieren volver a las viejas ideas, vencidas por la realidad, para decir que se pueden llevar a cabo de distinta forma es dar vueltas cual ratoncillo en una ruedecilla: así pueden pasar los siglos y los siglos, y es que no es una cuestión de ideas, sino de las fuerzas que están detrás de ellas.

Sostener, de igual manera, que nuestra organización, ya construida, mediante la expansión de sus ideas puede llevar a cabo la revolución es caer en el idealismo. Y esto es muy importante y hay que tenerlo en cuenta a la hora de militar. No son las ideas las que cambian la sociedad, sino las contradicciones objetivas que tienen lugar en su seno. Esto no invalida la necesidad de la organización, que es el elemento determinante para que se pueda llevar a cabo la revolución: lo único que hacemos con esta reflexión es acotar el terreno de la lucha de clases y el papel de las organizaciones en el mismo. Si no señalásemos esta cuestión podríamos caer en distintas desviaciones –idealistas aunque las disfrazásemos de sesudo marxismo, o movimentistas aunque las disfrazásemos de necesidad de organizar el movimiento en las calles- así como en la desesperanza al contemplar cómo, efectivamente, no son las ideas las que mueven el mundo, sino que el mundo es un reflejo de las ideas aunque estas últimas también contribuyan a la construcción del mismo.

Evidentemente, una organización con presencia social puede incidir en el movimiento: pero son las crisis orgánicas del capital los periodos, junto a otros momentos históricos excepcionales, los que abren la posibilidad de la crisis revolucionaria. Puede haber crisis sin organización, pero la clase trabajadora no la podrá dirigir en defensa de sus intereses y, en última instancia, no la podrá utilizar para hacerse con el poder: puede haber crisis sin organización, pero no crisis revolucionaria.

Construyamos, llevemos a cabo, la organización de nuestra clase: organicémonos como clase trabajadora, dotémonos del instrumento para la toma del poder, de la herramienta para la lucha de clases. De momento la Historia nos ha concedido diez años antes de implosionar: no sabemos cuánto tiempo más tenemos antes de que cambie, de forma dramática e irreversible, nuestra cotidianidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HERRITAR BATASUNA-RI BURUZ

hg1 copiaHERRITAR BATASUNA-ren (HB) aurkezpen publikoaren eta esandako ekimenak bere oinarri orokorrak eta helburuak definitzen dituen dokumentu baten aurrean, Herri Gorri-k hurrengo balorazioa helarazten du.

1.- Euskal Herrian Herri Batasun baten sorrera, honek ezkerreko erakunde, kolektibo eta joerak biltzen dituelarik, beharrezkotzat eta positibotzat jotzen dugu. Herri Gorri, kolektibo komunista den legez, Herri Batasunak edo Herri Fronteak gizarte eraldaketarako bloke soziopolitikoak izatera hel daitezkeela uste du, zeinetan mugimendu komunistak esperientzia eta tradizio historikoak dituen.

2.- HERRI GORRIn, HERRITAR BATASUNAren aurkezpen dokumentuaren edukiak analizatu ostean, ondorio batera heldu gara, delarik hautatutako izenaz bestalde, guk Herri Batasun bat bezala ulertzen dugunetik luze aldentzen dela. Dokumentuaren oinarri ideologiko-politikoek Ezker Abertzale bat berreraikitzeko saiakera batera daramate duda barik, abertzaletasun iraultzailearen ildoari jarraituz. Guztiz legitimotzat eta positibotzat jotzen dugu, publikoki anitzetan agerrarazi dugun moduan.

3.- Gure ikuspegitik, paraleloki gauzatzen diren Euskal Herriko mugimendu komunistaren eta Ezker Abertzale sozialista baten berreraikitze prozesuek ez dute zertan kontraesankorrak izan behar egun gauden inguruabarrean. Izatez, Herri Batasun batean eremuan, prozesu biek helburu taktikoak zein estrategikoak partekatzera hel daitezke eta aurrera jotze sozialista baten markoa Euskal Herrian ezarri.

4.- HERRITAR BATASUNAren aurkezpen dokumentuaren helburu orokorrek Herri Gorrin bat egiten ez dugun  «baldintzarik gabeko» independentzia bati eusten diote. Gainera, ildo independentista horren legitimotasun historiko, politiko, ideologiko eta «diplomatikoa» Nafarroako Erresuman bilatzeak, atzerakoi bezala har genezakeen atzera pauso bezala agertzen da, Euskal Herria klase borrokaren marko bezala ezarri ordez, zeinetan Euskal Herri Langile-Proletalgoak bere klase independentzia emantzipazio sozialistarako beharrezkoa duen, «unibertsalean ezarritako patu batua» bezala ezartzen dela dirudielarik.

5.- Nafarroako Erresuma euskal gizarteak lortutako barne garapenaren erakusle nagusitzat jotzea, historiaren faltsutzea ez ezik, gizarte aurre-kapitalista, feudal eta zapaltzaile bat utopia atzerakoi nazionalista bat da, eta Nafarroa Osoaren berreraikitzea Errekonkistaren mailako planteamendu epiko bat. Nafarroako Erresumak «nazio identitate» bat zeukala baieztatzea faltsua da, kapitalismoarekin bakarrik sortzen baita nazioaren izaera modernoa. Are okerrago, «kolonialismoa», Euskal Herria ezaugarritzeko nazionalismoak erabilitako errekurtso ideologikoa, Nafarroako Erreinuaren konkistatik hona ezartzen da, baieztaezina den oker teoriko oso larrian eroriz. «Jatorrizko euskal askatasun» bat izatekotan, dudatan jartzen dugun zerbait delarik, Nafarroako Erreinuaren aurretiko garapen maila batean izango zitekeen, zeinetan nekazari liskartiak urkatuak ziren…

6.- «Nazio eta klase kontzientziaren» errekurtsoa, indar batzearen bektore gisara, Euskal Herri Langile-Proletalgoaren errealitatea ukatzen du, non nazio identitate ezberdinak agertzen diren. Azken honi buruz Herri Gorrik bere iritzia askotan helarazi du. Halere, ekimen honetan marxismoa eta nazionalismoa uztartu zituen V. Asanblada historikoa baino aurrekoagoko analisi elementuak agertzen dira, eta abertzaletasun iraultzailetik urrun dauden erdi-arokotasun epiko baterako atzera pausoa ematen da.

SOBRE HERRITAR BATASUNA

hg1 copiaAnte la presentación pública de HERRITAR BATASUNA (HB) y la existencia de un documento en la que dicha iniciativa define sus principios generales y sus objetivos, en Herri Gorri deseamos realizar una valoración general.

1.-Consideramos que la creación de una Unidad Popular en Euskal Herria, como instrumento de acumulación de fuerzas progresistas y democráticas, integrada por diferentes organizaciones, colectivos y tendencias del ámbito de la izquierda, es algo positivo y necesario. Herri Gorri, como colectivo comunista, considera que las Unidades Populares, o Frentes Populares, pueden llegar a constituir bloques sociopolíticos de transformación social, en los que el movimiento comunista posee una experiencia                                                               y una tradición histórica.

2.- En HERRI GORRI, tras analizar los contenidos del documento de presentación de HERRITAR BATASUNA, llegamos a una conclusión, y es que salvo en el nombre elegido, dista bastante de lo que entendemos debe ser una Unidad Popular. Los principios ideológico-políticos del documento conducen inequívocamente a un intento de reconstruir una Izquierda Abertzale, en la línea del abertzalismo revolucionario, lo que nos parece legítimo e incluso positivo, tal y como hemos manifestado públicamente en numerosas ocasiones.

3.-Desde nuestra perspectiva, la reconstrucción del movimiento comunista en Euskal Herria y la de una Izquierda Abertzale socialista, son procesos que aún desarrollándose de manera paralela, no tienen por qué ser antagónicos en el contexto y la coyuntura que nos encontramos. De hecho, sería precisamente, en el ámbito de una Unidad Popular en el que ambos procesos pudieran llegar a compartir objetivos tácticos e incluso estratégicos y establecer un marco de avance socialista en Euskal Herria.

4.- Los principios generales del documento de presentación de HERRITAR BATASUNA, insisten en un independentismo “incondicional” que en HERRI GORRI no compartimos. Además, la búsqueda en el Reino de Navarra, de una legitimidad histórica, política, ideológica, e incluso “diplomática”, que fundamente una línea independentista, aparece como una involución que podríamos calificar de reaccionaria, pareciendo identificar Euskal Herria más como “unidad de destino en lo universal”, que como un marco de lucha de clases, en el que el Pueblo Trabajador-Proletariado Vasco precise de su independencia de clase, como requisito de su emancipación socialista.

5.-Representar al Reino de Navarra como “máxima expresión del desarrollo interno alcanzado por la sociedad vasca”, implica falsear la historia y convertir una sociedad pre-capitalista, feudal y opresora, en una utopía reaccionaria nacionalista, y la “reconstrucción de la Navarra Entera”, un planteamiento equiparable al de la épica de la Reconquista. Afirmar que el Reino de Navarra, contenía una “identidad nacional”, es simple y llanamente falso, pues sólo con el capitalismo, surgen las naciones en su sentido moderno. Peor aún, el “colonialismo”, como recurso ideológico del nacionalismo para caracterizar a Euskal Herria, se lleva hasta la época de la conquista del Reino de Navarra, lo que constituye un error teórico de base de tal magnitud, que poco más se puede comentar. De existir una supuesta “libertad primigenia vasca”, algo que sinceramente dudamos, sería un estadio previo al de un Reino de Navarra en el que se ahorcaba a los campesinos revoltosos…

6.- El recurso a la “conciencia nacional y de clase”, como vector de acumulación de fuerzas, niega la realidad del Pueblo Trabajador-Proletariado Vasco con identidades nacionales diferenciadas, algo sobre lo que ya nos hemos posicionado en HERRI GORRI, en diversas ocasiones. No obstante, consideramos que en esta iniciativa, existen elementos de análisis previos a la histórica Vª Asamblea, en la que el nacionalismo y el marxismo tomaron contacto, y se recupera un medievalismo épico alejado del abertzalismo revolucionario.